Ángeles Castillo: «Estamos plastificando todo, incluso la forma de relacionarnos entre nosotros»

La escritora muleña Ángeles Castillo junto a un almendro en flor en el Campo del Cagitán./M. Bueso
La escritora muleña Ángeles Castillo junto a un almendro en flor en el Campo del Cagitán. / M. Bueso

«Tenemos una riqueza y una variedad natural extraordinarias que no podemos permitir que se deterioren», opina la escritora muleña

Juan Ruiz Palacios
JUAN RUIZ PALACIOS

Acaba de recibir el premio del XV Concurso de Narrativa Femenina Princesa Galiana por su obra 'Un olivo entre trigales', una novela cuya trama se desarrolla en los entornos rurales de la Región. Porque Ángeles Castillo (Mula, 1971), escritora y técnico en prevención de riesgos laborales, es de las que piensan que «todos vivimos en la naturaleza y formamos parte de ella». Esta apasionada de los deportes de montaña confiesa que «no me hace gracia encontrar restos de señalizaciones utilizadas para ciertas competiciones deportivas».

-¿Cuál fue su primer contacto con la naturaleza?

-El día en que nací. Creo que fue con mi primera bocanada de aire, aunque tal vez comenzara nueve meses antes. Soy de las personas que piensan que vivimos en la naturaleza y que formamos parte de ella. No nos trasladamos a ningún lugar para visitarla ni podemos entrar ni salir de ella, formamos un todo. Por eso debemos ser respetuosos con lo que nos rodea. El medio ambiente tiene sus propios medios para preservarse, y no podemos imponer los nuestros a toda costa. Es necesario tener una visión global del entorno y sentirnos parte de él para disfrutarlo y cuidarlo como es debido.

Actividades en el medio natural: «Hay que regularlas mejor para proteger el medio y garantizar su disfrute futuro»

Relación con la naturaleza: «Es necesario tener una visión global del entorno y sentirnos parte de él para disfrutarlo y cuidarlo»

Para una región más sostenible: «Debemos exigir políticas de prevención, protección y reparación efectivas, justas e imparciales, basadas en las necesidades reales»

-Acaba de ganar el premio del XV Concurso de Narrativa Femenina Princesa Galiana por 'Un olivo entre trigales'. ¿Encuentra en el medio ambiente una fuente de inspiración?

-Sí. La novela está ambientada en el mundo rural, en la forma de vida de las gentes de la Región a mediados del siglo XIX, cuando la estrecha relación entre el hombre y la tierra era vital para la subsistencia. Cuando no dependíamos de agentes extraños como un reloj, un calendario y una agenda que nos llevaran estresados. Una época en la que los tiempos se medían por la altura del sol, las fases de la luna o el momento preciso del cuidado de la tierra. Nada era de usar y tirar. Es una pena que estemos perdiendo esa conciencia de la interdependencia que nos une a la naturaleza. Estamos plastificando todo, incluso la forma de relacionarnos entre nosotros. Y hace falta más reflexión. En los momentos en que conseguimos evadirnos de todos esos condicionantes y recuperar un poco nuestra esencia, disfrutando de esa interconexión, vivimos experiencias inolvidables.

-¿Intenta influir en la sociedad?

-Intento que no se olvide un pasado relativamente reciente que, debido al vertiginoso avance de la ciencia, a nuestros jóvenes les suena a prehistórico. Otras formas de vivir y de relacionarse con la naturaleza de las que debe quedar constancia para tener una visión más completa de nuestra realidad. Describo el disfrute que supone para los sentidos la observación de los fenómenos y paisajes naturales.

-Es aficionada al senderismo. ¿Cree que el deporte es compatible con el medio ambiente?

-Una forma ideal para cuidarse es disfrutar del deporte en zonas naturales con las que hemos perdido el contacto. Pero hay que evitar las visitas masificadas a ciertas zonas que merecen protección e intentar no dejar evidencias de nuestro paso. Es penoso pasear por algunos lugares y encontrar todo tipo de desechos que contaminan los entornos. Tampoco me hace gracia encontrar restos de señalizaciones de competiciones deportivas. Lo ideal sería que todo quedara igual al marcharnos.

-¿Piensa que se deberían regular mejor ese tipo de actividades?

-Sí, tanto para proteger el medio como para garantizar que se pueda seguir haciendo deporte. Si no se regula correctamente como prevención, corremos el riesgo de que dentro de unos años esté vetado transitar por zonas naturales que hoy frecuentamos y otras quedarán tan dañadas que no se parecerán en nada a lo que son ahora. ¡Sería una pena!

-¿Qué opina sobre el estado de conservación de la Región de Murcia?

-No soy una experta, pero creo que tenemos una riqueza y una variedad extraordinarias que no podemos permitir que se deterioren. Siempre es posible hacer algo más por mejorar y hay que trabajar en este sentido.

-¿Qué opinión le merece la situación que atraviesa el Mar Menor?

-Observé apenada y preocupada la trágica situación de las aguas del Mar Menor hace dos veranos. Es una zona única, con una riqueza especial que hemos sobreexplotado y que no hemos protegido lo suficiente. Son muchos los intereses afectados por este problema y pienso que hay que llegar a un acuerdo entre todos para resolverlo. Si dejamos morir la laguna, perderemos todos. El ejercicio de consenso que requieren las actuaciones para salvar la laguna entre todos los estamentos afectados debería ser un ejemplo a seguir y es una necesidad imperiosa.

-¿Somos conscientes del patrimonio natural que atesora la Región?

-Creo que no. Ni natural ni cultural. Tendemos a visitar otras zonas de fuera y a valorarlas más, pero pienso que se debe al propio desconocimiento.

-¿Qué hace para ser más sostenible?

-Procuro respetar y trasmitir a mis hijos la regla de las tres 'r': reducir, reciclar y reutilizar. Intento ser crítica con la sociedad de consumo en la que estamos inmersos, que nos induce a consumir y desechar sin freno. También procuro consumir cada vez más productos de producción ecológica y, a ser posible, que sean de nuestra región, ya que así se reduce el impacto sobre el medio ambiente. Cada individuo tiene que asumir su responsabilidad en esta materia con una doble vertiente: por un lado, ser conscientes de nuestros actos y aportar nuestro granito de arena; por otro, exigir políticas de prevención, protección y reparación efectivas, justas e imparciales, y que estén basadas en las necesidades reales de sostenibilidad que suelen ser contrarias a las de las grandes multinacionales.

«El Campo del Cagitán te atrapa con su embrujo»

«Tenemos una región increíble, con muchísimos lugares maravillosos en los que entrar en contacto con el medio ambiente. A mí me tiene enamorada la zona del Campo del Cagitán. He visitado últimamente mucho estos parajes para documentar mi novela y siempre descubro algo nuevo. Es una extensa planicie del norte de Mula, cuyos límites naturales son el Quípar, el Almorchón de Cieza y la Sierra de Ricote. Es un lugar que te atrapa con su embrujo y parece trasladarte a otra época. Me impresionan sus colores, sus olores e incluso sus formas con el paso de las estaciones. Y brinda la oportunidad de experimentar nuevas sensaciones», cuenta sobre este paraje la escritora muleña.

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