Las últimas palabras del policía degollado: «¡Que me muero, ponedme algo que me desangro!»

Coincidieron en otro local y el funcionario le dijo que se marchara. Se investiga si el presunto homicida fue a buscarle

Un hombre con problemas psiquiátricos degolló a un policía municipal fuera de servicio cuando apuraba tranquilamente su consumición antes de marcharse a su casa en un bar del distrito de Vicálvaro (Madrid). No sabía que no llegaría jamás. El agresor, prácticamente sin mediar palabra, le rebanó el cuello por la espalda. Al parecer, según explicaron varios testigos, el criminal, con el que había coincidido en otro establecimiento poco antes, estaba molestando a los clientes y empleados, por lo que el agente le dijo que se marchara y les dejara en paz.

Su respuesta no pudo ser más violenta. El ataque le pilló por sorpresa, por lo que no pudo hacer nada por repeler la agresión. El agente, que presentaba otra herida de defensa de grandes dimensiones en un brazo, pudo bajar las escaleras del local para acabar desplomándose.

El crimen se produjo sobre las dos menos cuarto de la madrugada en el Bar Luis, situado en la calle de Villacarlos esquina a la de Ambroz. El presunto agresor, que resultó ser Manuel Cruz Ramos, de 50 años, huyó a la carrera hacia su vivienda, situada en las inmediaciones, no sin antes deshacerse del arma homicida que arrojó debajo de un coche, donde fue hallada después por sus compañeros del Cuerpo. Cuando llegó a su domicilio, avisó al 112. Ya lo habían hecho otros parroquianos del bar.

Era muy querido en su barrio y por sus compañeros del distrito de Ciudad Lineal

«He agredido a una persona y está herida». Ahí espero a que le detuvieran agentes de la Policía Nacional. Al parecer, en la mochila que llevaba cuando ocurrieron los hechos tenía dos cuchillos más de grandes dimensiones.

Buscaba bronca

«¡Que me muero! Ponedme algo que me desangro», acertó a decir el infortunado agente antes de desvanecerse. Algunos de los presentes cortaron un trozo de su camisa y trataron de taponarle la herida, pero la hemorragia era imparable.

Cuando llegaron los sanitarios del Samur el funcionario, que resultó ser Juan Ballesteros Peiró de 47 años, estaba en parada cardiorrespiratoria. Se estaba desangrando y murió poco después. Al parecer víctima y agresor se conocían. «Juan era una persona excepcional que ayudaba a todo el mundo. Había estado con unos amigos que se acababan de ir; él se quedó solo terminando su consumición», indicaban varios de los presentes. No era habitual del local de Luis, frecuentado por latinos y con mala fama, pero como es verano y hay muchos negocios cerrados... relataban. Antes, se habían topado en el Bar Valle. «Ahí Manuel trató de montar bronca sin éxito gracias a la intervención del agente», agregaban.

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