La Verdad

Cinco mujeres se ocupan, en 1987, de poner morera a los gusanos de seda para que vayan creciendo y formen capullos saludables.
Cinco mujeres se ocupan, en 1987, de poner morera a los gusanos de seda para que vayan creciendo y formen capullos saludables. / Juan Leal

La huella de la seda, un futuro hilado al pasado

  • En el 125 aniversario de la creación de la Estación Sericícola de Murcia, la aplicación de los productos extraídos del 'gusano' en biomedicina y cosmética se convierten en tabla para rescatar un saber ancestral

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Lo reconoce sin paliativos Jorge Alejandro Eiroa, profesor de Historia Medieval de la Universidad de Murcia y comisario de la exposición 'Seda. Historias pendientes de un hilo' que el Museo Arqueológico de Murcia (MAM) inaugurará a mediados de marzo dentro de las actividades para conmemorar su décimo aniversario, así como que se cumplen 125 años de la creación de la Estación Sercícola de Murcia, referente tecnológico de la seda en España: «Queda poca huella de la seda en Murcia». Y lo confirma Felipe González, ingeniero técnico agrícola de la estación jubilado, nonagenario miembro de la asociación dedicada a la divulgación y conservación del gusano de seda y todo lo relacionado con su cría Sericis, e hijo de uno de los últimos directores de la Estación, gracias a la que en Murcia la cría del gusano de la seda y la cosecha de la seda o sericicultura sobrevivió hasta los años 70 pese a la epidemia de la pebrina, convirtiendo la Región en el último bastión de esta producción en España. La aparición de las fibras textiles sintéticas y concretamente del nailon acabaron por hundir lo que había sido un boyante sector productivo desde la Edad Media, especialmente pujante en el siglo XVII y XVIII, y una fuente de recursos imprescindible para los huertanos de Murcia. «Prácticamente no queda nada. La seda, en 1976, desapareció por motivos puramente económicos, era más barato importarla de Asia que producirla aquí. Y ya quedamos pocos que sepamos cómo era el proceso completo, desde la cría del gusano hasta la extracción de la fibroína», se lamenta González, que ha visto como han ido desapareciendo los últimos vestigios de esta importante y valorada actividad artesanal y comercial, incluida la de una quincena de criadores que, gracias a una subvención que desapareció hace 2 años, en su mayoría han acabado por cejar en el empeño.

La Murcia barroca, en deuda

Aclara Jorge Eiroa que la riqueza de la Murcia barroca no se puede concebir sin el impacto que la seda tuvo en la Región y asegura que la cría y el uso de la seda llegó con la conquista islámica, pues hay constancia documental de la existencia de los primeros talleres oficiales en el siglo IX y X, así como fuentes escritas sobre la producción de una seda muy valorada en los siglos XII-XIII, que se especializa, organiza y regula a partir del siglo XV y se sustituye la hoja de moral por la de morera como alimento. «En 1480 hay una petición para una plantación de un moreral en el barrio de San Andrés, así como pregones para controlar el robo de hoja de morera», detalla el profesor de Historia Medieval de la UMU, que señala estas fechas como el despegue del cultivo de la seda, cuya culminación se alcanza en el siglo XVII y XVIII.

Producto típico murciano

También recuerda Eiroa que la hijuela, un producto típico de Murcia que se utilizaba en la elaboración de sedales para la pesca -«se producía con las glándulas de la seda del gusano», aclara González- y que tuvo bastante fama en EE UU -«hay un número de National Geographic de los años 50 o 60 dedicado a su producción en la Murcia de entonces», detalla Eiroa-, además de exportarse a Inglaterra o Dinamarca. «La hijuela, que se pagaba muy bien y sostenían las campanas de la Catedral, tiene una resistencia a la roturasimilar a la del acero», comenta González.

Las moreras, seña de identidad de la Huerta de Murcia durante siglos -«entre la Contraparada y Beniel había 100.000 tahúllas de moreral y cada una de estas tahúllas de riego tenían, obligatoriamente, entre 10 y 12 moreras», detalla Felipe González para dar una idea de la drástica reducción de ese cultivo-, y los gusanos de seda amenazan con desaparecer, solo los últimos avances científicos parecen haberse convertido en su tabla de salvación, la que está ligada a la biomedicina y a la industria cosmética. «Moreras sí que quedan, una colección fantástica, y los gusanos son ahora un popurrí, ya no quedan razas», afirma González, que recuerda que llegaron a traerse algunas de Japón, porque el mercado comenzó a demandar seda blanca, «nuestras razas producían amarilla», y un capullo daba unos 1.500 metros de hilo de seda, mientras que los locales alcanzaban hasta 700 metros.

Precisamente el grupo de Biotecnología del Imida, que lidera José Luis Cenis, trabaja en la cría de diversas razas de gusano de seda, escogiendo aquellos con mejores características para los usos actuales, y que ahora son capaces de criar durante todo el año con una alimentción a base de hoja de morera deshidratada, suplementada con harina de soja, germen de trigo y otros microelementos. Una técnica que, junto a la cría en cámaras que mantienen la humedad y temperatura óptima, ha desestacionalizado la cría del gusano de seda.

50 variedades de morera

Efectivamente, más de 50 variedades de morera conserva la colección del Imida, que ocupa el espacio de La Alberca en el que estuvo albergada la Estación Sericícola desde 1872 hasta 1976. «Las hay en los jardines del Imida, pero también en colecciones científicas en bancos de semillas», cuenta Jesús García Bruntón, responsable del Banco de Germoplasma del Imida, cuyos estudios se esfuerzan en caracterizar cada una de las especies: con o sin frutos, de qué colores son los frutos o si son tempranas o tardías, las propiedades alimenticias o cuáles favorecen más el crecimiento del gusano o la producción de seda de mejor calidad, por poner algunos ejemplos. «Es la mejor colección a nivel de España y de Europa», dice orgulloso García Bruntón. Y añade González, que muchas variedades se trajeron de Japón para hacer una segunda crianza del gusano en otoño. Precisamente en este punto incide Jesús García, defiende que la ampllia variedad de moreras de la Región, aunque cada vez escasean más por campos, huertas y jardines regionales, se debe a la cría del gusano de seda que, advierte González, no es un gusano, «¡es un insecto lepidóptero!».

Para García Bruntón, es imprescindible conservar las variedades, un reservorio genético que supone un alternativa de mejora y una garantía de resistencia ante la posible aparición de enfermedades o plagas, además de una necesidad para evitar la erosión genética.

A estas razones alude también Huerta Viva, que propuso al Ayuntamiento de Murcia que el Huerto de los Claveles, el que enlazará el cruce de las Cuatro Piedras del Malecón con el Segura, se reforeste con las distintas variedades de moreras que conserva el Imida. Reconoce García Bruntón que técnicos municipales se dirigieron al Imida para interesarse por esta cuestión, «pero no se ha realizado aún ninguna petición formal» y se lamenta de que desde provincias tan lejanas como León o Burgos se han dirigido al Imida para pedir variedades de morera, mientras que en Murcia «son pocas las peticiones». Y apunta Felipe González, que la Sericícola llegó a repartir gratis 50.000 moreras al año y que se llevaron 11 variedades a Colombia «porque allí realizan 8 o 9 cosechas de seda al año».

También los nuevos usos de las moreras han devuelto el interés de los agricultores por su cultivo, que se emplea en la obtención de fruta para mermeladas, la extracción de subproductos, tanto de la corteza como de la raíz, y las posibles aplicaciones en Medicina y Farmacia. Además, el rápido crecimiento de la morera y la calidad de su madera la convierte en idónea para la fabricación de aparatos y herramientas de precisión, y para la fabricación de toneles de maduración. Sin olvidar que las hojas de morera se utilizaron durante siglos como forraje para la alimentación del ganado.

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