A mediados de los pasados años ochenta el Instituto Español de Oceanografía realizó un programa de investigación multidisplicinar sobre el Mar Menor. Una de las facetas estudiada fue la dinámica: con especial hincapié en los procesos de intercambio de aguas entre mares y en el campo de masas lagunar. La vigencia actual de aquel estudio, dada la invariabilidad temporal de los procesos físicos envueltos, y la relevancia de las colecciones de datos obtenidas entonces sirven de base para la elaboración de este artículo y, ello, ante la problemática del deterioro actual del Mar Menor debido al fenómeno de eutrofización.

El estudio permitió establecer que la dinámica del Mar Menor presenta un doble carácter: marítimo y continental. El carácter marítimo está generado por agentes meteorológicos: la presión atmosférica (actuando a escalas de tiempo que van desde varios días hasta pocos meses) y, en menor medida, el viento; y por agentes astronómicos: las mareas (cuyas escalas se extienden desde las pocas horas hasta los dos días). Su carácter continental viene forzado por la salinidad de la masa de agua lagunar, siendo temporalmente cuasi-estacionario. Aunque ambas dinámicas se superponen, solo consideraremos el carácter continental de la dinámica, ya que es el que establece el sistema circulatorio interno de la laguna.

El agua mediterránea que penetra en el Mar Menor (forzada por la dinámica marina) ocupa los primeros centímetros de la columna, al ser de menor densidad que la lagunar, y se expande por toda la superficie de la lámina acuosa, de modo que el nivel del mar sea el mismo en cualquier punto del Mar Menor; esto es, que sea superficie equipotencial.

El fenómeno de la evaporación, que conlleva pérdida de masa y calor hacia la atmósfera, deposita las sales del agua evaporada, de modo que se va incrementando gradualmente su concentración en la columna de agua, la cual adquiere, en principio, una distribución vertical estratificada (que se alterará por la acción homogeneizadora del viento).

Debido al mayor tiempo de residencia del agua en la subcuenca sur (por ser de mayores dimensiones y estar más alejada de El Estacio y, por tanto, menos ventilada que en la subcuenca norte), hay una diferencia zonal de la salinidad o gradiente salino y, por tanto, de presión, de sur a norte, que fuerza el desplazamiento de la masa de agua en el sentido referido. Desde luego, la necesaria evacuación de este flujo sur/norte se realiza principalmente a través de El Estacio, pero por mecanismos principalmente marítimos que se escapan a la intención de este artículo.

De esta manera, la laguna se comporta como una gran célula salina, de ciclo anual, con agua fluyendo superficialmente hacia el sur y agua fluyendo sub-superficialmente en sentido contrario. Son estas estructuras las que configuran el sistema circulatorio cuasi-estacionario del Mar Menor. Sobre este régimen salino, que fluctúa estacionalmente, incide, naturalmente, el fenómeno continental de las precipitaciones, escorrentías y acuíferos de la zona.

La existencia de este sistema circulatorio junto con la fisiografía del Mar Menor debieran hacer reflexionar sobre la conveniencia de realizar dragados y abrir en su totalidad el canal de Marchamalo, ya que la primera consecuencia de tal actuación podría ser la partición de la célula salina en dos subcélulas, separadas por el arco que forman las islas Barón y Perdiguera. Una, al norte, que estaría subordinada al canal de El Estacio, y, otra, al sur, gobernada por el canal de Marchamalo. Además, se produciría en ambas subcélulas una disminución de 'potencia', esto es, de la dinámica asociada al contenido salino que, en último caso, dependería de la envergadura de la obra civil a realizar.

A efectos mayores, podría ocurrir que la minoración de la cantidad de sal hiciese desaparecer, o casi, la dinámica continental, perdiendo la laguna su identidad de célula hipersalina; en este caso, el Mar Menor se comportaría como un apéndice del Mediterráneo, sujeto exclusivamente a la dinámica marítima. Como referencia, cabe señalar que, tras la apertura de El Estacio en los pasados años setenta, la salinidad del Mar Menor cayó desde las 53 a las 45 partes por mil, aproximadamente; siendo la del Mediterráneo adyacente a la laguna del orden de las 38 partes por mil.

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