Las escuelas de verano siguen ganando terreno

Algunas de estas escuelas de verano tienen temáticas específicas, como formación bilingüe o robótica, entre muchas otras. /FREEPIK
Algunas de estas escuelas de verano tienen temáticas específicas, como formación bilingüe o robótica, entre muchas otras. / FREEPIK

Continúa consolidándose esta iniciativa estival que fomenta la diversión y el aprendizaje de los más pequeños en un entorno lúdico

LYDIA MARTÍN.MURCIA

Los pequeños de la casa no dejan de aprender día tras día, adquiriendo nuevas enseñanzas y aprendizajes que favorecen a su desarrollo intelectual y personal. A veces esta adquisición de conocimientos no solo se produce en periodo escolar y la rutina de las aulas, sino que se hace a través de alternativas donde el aspecto lúdico resulta fundamental. En ese enfoque nacieron las escuelas de verano, una opción que fomenta la creatividad, el desarrollo y las capacidades de niños y niñas de diferentes edades en un entorno de juego y diversión.

Las escuelas de verano se han ido consolidando como la alternativa estival perfecta que cubre las necesidades de los más pequeños con un aprendizaje dinámico, y de los padres, ya que les posibilita conciliar la vida laboral y la familiar. Suelen desarrollarse entre los meses de julio y agosto y se ofrecen desde el ámbito privado y público, lanzando a la sociedad multitud de opciones. El secreto de su éxito está en la variedad de actividades que ofrecen y el valor de socialización, ya que los niños pueden relacionarse con otros alumnos y trabajar sus habilidades lingüísticas, además de mejorar sus capacidades en aspectos como la música, el deporte, las nuevas tecnologías o ciencias, entre muchos otros. A esto se le suma un valor imprescindible a nivel pedagógico para el aprendizaje: el juego.

El auge de esta iniciativa veraniega ha suscitado la puesta en marcha de numerosas opciones de ámbito local donde, dependiendo de las aptitudes de cada niño o niña, los padres pueden elegir la opción que más se le ajuste y hacer que pasen unos meses inolvidables durante el verano. Con ello, se produce un aumento de la competencia entre las empresas privadas que ofrecen esta opción y amplían cada vez más el conjunto de actividades e, incluso, ofrecen escuelas de verano con una temática concreta.

Permiten conciliar la vida laboral y familiar de los padres y madres El secreto de su éxito está en la gran variedad de actividades

Durante estos meses, las escuelas de verano abren sus plazos de inscripción y resulta fundamental adelantarse y solicitar plaza lo antes posible, ya que muchas de ellas cumplen sus cupos en tan sólo unos días. Cada escuela tiene una duración, horarios y servicios distintos y es muy importante seleccionar bien el lugar donde los más pequeños de la casa pasarán este tiempo de aprendizaje y diversión.

En los últimos años, uno de los sellos distintivos ha sido el servicio de comedor, ya que permite hacer la oferta más completa para favorecer la conciliación de los padres y cubrir las necesidades alimenticias de los escolares. En este aspecto, el pasado año la Concejalía de Educación de Cartagena se marcó el objetivo de aumentar el número de matrículas con comedor, garantizando este servicio a 850 menores del municipio en los meses de julio y agosto. Esto supuso un 35% de incremento de plazas en relación a la anterior escuela de verano. De hecho, nueve de cada diez solicitudes que recibe esta Concejalía para las actividades estivales incluyen la ayuda alimenticia.

También se facilita desde el ámbito institucional que los menores que se encuentran en riesgo de exclusión social tengan acceso a estas escuelas de verano para relacionarse con otros niños y que disfruten de la experiencia.

Para muchos niños, el verano es la época perfecta para reforzar aquellas materias pendientes y estar preparados de cara al nuevo curso. Las escuelas de verano se consolidan también como una oportunidad para mejorar el rendimiento académico, más allá de los cuadernillos de refuerzo, prepararse de cara a las recuperaciones de septiembre y poder acabar el curso de forma satisfactoria.

Muchas familias ven en las escuelas de verano la ayuda perfecta para que sus hijos mejoren las áreas y materias en las que han encontrado mayores dificultades, y que puedan alcanzar así sus objetivos, aprovechando que durante la época estival los menores disponen de más tiempo para dedicarle al estudio.

Este refuerzo contribuye a que los estudiantes no pierdan el ritmo y sigan siendo responsables de su proceso educativo, además de mantener unos hábitos de estudio correctos.

Una parte imprescindible de estas escuelas de verano son los profesionales que se encargan de hacer que el aprendizaje y la diversión no estén reñidas. Los monitores pasan cada día con estos escolares y se encargan de que su desarrollo sea a través del dinamismo, conectando con ellos y siendo un vínculo imprescindible durante estos meses.

Estos profesionales están formados como monitores de ocio y tiempo libre, entre otros perfiles, y son especialistas en actividades socioculturales en infantil y juvenil, con una serie de aptitudes personales necesarias para el desarrollo de estas actividades, como extroversión, motivación y alegría. Además, son responsables y comprensivos, dispuestos a resolver problemas con gran rapidez, y desarrollan la comunicación dentro del campamento, la integración de todos los niños y la transmisión de la filosofía y los valores de la escuela.

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