La Verdad

Los servicios ecosistémicos de los bosques maduros

A la izquierda, madera de pino muerto en bosque maduro. Sobre estas líneas, un hongo crece sobre un tronco en descomposición.
A la izquierda, madera de pino muerto en bosque maduro. Sobre estas líneas, un hongo crece sobre un tronco en descomposición.

Especialmente importante para la preservación de la riqueza biodiversa del territorio son los bosques maduros. Más del 30% de estos 'bosquetes' varias veces centenarios están incluidos en la Red Natura 2000. Una malla de espacios protegidos y corredores que los conectan y que incluyen la mayoría de los mejores ecosistemas de la Región tratan de impedir que las arboledas maduras que aún resisten en la Comunidad sean islas de biodiversidad. Estos reductos arbóreos, entre los que destacan más de 1.500 individuos de árboles singulares que, en su día, se libraron de la corta por estar inaccesibles, son fundamentales por «las singulares condiciones ecológicas asociadas, donde aparecen una gran cantidad de hábitats y microambientes, y que ha generado la alta biodiversidad de organismos asociados a ellos», explica Félix Carrillo.

De hecho, la existencia en ellos de líquenes, algas y musgos, lianas o madreselvas, hongos e incluso especies animales como los ciervos volantes, pájaros carpinteros, rapaces nocturnas y muchas especies de murciélagos que precisan para vivir la madera vieja y muerta que acumulan estas arboledas varias veces centenarias, son cobijo de multitud de especies. Pero, además, «estos bosques son hogar de hongos bastante raros, como las barbas de León, de la que se extraen compuestos anticancerígenos», aclara el biólogo Félix Carrillo, quien explica que la presencia de varios niveles de vegetación en la estructura de estos bosques los convierte en especialmente eficientes en la captura de carbono y la producción de oxígeno, lo que hace de ellos una herramienta útil para combatir el amenazante cambio climático.