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Murteda de las Murtas. Formación arbustiva de 'Myrtus communis' ubicada en Moratalla. / Félix Carrillo

Al rescate de los nodos de biodiversidad

  • Medio Ambiente delimita y valora las mejores formaciones forestales, arbóreas y arbustivas, para protegerlas y conservarlas de cara al cambio de escenario climático

La Oficina de Impulso Socieconómico del Medio Ambiente (Oisma) ha puesto en marcha un nuevo proyecto para seleccionar, delimitar y valorar las mejores áreas forestales, tanto arbóreas como arbustivas, con el fin de conservar y proteger los nodos singulares de biodiversidad. Este trabajo, que Medio Ambiente ha contratado a Latizal, SL, es «solo la primera fase» de una iniciativa con la que la Consejería pretende ampliar las arboledas protegidas con la aprobación de la Ley de Patrimonio Arbóreo Monumental en octubre pasado.

Con motivo del Día Internacional de los Bosques, que se celebra hoy desde que lo aprobó en 2012 la Asamblea de Naciones Unidas, visitamos con el responsable de Flora de Medio Ambiente, Rafael Díaz, y el biólogo Félix Carrillo, encargado del proyecto, uno de estos bosques singulares para comprender la importancia de conservar estas áreas forestales en un territorio que es zona límite de distribución, tanto por el Norte como por el Sur, de muchas especies.

En general el Sureste peninsular, pero en particular la Región de Murcia, son puntos calientes de biodiversidad que han servido durante los grandes cambios climáticos del planeta como reservorio de especies que, tras las glaciaciones y los calentamientos, se han vuelto a expandir. Ponen como ejemplo el robledal del Hortillo, en Lorca, una arboleda de 'Quercus faginea' que se extiende a lo largo de la rambla del mismo nombre, favorecida por los suelos silíceos que, cuando las precipitaciones son escasas, mejoran la presencia de la especie, pues retienen la humedad. «Su preservación tiene especial importancia de cara al cambio climático, ya que han resistido y se han adaptado al proceso de aridificación del territorio, que comenzó hace unos 5.000 años, en el Holoceno medio, un proceso que coincide con la aparición de la agricultura en el Mediterráneo occidental», explica Carrillo, y añade: «Al ser zona de tránsito, esta y otras arboledas pueden tener un valor genético añadido, la resistencia a las condiciones que están por venir. Si en algún sitio están los genes capaces de resistir el golpe del cambio climático, es aquí», asegura contundente Carrillo.

En esta fase del proyecto, la Oisma seleccionará unas ochenta áreas forestales -incluidas las 16 definidas en la Ley de Patrimonio Arbóreo Monumental-, que delimitará, además de valorar su estado y proponer medidas para mejorar su adaptación al calentamiento global y favorecer su conservación. Así, en el quejigal del Hortillo, ejemplares de más de un siglo y medio de vida que tradicionalmente han sido carboneados, la especie se ha adaptado a condiciones de mayor xericidad (aridez) y termicidad (calidez) de su óptimo, dando lugar a formaciones con una diversidad muy peculiar. «La Oisma, con los criterios de su singularidad en la provincia biogeográfica Murciano-Almeriense, que sean bosques maduros -en los que se produce el ciclo completo, desde la germinación hasta la descomposición y la posterior regeneración- y que se encuentren más desprotegidos, considera que preservar las mejores zonas forestales es una obligación para con las generaciones venideras», explican. Pero aclaran que, al seleccionar estas áreas forestales, buscan especialmente la heterogeneidad de especies, que es lo que hace más valioso un ecosistema.

La situación de los arces ('Acer granatense') de la Región es aún más grave que la de los quejigos, ya que según los modelos realizados, se considera su desaparición total entre 2071-2100. Por ello, las arboledas de esta especie que todavía existen en la Región engrosarán la lista de áreas forestales a proteger. Así, entre las medidas que la Oisma podrá poner en práctica para preservar «los bosques de las dos únicas especies caducifolias de la Región fuera de los bosques de ribera, se incluirá el limitar la competencia de los pinos carrascos ('halepensis') para evitar que acaben comiéndose a las otras especies».

Igual trascendencia tiene para Medio Ambiente preservar las áreas forestales del Ciprés de Cartagena ('Tetraclinis articulata'), ya que, según los modelos científicos, es la especie arbórea autóctona que más aguanta la aridez -«después de esto no hay árboles», ilustran- y «si el clima se aridifica, puede ganar». Lo mismo ocurre con los azufaifos ('Ziziphus jujuba'), de los que existían grandes bosques en la Región y que «han sufrido mucho impacto por la agricultura intensiva y solo están aquí en toda Europa. Son hábitat prioritario», comenta.

Los pinares de pino laricio ('Pinus nigra') de la zona Norte de Cara-vaca y de las sierras moratalleras de Villafuerte y Sierra Seca son otras de las arboledas más que centenarias que se proponen conservar con mayor contundencia, pero no solo, también se protegerá con especial atención formaciones aisladas de sabina borde, saucedas de sarga blanca, bojedas, palmerales, madroñales y carrascales.

Otros de los ecosistemas característicos del Sureste peninsular son los ecosistemas salinos, en los que la dulcificación de las aguas de las ramblas, fruto de las filtraciones provenientes de la agricultura intensiva, están empobreciendo estos hábitats. «Acaba predominando el taray ('Tamarix canariensis') y se pierden numerosas especies que, tradicionalmente, han servido para depurar las aguas de estas mismas ramblas», así como para combatir sus procesos erosivos. Por este motivo, entre las zonas forestales que la Oisma propondrá proteger se encuentran áreas arbóreas como el tarayal del Ajauque, en el que predomina la especie 'Tamarix boveana'.

Pese a que la tendencia, desde 1990, es a que la superficie forestal arbolada crezca a una media anual del 2,19% en España, muy por encima de la media europea (0,51%), y el mayor incremento relativo de la superficie forestal entre 1975 y 2009 corresponde a la Región, las condiciones climáticas especialmente duras de nuestro territorio obligan a los responsables de Medio Ambiente a tomar todas las medidas a su alcance para tratar de evitar la desertificación del territorio por los episodios prolongados de sequía y las lluvias torrenciales, limitando la degradación de las zonas forestales que en los últimos años se han producido, sobre todo en los abundantes lentiscares y coscojares. Un sotobosque que también es refugio de abundante vida animal.