La equitación se reinventa en El Valle

Una manada de caballos juega en la pista de la Fundación Centauro Quirón./Vicente Vicéns / AGM
Una manada de caballos juega en la pista de la Fundación Centauro Quirón. / Vicente Vicéns / AGM

Más de una treintena de caballos rescatados o adoptados por la fundación Centauro Quirón viven libres de ataduras en plena sierra de Murcia. Una decena de ellos dan clases y trabajan en terapias con los humanos para mantener a todos los demás

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

Depredadores y presas. Esa es la única división posible para la psicología ecuestre. Estos majestuosos animales son capaces de interpretar el lenguaje corporal de cada humano y meterlos en un grupo u otro en función de sus intenciones, incluso si son inconscientes. Por eso se acercarán sin tapujos a conocer a las personas que sitúen en su misma categoría y se alejarán de aquellas que perciban como una amenaza para ellos. Pero las presas también pueden domar a las presas. Al menos así lo ha demostrado la Fundación Centauro Quirón, en cuyas instalaciones ecuestres de El Valle habitan 32 caballos, burros y ponis rescatados o adoptados, a los que han garantizado una vida sin dolor. «Eso a lo que algunos llaman arte ecuestre es un sistema estancado en la dominancia. Para la equitación tradicional, la única vía posible para que un caballo responda es hacerle daño, y el único premio que se le da a cambio es dejar de hacerle daño. Nosotros estamos en contra de ese funcionamiento. Aquí no concebimos el castigo como forma de aprendizaje. Creemos firmemente que la agresividad empieza cuando acaba el conocimiento, por eso siempre realizamos un adiestramiento en positivo, y cuando no funciona, seguimos aprendiendo fórmulas e indagando para poder hacerlo mejor», explica Pedro Ferrer, coordinador y fundador de Centauro Quirón.

Hace muchos años que Ferrer se enamoró de los caballos en uno de los trabajos temporales de su juventud: «Mi labor era limpiar las cuadras de una hípica y en cuanto los vi, me fascinaron. Pero estaban encerrados en cuadras y atados con cadenas, para que defecasen siempre en la misma esquina. Aquello me horrorizó. Fue entonces cuando supe que quería dedicarme a darles una vida mejor». Los caballos que llegan a Centauro Quirón viven en prados cercados y separados por manadas. Solo tienen herrajes aquellos que trabajan y no todos están domados. Algunos días, las familias de cuadrúpedos salen a correr en la pista central de las instalaciones. Es entonces cuando juegan entre ellos, retozan y disfrutan de toda la libertad que pueden tener en cautiverio.

En base a la filosofía de Centauro Quirón, todos los alumnos de su escuela de equitación aprenden la monta al estilo 'bitless bridle', una práctica que consiste en guiar al caballo tan solo con las riendas y con una cabezada que prescinde de la embocadura de hierro en la boca del animal. A pesar de la ética que aplican en Centauro Quirón, el pensamiento de Ferrer va más allá: «Si soy completamente sincero, yo creo que a ningún caballo le gusta que lo monten, pero es cierto que sin las clases de equitación nos sería muy difícil mantenernos». Tras casi veinte años trabajando con caballos, la empresa de Ferrer se ha convertido en un edén ecuestre al que van a parar animales cedidos por sus dueños originales «porque no pueden seguir haciéndose cargo de ellos»; o procedentes de rescates judiciales, como los cinco potros que llegaron al centro tras la 'operación Jinete', en la que el Seprona incautó 39 caballos en estado de desnutrición extrema a una explotación ecuestre de Mula.

«La equitación tradicional se ha estancado en un sistema que solo hace daño a los animales» Ser padrino de un caballo de Centauro Quirón otorga la exclusividad del animal por unos 100 euros al mes

Un paraíso sin plazas

El primer rescate de Centauro Quirón se produjo en 2006, cuando todavía la entidad no se había constituido como fundación y se mantenía solo como cooperativa. Su nombre era 'Morfeo', un caballo blanco que llegó de una hípica tras recibir una llamada anónima. «Ya no servía para montar y lo enviaban al matadero. Cuando fuimos a por él, ya lo habían subido al camión. Hablamos con la empresa y allí mismo se lo compramos por 200 euros, que era un poco más de lo que habían pagado por él». De no ser por Ferrer, el destino de 'Morfeo' habría sido convertirse en pienso para perros. Sin embargo, vivió once años más en Centauro Quirón, donde trabajó en las terapias con animales destinadas a niños, discapacitados intelectuales, mayores y mujeres víctimas de violencia de género que realiza la fundación: «Su trabajo era dejarse cepillar, peinar y, en ocasiones, los niños lo pintaban de colores. Vivió como un rey hasta que falleció de un paro cardíaco».

Tan solo diez de los caballos de la fundación trabajan en las terapias y en las clases que se imparten en Centauro Quirón. Con el dinero que ganan en sus actividades, la fundación compra heno y pienso y hace frente al coste de los gastos veterinarios que generan todos los cuadrúpedos que habitan allí. «No nos lucramos del trabajo de los caballos porque pensamos que lo justo es que el dinero que ganen sea para ellos. Aquí trabajan los que pueden, los que no, simplemente viven con nosotros». En este paraíso equino se han inventado espacio para corrales hasta en el último metro cuadrado disponible, «pero ya hemos llegado a nuestro límite de capacidad y no podemos rescatar ni adoptar ningún caballo más», asegura Ferrer mientras acaricia el cuello de 'Secreto', su favorito. «Tenía siete años cuando nos lo trajimos porque nadie lo quería y también iba para la carne. Era un caballo desertor, que es como llaman a los que no logran domar. 'Secreto' era muy fuerte, dominante y agresivo, porque era miedoso y se defendía, desconfiaba de todo. Así que lo compré por menos de 500 euros y empecé a trabajar con él, pero no permitía que nadie lo montara. Un día se nos ocurrió meterlo en las terapias, y le encantaron. Aquello le cambió el chip por completo y se convirtió en un caballo líder. Es el claro ejemplo de una relación entre humano y animal en la que no hay ninguna dominancia. Es un caballo que no funciona con castigos ni dolor, y además, como le hagas algo que no le gusta, se enfada. Eso sí, cuando ve que hay terapias, hasta se pone nervioso porque se nota que quiere participar. Creo que es el único caballo del mundo al que le gusta su trabajo. 'Secreto' me ayuda mucho a pensar que las relaciones con cualquier ser vivo no deberían ser forzadas. Para mí es más que un caballo, es casi como un hermano, ¡y cuando nos tenemos que pelear, nos peleamos!», ríe Pedro.

Equinos apadrinados

En el centro ecuestre El Valle no aceptan el pupilaje, «porque no tenemos espacio y porque supondría que los dueños pueden hacer lo que quieran con sus caballos y, para no aceptar mis normas, que se vayan a otro lado». Lo que sí han puesto en marcha es el padrinazgo, una fórmula que permite a los usuarios disfrutar de la exclusividad de un único caballo por unos cien euros mensuales «que se destinan al mantenimiento básico del animal, del veterinario se sigue haciendo cargo la fundación. De esta forma, además, también favorecemos que se cree un vínculo entre el caballo y el padrino o madrina, que es algo positivo para ambos», explica Ferrer.

Además de esta fuente de ingresos y de los que genera la escuela ecuestre, Centauro Quirón también programa rutas por El Valle y ha lanzado la campaña de microdonaciones 'Una zanahoria para Pandora', en la que 30 personas ya destinan un euro al mes para los caballos de la fundación. Las ganancias reales las aporta la cooperativa, a través de la que se realizan cursos de adiestramiento canino, de zoología y terapias con perros, también adoptados.

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