Un espacio de 'dulce'

Un espacio de 'dulce'

Pepa García
PEPA GARCÍA

Cuando Francisco Celdrán, último propietario de las salinas, falleció, en 1972, comenzó la decadencia y abandono de las Salinas de Marchamalo. Se lo han contado los vecinos de la zona a Paloma de Andrés, que recuerdan cómo entre los años 60 y 70 Tomás Maestre desecó El Vivero para ganarle terreno al mar y también cómo la rada salinera, en el puerto de Cabo de Palos, era el eje de la actividad, desde donde se embarcaba la sal, por medio de barcazas, a grandes naves para su transporte.

Lo de este espacio en el que el hombre y la naturaleza han establecido una relación simbiótica que ha beneficiado durante siglos a ambos es el cuento de nunca acabar. «Entre 1997 y 2004, la Comunidad firmó un convenio con Mariano Roca y Alfonso García, dueños de parte de los terrenos -el 40% es de Demarcación de Costas y otra parte de la familia Celdrán- y titulares de la concesión de explotación, por el que se comprometían a mantener las salinas en activo a cambio de subvenciones». Sin embargo, se vieron obligados a devolver cuatro años de ayudas -nadie comprende por qué no todos- por incumplir el acuerdo.

En 2011, el Ministerio invirtió 236.000 euros en la adecuación de las instalaciones para favorecer su conservación -un dinero tirado puesto que hoy se encuentran totalmente degradadas- y Costas le retiró la concesión salinera a la empresa de ambos en 2012. En 2013, la Comunidad puso en marcha un proyecto para garantizar los aportes de agua para conservar el ecosistema, su fauna y flora, pero en 2016 Anse denunció la práctica desecación de las balsas. Ese mismo año, la Asamblea aprobó por unanimidad una iniciativa para recuperar este espacio, pero nada se hizo.

Ahora, valiente, Paloma de Andrés propone que se recupere también El Vivero, «una bolsa de terreno de dulce, pues está en primera línea de playa», advierte de la amenaza el director del proyecto Félix Santiuste, una acción que incrementaría aún más el valor ambiental de la zona y también la producción de la futura salinera, e impediría un desarrollo urbanístico que acabe de estropear el paisaje. E incluso, De Andrés propone la creación de dos 'ecoductos' que conecten por encima de la autovía los espacios naturales de Las Amoladeras, Calblanque y Marchamalo, usando, para construir las rampas, la tierra que se extraiga en la recuperación de El Vivero.

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