La Verdad

La oportunidad entre la ciudad y el territorio

  • A comienzos de este año el Pleno del Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz aprobó iniciar los trámites para proteger las alamedas de entrada al núcleo urbano y a la pedanía de Barranda

A comienzos de este año el Pleno del Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz aprobó iniciar los trámites para proteger las alamedas de entrada al núcleo urbano y a la pedanía de Barranda. Estos conjuntos arbóreos recibían al viajero y le acompañaban hasta el interior de la población. Incluso cuando todos comenzamos a desplazarnos en coche, las alamedas nos anunciaban que el largo camino por carretera había terminado. Sin embargo, en el presente siglo, el gran desarrollo de las infraestructuras de comunicación ha transformado nuestra forma de relacionarnos con el territorio. Nos desplazamos fuera de nuestra ciudad cada vez a mayor velocidad, más veces y más lejos. A lo largo de las nuevas vías, mucho menos acogedoras que las alamedas, se dispersaron edificios industriales, centros comerciales, urbanizaciones de viviendas o casas aisladas.

En este cambio de la relación de la ciudad con el territorio, los espacios de transición entre ambos lugares han perdido gran parte de su identidad. La ilusión de la necesidad de que la ciudad creciese como una mancha de aceite (cada vez más licuado para que se extendiese más rápido) ha dejado los bordes urbanos llenos de espacios abandonados o en espera y fragmentados por las vías de comunicación.

En nuestra comunidad, no obstante, estos bordes inacabados pueden, si miramos al futuro, ser excelentes oportunidades para reconciliar la vida urbana actual con su entorno territorial. Abandonando el modelo de crecimiento urbano infinito en cualquier dirección, se pueden configurar áreas que establezcan la transición entre la ciudad y su entorno con la misma amabilidad que lo hicieron las alamedas. El ejemplo del anillo verde de espacios naturales en torno a Vitoria-Gasteiz es, sin duda, un ejemplo envidiable de este tipo de actuaciones dentro del país. Las políticas europeas destinadas a alcanzar el modelo de desarrollo urbano sostenible se orientan también en el mismo sentido, con la implantación de las infraestructuras verdes (sistemas conectados de espacios naturales como proveedores de servicios ambientales y urbanos) en la ordenación territorial.

Desde el punto de vista ambiental, suavizar esta transición mejoraría la conexión entre los distintos ecosistemas y crearía franjas de atenuación del impacto de la actividad humana concentrada en las ciudades. Por su parte, los entornos urbanos se podrían beneficiar de la creación de espacios libres de gran calidad ambiental. Sería una oportunidad de revitalizar los barrios periféricos, peligrosamente homogéneos, y otras áreas de borde de las ciudades, a veces sus propios cascos históricos.

La singular presencia de suelos agrícolas tradicionales en el entorno de muchas de las poblaciones de la Región refuerza la necesidad de definir la transición de la ciudad hacia las huertas para conservar tanto su valor cultural-patrimonial como para preservar el preciado suelo fértil. Si bien el pequeño parcelario de estos entornos ha fomentado su ocupación por viviendas y otros usos, la abundancia de trazas y preexistencias (caminos, molinos, acequias, arboledas, caseríos, etc.) deberían ser integradas en el diseño de los bordes facilitando la integración de los tejidos urbanos con los agrícolas.

El actual momento es idóneo para replantearnos un futuro en el que hagamos un uso más equilibrado del territorio creando una ciudad más habitable. Una oportunidad para volver a estar acogidos en la transición entre las ciudades y sus entornos.