El dudoso Belén de Salzillo que las Agustinas regalaron

Histórico. Uno de los pocos grabados que se conservan sobre el entorno de las Agustinas, a la izquierda de la imagen./
Histórico. Uno de los pocos grabados que se conservan sobre el entorno de las Agustinas, a la izquierda de la imagen.

La 'aparición' de 31 piezas que las religiosas entregaron a una familia de Denia evidencia el expolio silencioso de otro tesoro murciano

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Lo único que parece claro a estas alturas sobre el Belén que las Agustinas, de forma irresponsable, regalaron a una familia alicantina, los Campdera, de Denia, es que los técnicos de la Comunidad Autónoma poca idea tienen sobre el particular. De lo contrario, tras anunciar que 31 de las piezas vuelven a la Región, no hubieran plagiado esta semana la investigación que 'La Verdad' publicó, hace ahora cuatro años justos, sobre esas obras atribuidas en parte a Francisco Salzillo y a su padre, Nicolás. Porque en su nota de prensa, con apenas cambios, 'fusilaron' parte del texto que este diario ofreció a sus lectores en 2014 y que, por cierto, puede consultarse en la Red.

De muchos es sabido que las Agustinas, estallada la Guerra Civil y temiendo por la integridad de la obra, le pidieron al escultor Antonio Carrión Valverde que escondiera algunas piezas en su taller. Allí se levantó una doble pared donde permanecieron a buen recaudo.

Cuando acabó la contienda, en señal de gratitud, las religiosas regalaron una de las piezas al artista. Se trataba, como publicó años más tarde José María Gómez Toro en un artículo en la revista 'Cangilón', de una anciana de estilo napolitano, toda realizada en barro, con pañuelo mantón, delantal y dos cestas en las manos. ¿Por qué no guardaron tras la pared todas las figuras del belén? ¿Acaso habían sido ya destrozadas o robadas? Vaya usted a saber.

Las incógnitas son interminables. Y lo siguen siendo. Pero la Comunidad Autónoma no las desvela. Prefiere recordar, a bombo y platillo, lo que este diario relató hace cuatro años. 'La Verdad' advertía de que entonces, como también sucede ahora, las incógnitas son interminables. ¿Era este belén de Salzillo o de su padre Nicolás? Quizá ya nunca lo sepamos con certeza. Elías Tormo, en una guía titulada 'Levante' (1923) atribuye el belén, «en parte napolitano», a Francisco Salzillo.

El académico de San Fernando José Crisanto López señalaba en 1964 como autor a Salzillo padre. El experto recordaba en otro artículo publicado en 'Línea' en 1970 que el belén se conservó «hasta poco antes del año 1936» y destacaba la escena de La Degollación de Inocentes, grupo que «no figura en los belenes de Nápoles». José Sánchez Moreno, en su libro 'Vida y obra de Francisco Salzillo', dudaba de esta atribución, aunque añadía que, «seguramente serían de él algunas, pocas, pero no todas».

¿Era de Salzillo?

Sánchez Moreno también cuestionaba que el genial escultor hubiera realizado a lo largo de su vida las 1.792 figuras que le atribuían, entre otros, Javier Fuentes y Ponte. «De aquel número hay que rebajar no pocos centenares por la falsa adjudicación de las 500 y pico de figuras del Belén de las Agustinas de Murcia», apuntaba.

Las hemerotecas conservan otra descripción de este conjunto que publicó en 1916 el académico de la Academia de la Historia Manuel P. Villamil. El artículo se incluyó en un número de la revista 'Polytechnicum'. Como el belén se encontraba en la clausura del convento, Villamil solicitó al obispo un permiso especial.

El académico escribió después que había, cuando menos, tres series distintas. Una, de imágenes de barro pintadas, de unos quince centímetros de altura «y de indiscutible procedencia napolitana». Otra, «de veinte o más centímetros, pintadas y que acusan un origen que llamaremos indígena». Y una tercera compuesta de figuras de madera policromada, también de supuesto origen local.

Entre las primeras existía un curioso grupo, al que las Agustinas llamaban 'El baile de los gitanos', y que estaba compuesto por diversos músicos, «tipos perfectos y originales de artistas calabreses, con su ancho chambergo, sus largos bigotes retorcidos y su traje pintoresco de holgados pliegues».

Villamil se cuidada de atribuir el belén a Salzillo, aunque destacaba su importancia en el panorama artístico nacional «y puede indicar hasta el proceso técnico y desde luego histórico de la obra infantil del gran escultor murciano, vástago lozano y florido de una cepa napolitana».

Expolio consentido

El académico proponía que las piezas se expusieran, aunque fuera a través de la reja del locutorio, para disfrute de los murcianos, estableciendo alguna retribución económica que permitiera costear la restauración de las mismas, «desgraciadamente muy averiadas y peor curadas de sus repetidos accidentes y viejos achaques».

Casi como un augurio, Villamil advertía de que «mucho se ha perdido en Murcia, como en toda España, en esta última centuria de guerras y revoluciones, de brutales egoísmos y codicias desenfrenadas».

En julio de 1936 el convento fue saqueado. El archivo histórico, junto a valiosas tallas de Salzillo y casi todos los retablos del templo, se perdieron para siempre. Sin embargo, los autores coinciden en señalar que el afamado belén corrió otra suerte. Fue cuidadosamente embalado y se envió a Barcelona, donde se le perdió la pista para siempre.

En el año 2010, un galerista murciano sacó a la venta nueve curiosas piezas que supuestamente pertenecieron al belén de las Agustinas. Las figuras, datadas en el siglo XVIII, pertenecieron a un empresario alicantino, quien se las compró en 1910 a las religiosas.

El convento atravesaba ciertas penurias económicas que obligaron a la comunidad a vender tan preciado tesoro. Algo similar tuvieron que hacer en la década de los cincuenta, cuando vendieron parte de su colección de cuadros e imágenes para mantener el monasterio, ante la pasividad de la Administración. Entre las figuras que ofrecía el galerista, que también las atribuía a Nicolás o Francisco Salzillo, se encontraban dos representaciones de la Virgen María, un San José y tres reyes magos.

Casi una década después de concluida la Guerra Civil, el diario 'La Verdad' publicaba un reportaje sobre las distintas comunidades monacales. Al visitar a las Agustinas, su superiora recordaba aquel «belén magnífico, regalado por una religiosa que procedía de la familia de Salinas y que era igual al que la marquesa de tal título tenía», esto es, el de Francisco Salzillo. Y continuaba el redactor: «Pero se perdió en la guerra y ahora es muy modesto el que tienen». No se perdió, las últimas noticias evidencian que lo regalaron. Como si se hubiera tratado de una caja de dulces del convento.

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