Rayos globulares en Caravaca

Hace 6 años, Francisco Fernández García, historiador y archivero de Caravaca, sorprendió gratamente a los aficionados a la meteorología, entre los que me encuentro, con un artículo histórico cuyo tema principal es uno de los fenómenos de la atmósfera más fascinantes y misteriosos, aún sin explicación científica, el rayo globular.

Comenta Francisco un documento que actualmente se encuentra en la British Library de Londres, copia de un acta del 8 de noviembre de 1591, con una investigación realizada por Pedro de las Cuevas, gobernador y justicia mayor de Caravaca, para intentar aclarar el extraño suceso ocurrido el día anterior, durante el trascurso de una colosal tormenta desencadenada a partir de las cinco de la tarde, que ocasionó el colapso de varias casas y la muerte de algunos vecinos. A pesar de la tragedia, lo que realmente llamó la atención fue la aparición de varias luces flotando sobre la Capilla del Conjuratorio del Castillo, que describe un testigo de esta forma: «Avia um bulto casi çerca tan grande y del tamaño de un sombrero pequeño de resplandor que casi se beyan las tejas del tejado y que se auian estado mirandolo casi çerca deun quarto deora».

Se tomó declaración a siete testigos, entre ellos un escribano y su mujer, el capellán e incluso tres agricultores que vieron estas luces desde Santa Inés, a unos dos kilómetros del Castillo. Naturalmente, concluyeron que se trataba de algo sobrenatural.

Existen miles de testimonios por todo el mundo describiendo bolas de luz que aparecen flotando en el aire durante o después de tormentas eléctricas. A este fenómeno se le ha dado el nombre de rayo globular, rayo en bola, esfera luminosa y, popularmente, centellas. Han sido observadas en reposo, en movimiento lento, casi siempre cerca del suelo, aunque también apareció una en el pasillo de un avión de pasajeros, saliendo del mar, dentro de las casas, etc. En muchos testimonios coinciden algunas características comunes: diámetro de 20 a 50 cm, luminosidad no excesiva, forma más o menos esférica y tiempo de permanencia que no suele superar los pocos segundos, tras los cuales desaparecen, a veces con un gran ruido e incluso ocasionando daños personales o materiales.

La ciencia aún no ha encontrado una explicación a los rayos globulares, ya que las propiedades físicas que parecen tener son contradictorias con las explicaciones más plausibles, en particular el hecho de que no tengan una temperatura elevada, por lo que se ha especulado con diversas teorías: plasmas de átomos o moléculas ionizadas, campos electromagnéticos, vaporización de elementos del suelo, fenómenos de mecánica cuántica e, incluso, hay una teoría que afirma que podrían ser agujeros negros microscópicos. El mayor avance científico en el estudio de este fenómeno se produjo en 2012, cuando un grupo de científicos chinos registraron con un espectrógrafo un rayo globular de forma fortuita mientras investigaban una tormenta eléctrica. El análisis de los datos parece confirmar que se originó por la oxidación de átomos de silicio vaporizado al caer el rayo al suelo, aunque la investigación no es del todo concluyente.

Hace dos meses, Diego Marín Ruiz de Assín, historiador medievalista caravaqueño, a quien pregunté por la fuente original del artículo de Francisco, me remitió a la obra de Martín de Cuenca Fernández 'Historia Sagrada de la Santísima Cruz de Caravaca', publicada en 1722. Un vistazo rápido al índice me hizo encontrar lo que buscaba, una referencia a la aparición de cuatro luces sobre el castillo. La fecha venía indicada, 30 de julio de 1713. Confundido, atribuí la discrepancia de fechas a un fallo de memoria. Ya en casa, la confusión dio paso a la sorpresa. En esta obra venían documentadas hasta cuatro ocasiones en las que se habían visto estas misteriosas luces en días de tormenta sobre el conjuratorio: 7 de noviembre de 1591, 18 de septiembre de 1705, 30 de julio de 1713 y, 14 días más tarde, el 13 de agosto de ese año. Los testimonios que se aportan son consistentes con la descripción general del rayo globular. Su tamaño, comportamiento, luminosidad, incluso dan dos datos característicos más, un zumbido extraño, a veces como el sonido de una bandera ondeando al viento, y un olor muy particular que se transmite a la atmósfera circundante y parece ser una combinación entre ozono troposférico y óxido nitroso.

Un único dato no es concordante. Mientras que la mayoría de los testimonios indican que el fenómeno apenas dura unos segundos, en la tormenta de 1591 las luces fueron vistas durante dos horas y media, en 1705 tres cuartos de hora, algo más de una hora en julio de 1713 y más de media hora el 13 de agosto. Estas duraciones tan absolutamente excepcionales plantean nuevas incógnitas. Por una parte, podrían hacernos dudar de su veracidad, aunque en mi opinión es inverosímil que se trate de un montaje. Está documentada una gran crecida del río Segura el mismo 7 de noviembre de 1591 por fuentes independientes. Se realizó una investigación con testigos que dieron testimonios coherentes. Más bien parece que la extrema persistencia de los rayos globulares en Caravaca ha sido la razón por la que aquí se han documentado, ya que permitió que muchas personas los contemplaran y que fuesen vistos como algo más que un suceso raro puntual, que probablemente habría sido olvidado sin más. Aunque mi búsqueda no ha sido exhaustiva, yo no he encontrado referencia alguna a otro lugar concreto donde repetidamente hayan sido observados estos fenómenos como en Caravaca. Es más, la tormenta de 1591 es probablemente el primer caso documentado a nivel mundial, puesto que hasta ahora el que se citaba como más antiguo ocurrió el 21 de octubre de 1638 en el suroeste de Inglaterra, durante 'La Gran Tormenta Eléctrica'.

Huyendo de interpretaciones esotéricas y religiosas, en las que no voy a entrar, lo más probable es que en los próximos años aumente significativamente el conocimiento de estos fenómenos y quizás podamos dar alguna explicación a la singular aparición histórica de rayos globulares en Caravaca.

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