Mario López de Ávila: «España es un país en el que el fracaso se paga caro»

Mario López de Ávila./
Mario López de Ávila.

Profesor de IE Business School

NE.Murcia

El profesor Mario López de Ávila visitó Murcia la semana pasada para intervenir en un encuentro de directivos organizado por 'La Verdad' y para impartir clases en el programa AMP de IE Business School en Murcia sobre modelos emergentes y de gestión en entornos disruptivos.

- Usted afirma que el entorno VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo) está afectando a la sociedad y a las empresas... ¿Cómo debe ser la gestión de los directivos de hoy?

-¿En una palabra? Adaptativa. Con esto no quiero decir que haya que responder a los cambios. Eso es obvio. Una gestión adaptativa requiere visión a largo plazo, al tiempo que recomienda actuar en ciclos de tiempo más cortos que a los que estamos acostumbrados. Distribuye la autoridad, garantiza la autonomía de equipos e individuos, al tiempo que reconoce la interdependencia. No solo entre áreas organizativas, sino también con clientes, proveedores y otras partes interesadas. Aconseja mantener las opciones -y la mente- abiertas y evitar errores de los que pueden barrerte del mapa, al tiempo que experimentas en múltiples direcciones. Necesita de transparencia y, por tanto, de valentía, así como de creatividad, para convertir cualquier elemento de la situación en un recurso y cualquier recurso en una oportunidad. No se trata solo de reaccionar.

«La gestión adaptativa de los directivos exige compromiso, disciplina y rigor»

- ¿Cree que los cuadros directivos españoles están preparados para liderar con esa flexibilidad?

-Preparados, no lo sé, pero sí que diría que están muy necesitados de ella (sonrisa). Algo que me gustaría recalcar es que la gestión adaptativa no consiste en la ausencia de previsión, la improvisación desvergonzada o actuar a ciegas, en una suerte de 'ensayo/error' en el que el progreso conseguido si alguno se deba más al azar que al talento. La gestión adaptativa exige compromiso, disciplina y rigor. A cambio, ofrece medios para identificar más y mejores oportunidades, responder antes, de manera más eficaz; y aprender más y mejor de nuestros aciertos y nuestros fracasos. Por encima de todo, permite enfrentarte a un mundo cada vez más revuelto sin tanto estrés, incluso con optimismo (sonrisa). Dicho esto, creo que la respuesta correcta es que la gestión adaptativa no requiere de un cambio de mentalidad, sino que supone en sí misma ese cambio. No basta con organizarse o actuar de manera diferente, hay que pensar de manera diferente.

- ¿Cree que el cambio es cada vez más rápido? ¿Qué consecuencias puede tener para un país como España si la adaptación no consigue el dinamismo que debiera?

-Creo que, como país, España se ha colocado a sí misma en una situación de fragilidad, que a mí personalmente me resulta muy preocupante. No es nada nuevo. Es algo que llevamos arrastrando décadas, aunque aprovecho para decir que, como país, no creo que hayamos aprendido nada o al menos nada bueno tampoco de esta última crisis. Piénselo por un momento. Estamos desperdiciando o perdiendo el talento de millones de jóvenes. La ciencia agoniza. Los mecanismos de protección social se desmontan. La precariedad laboral se dispara, la clase media se debilita, el país envejece. Todo eso nos hace más vulnerables ante contratiempos de toda clase. Todo eso nos hace menos resilientes. Y me temo que, en un entorno cada vez más volátil e impredecible, muchos cientos de miles de españoles sufrirán -y van a seguir sufriendo- por la falta de previsión, de conocimiento o de interés de las élites que rigen los destinos del país. Entiéndame, no es cuestión de ideologías. Hablo partiendo de la base del conocimiento disponible sobre el funcionamiento de sistemas complejos adaptativos, como lo son las sociedades humanas. Necesitamos políticas basadas en evidencias objetivas, científicas, orientadas a reforzar nuestra capacidad, como país, no sólo de sobrevivir, sino de prosperar en un mundo VUCA.

- Insiste usted en la necesidad de experimentación continua. ¿Cree que España es un país que fomenta esta práctica?

-España es un país en el que el fracaso se paga caro. A menudo he comentado que la denominada 'ley de segunda oportunidad' me parece una suerte de chiste de mal gusto. Así que no, no creo que el país fomente ese tipo de comportamiento exploratorio que está en la base de tantas iniciativas emprendedoras e innovadoras. Eso no quiere decir, afortunadamente, que no existan organizaciones e individuos que, a pesar del contexto, no lo intenten. Es solo que esas personas no se encuentran en el contexto más favorable para ello. Podemos hacer mucho para crear un entorno más seguro para innovadores de todo tipo. Pero, para ello, haría falta una clase política y empresarial capaz de pensar en términos de Estado, más allá de intereses particulares, más generosa y valiente.

- ¿Su planteamiento de dar mayor autonomía a las personas en grupos autoorganizados para la toma de decisiones puede funcionar bien en cualquier empresa o solo en aquellas modelo 'start-up' o de carácter tecnológico?

-Creo que lo de que funcione bien o mal depende de por qué, cómo y, sobre todo, del contexto en que se utilice. Cuanto 'más VUCA' el entorno -político, económico, tecnológico y/o social- de la organización, mejor funcionará frente a modelos de gestión más predictivos. Del mismo modo, dentro de una organización, cuanto 'más VUCA' el entorno de la división, área o departamento, mejor funcionará. Los directivos pueden empezar por preguntarse cómo de volátil, incierto, complejo o ambiguo es el entorno en el que opera. A partir de ahí, le animaría a hacer algún experimento (sonrisa).

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