Se buscan voluntarios

Un grupo de voluntarios participa en una de las rutas guiadas por Caramucel a los puntos de agua restaurados en la Sierra de La Pila. / CARAMUCEL

Los espacios protegidos recurren a asociaciones locales para implicar a la población del entorno en la conservación y difusión de sus valores ambientales

Pepa García
PEPA GARCÍA

Sembrar el germen del asociacionismo y que cunda el ejemplo entre los vecinos para que participen como voluntarios en actividades de conservación de los espacios protegidos es el objetivo de los responsables de la Oficina de Impulso Socioeconómico del Medio Ambiente (Oisma). Convencidos de que conocer los valores ambientales de los espacios naturales cercanos es clave para preocuparse por su cuidado y contribuir a su conservación, los técnicos responsables de la conservación de los espacios naturales protegidos de la Región, ya sean Red Natura 2000 o parques regionales, trabajan en promover la colaboración de asociaciones de ámbito muy local y muy conectados con la población cercana al espacio natural para animarles a sumarse y crear así una red de voluntarios potente. Esta táctica está funcionando ya muy bien en los parques de Calblanque y Sierra Espuña, y ahora pretenden que se extienda por la Región como si de una gota de aceite se tratara.

Este es el caso de la Zona de Especial Conservación (ZEC) Sierra de la Muela, en donde la Oisma ha recurrido a la asociación Descubriendo Moratalla para realizar un muestreo de las especies asociadas al cauce del río Alhárabe y de las invasoras. Un trabajo de campo que, además del estudio de la fauna y flora riparia de este cauce, lleva aparejada la difusión y divulgación de la biodiversidad y valores ambientales del espacio, la formación de los voluntarios para que participen en los muestreos y la elaboración de un informe final que permitirá a los responsables de esta zona protegida, entre otras cuestiones, poner en marcha medidas que limiten las amenazas detectadas y potencien las fortalezas.

Precisamente, cuentan desde la Oisma, las zonas del Noroeste, el Altiplano y el Alto Guadalentín son territorios muy extensos con poca población y la colaboración de sus habitantes y usuarios se convierte en imprescindible para complementar las labores de vigilancia que no alcanzan a realizar los técnicos medioambientales de cada zona. «Hay que conseguir una madurez social suficiente para que la gente se involucre en temas medioambientales importantes de manera cotidiana, no solo cuando ocurre una catástrofe», pretenden. Además, la dramática situación por la que atraviesa el Mar Menor obliga a los responsables de otros parques regionales y espacios protegidos a aguzar el ingenio para hacer frente a la focalización de inversiones que suponen las actuaciones en el Mar Menor.

Escuelas de piragüismo, asociaciones de amas de casa o de fútbol son algunas de las agrupaciones a las que los técnicos de conservación tratan de implicar en estas tareas y a las que esperan sumar otras de carácter conservacionista como Stipa (Jumilla), Anida (Yecla) y Caralluma (Caravaca), entre otras muchas. «No se trata de renunciar al trabajo de asociaciones conservacionistas bien implantadas, como Ecologistas en Acción o Columbares, sino de sumar otras en zonas muy rurales», puntualizan los técnicos.

Meticulosidad y predisposición

Frente al trabajo profesional de asesorías técnicas a las que se contratan trabajos, los técnicos de conservación valoran la «meticulosidad y predisposición» de colectivos como Descubriendo Moratalla o Caramucel (en la zona de La Pila y el Valle de Ricote) que, aunque quizá no tienen capacidad para abordar proyectos de gran envergadura, si pueden realizar pequeños proyectos con mucha calidad. Además, estas asociaciones cumplen otra función: ampliar el conocimiento de todos los valores que atesoran los espacios naturales protegidos, «poco estudiados», apuntan como una de las prioridades para luego poder poner en marcha proyectos y medidas concretas.

El trabajo de Caramucel en la Sierra de la Pila es, junto al de Descubriendo Moratalla en la ZEC Sierra de la Muela, un ejemplo paradigmático. Allí, la asociación y el grupo de voluntarios que ha movilizado han inventariado 40 puntos de agua, que han restaurado y adecuado para evitar que sean puntos negros para la fauna y lograr que se conviertan en nuevos refugios para los anfibios. Igualmente, su intenso trabajo de campo ha permitido constatar la presencia de hasta cinco especies de anfibios, que también crían en el parque: sapo corredor, sapillo moteado, sapo partero común, sapo común y rana común, de algunas de las cuales no se conocía su presencia en La Pila. Además, cuenta Héctor Quijada, de Caramucel, «se ha conseguido entablar una muy buena relación con las sociedades de cazadores de Abarán y Fortuna, con los que colaboramos para mantener los bebederos cinegéticos con agua en la época de cría de los anfibios, por ejemplo».

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