El pequeño comercio resiste con sus propias armas

Clientas observan un establecimiento de calzado situado en una calle comercial de Cartagena. /J. M. RODRÍGUEZ / AGM
Clientas observan un establecimiento de calzado situado en una calle comercial de Cartagena. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM

Las tiendas minoristas optan por los centros urbanos de la Región en un intento de mantener activa la vida en las calles

BENITO MAESTRE.Murcia

El pequeño comercio aún late con fuerza en barrios, municipios y centros urbanos. De esto se encargan autónomos y empresarios locales, quienes levantan la persiana de sus negocios cada mañana en un intento por mantener activa la vida en las calles. Con una oferta heterogénea: ultramarinos, panaderías, boutiques, zapaterías, joyerías, informática... unas son tiendas familiares, esas que pasan de padres a hijos, y otras nacen con ideas originales. Y todas comparten superficie comercial con grandes cadenas y franquicias, un caballo de batalla con más medios y recursos que compite en otra liga.

La presidenta de la Asociación de Comerciantes de Murcia Centro, Begoña Dávalos, se muestra partidaria de la convivencia de ambos modelos (el tradicional y los gigantes), ya que las marcas de renombre «son un reclamo para los clientes». También actúan como efecto llamada para otros proyectos y, al mismo tiempo, revalorizan la zona. Pero, a su juicio, no todo vale: «Las firmas 'low cost' no nos favorecen». A fin de cuentas, unas complementan y otras avivan la competencia, que sirve para mejorar la propia experiencia empresarial.

Por su encanto, prestigio y tráfico diario de clientes, el centro urbano es la 'milla de oro' para los comerciantes, que ven la zona como un objeto de deseo porque les garantiza una mayor visibilidad. La Región puede presumir de calles comerciales llenas de movimiento y equipadas con todo tipo de establecimientos. Una radiografía por algunos municipios confirma la existencia del comercio de proximidad: Puerta de Murcia en Cartagena, Platería y Trapería en Murcia, Corredera en Lorca o Mayor en Alcantarilla son espacios con vida propia, lo que asegura un ir y venir constante de potenciales compradores, un indicador que incrementa el interés de apostar por ellas.

«El consumo se ha reactivado con un ligero repunte. En 2017 ya notamos la mejoría», sostiene Dávalos, quien adelanta que su asociación estudia la puesta en marcha de un portal web que agrupe a todos los negocios adheridos para posicionarlos en los resultados de búsqueda de internet. Inicialmente se prevé que entre en funcionamiento este año.

El comercio tradicional, el de toda la vida, basa su supervivencia en «la antigüedad, la cartera de clientes, el prestigio, los ahorros, la capacidad de respuesta rápida, la constancia y el esfuerzo», enumera la gerente del Centro Comercial Abierto de Cartagena, Chiru Graña. A toro pasado, este modelo de proximidad ha sabido reponerse de los envites de los años duros de la crisis, que ha actuado como filtro para separar el grano de la paja. «Al principio hubo una oleada de parados que invirtieron la prestación por desempleo en montar un negocio en el sector que habían trabajado: moda, calzado... Han aguantado muy poquitos, porque era una apuesta arriesgada», narra Chiru Graña.

De los casos de éxito, destaca Pequeña Moma, una marca de moda y complementos que ha sabido ganarse su bastión en la Región a base de variedad, originalidad y calidad de los artículos. El proyecto surgió en 2013 en el casco histórico de Cartagena como un negocio de complementos para niños, y actualmente cuenta con seis nuevos puntos de venta (más tienda 'online') donde además ofrece una amplia y cuidada selección de propuestas para todos los públicos, desde vestidos de mujer hasta camisas de hombre, pasando por decoración de hogar.

El actual escenario para los negocios del Centro Comercial Abierto se enfrenta, según la gerente, a dos frentes: las pocas plazas de aparcamiento gratuito y el 'boom' de la hostelería. Esto es, ha crecido el interés de los empresarios por abrir más bares y restaurantes, aprovechando la buena salud del turismo de cruceros. «Se trata de un empuje fuerte y sano que obliga a ponerse las pilas», asegura Graña, quien alerta de que «hay demasiado café todos». Para las tiendas minoristas, la gran afluencia del canal de restauración es, en líneas generales, un lastre. «Si vienes al centro con el perfil de ocio, no quieres ir cargado con las bolsas», razona la responsable de la asociación.

A esto se suma la influencia de las grandes cadenas y la preferencia de los clientes por los centros comerciales a la hora de ir de compras, en detrimento de las calles urbanas. Entre los motivos para decantarse por las grandes superficies, destacan la variedad en la oferta comercial y la conveniencia espacial, principalmente para los jóvenes (hasta 25 años) y adultos (entre 26 y 65 años). Mientras, las personas mayores de 65 años se decantan por las tiendas de la ciudad porque dispensan una atención más personalizada.

El alquiler es un factor determinante a la hora de establecer la ubicación de un negocio, puesto que la disponibilidad de espacio en las mejores calles es limitada y el precio puede dar vértigo. Por esto, son pocos los minoristas que pueden afrontar los costes de esos locales, lo que obliga al resto a instalarse en vías algo alejadas del meollo. «Con los precios tan altos, hay formatos empresariales que se pierden. Una tienda de bisutería tiene que vender más artículos que una de ropa y calzado para obtener los mismos beneficios, porque todos sabemos que los productos guardados en el almacén no dan ganancias», explica Graña.

Las grandes marcas de moda, franquicias y entidades financieras ocupan gran parte de las zonas 'prime', que presentan una imagen más cuidada, segura e incluso con algunas calles peatonales. Esto, unido al fin de las rentas antiguas, ha favorecido la renovación completa del tejido comercial, que llega a pagar, por ejemplo, unos 6.000 euros mensualmente por un local en la calle Puerta de Murcia de Cartagena.

Barcelona y Madrid tienen las calles comerciales con el precio más alto por metro cuadrado de España. Portal de l'Àngel, de la ciudad Condal, encabeza la lista con 3.360 euros/m2, seguida por la madrileña Preciados (3.180 euros), la barcelonesa Paseo de Gracia (3.180 euros) y Serrano de Madrid (3.000 euros), según el informe de Cushman & Wakefield.

En territorio nacional, las vías estratégicas de Málaga, Valencia y Sevilla también figuran entre las más caras. La Región, por su parte, no aparece en los primeros puestos de la clasificación, un dato para respirar medio aliviados en comparación con el precio de la calle más cara del mundo: la Quinta Avenida de Nueva York, con 33.812 euros/metro cuadrado, que rompe moldes.

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