La Verdad

Agricultura circular, el futuro sostenible del sector

  • En un contexto climático tendente a una aridez cada vez más creciente, el recurso agua se agota

Cuando el sector agrícola de nuestra región apostó por la innovación, hace ya tres décadas, se convirtió en el principal motor de desarrollo de la Región. Los ingenieros agrónomos formados en nuestras escuelas (de gran prestigio según los países de nuestro entorno) se esforzaron por aplicar las nuevas tecnologías resultantes de la investigación y la innovación generada en nuestras universidades y otros centros de investigación públicos (Cebas, Imida), en el marco de una economía lineal: tomar recursos, hacer productos y desechar residuos. Pero, los recursos no son ilimitados y su uso puede generar residuos que no podemos verter al medio. De hecho, en un contexto climático tendente a una aridez cada vez más creciente, el recurso agua se agota.

Hoy en día el trasvase Tajo-Segura no puede suministrar los recursos hídricos que suministraba hace tan solo unos pocos años y hay que agudizar el ingenio para usar eficientemente este elemento tan preciado. Este contexto ha hecho que se imponga otro modelo de economía: la economía circular, que pretende conseguir que los productos, componentes y recursos en general mantengan su utilidad y valor en todo momento o, lo que es lo mismo, que los productos no generen residuos sino nuevos productos.

Si algo he aprendido de los ecosistemas naturales estresados (por incendios, por salinidad extrema, etc.) es que, ante grandes perturbaciones, las especies inventan nuevas soluciones adaptativas que permiten que la vida siga su curso. Del mismo modo, he podido comprobar cómo la confluencia de los factores de diversa índole que en el último año han acosado y estresado a la agricultura del Campo de Cartagena (escasez de agua, producción de salmueras ante la necesidad de usar agua de pozos para riego, presión de determinados grupos sociales e incluso de la propia Administración) han disparado toda una serie de resortes imaginativos para dar con una solución (o varias) al problema que la asfixia actualmente.

En apenas un mes de contactos y reuniones con investigadores y empresas públicas y privadas como director de la Cátedra de Agricultura Sostenible, que los agricultores del Campo de Cartagena han decidido crear con la UPCT, ya detectamos varias soluciones realistas para acabar con los nitratos de las salmueras o, incluso, para acabar definitivamente con las salmueras a través de tratamientos que las convierten en productos con valor de mercado. Es decir, transformamos el residuo en bien mercantil. Esta es la filosofía de la economía circular, principal pilar de la sostenibilidad.

Quizás podamos permitirnos estresar de vez en cuando al sector agrícola, que ha demostrado sobradamente en las últimas décadas su gran capacidad de adaptación a las necesarias y estrictas exigencias medioambientales de la Unión Europea (sobre todo, si las comparamos con las exigencias medioambientales de países de los que importamos productos mucho más baratos, sin dar mayor importancia a su modo de producción); probablemente consigamos que agudice su ingenio y logre un progreso sostenible aún mayor del alcanzado hasta ahora, pero démosle un poco de oxígeno.

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