La Verdad

Muere una joven asturiana que llevaba cinco años en lista de espera para una reducción de estómago

Amaresh Fernández, el pasado octubre, en Gijón, tras visitar EL COMERCIO.
Amaresh Fernández, el pasado octubre, en Gijón, tras visitar EL COMERCIO. / PURIFICACIÓN CITOULA
  • Falleció el día de Nochevieja, en su casa de Pravia, mientras dormía la siesta. Tenía 24 años. La familia está a la espera de conocer los resultados de la autopsia, practicada de oficio

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Su caso se encuentra en la Fiscalía, pero para Amaresh Fernández Rodríguez, que llevaba cinco años en lista de espera para una operación de reducción de estómago en el Servicio de Salud del Principado (Sespa), ya no habrá solución posible. La joven, que arrastraba una grave obesidad mórbida contra la que llevaba años luchando (llegó a pesar 125 kilos), falleció el pasado 31 de diciembre. Amaresh murió el día de Nochevieja. Se fue con el 2016, mientras dormía la siesta en su casa de Pravia. Tenía tan solo 24 años.

El fallecimiento de esta joven praviana, cuya situación en lista de espera del HUCA denunció EL COMERCIO el pasado 8 de octubre, se hizo viral de forma inmediata en foros y redes sociales que seguían de cerca el caso. Su familia «destrozada y rota de dolor» espera los resultados de la autopsia, realizada de oficio, ya «que queremos saber de qué murió nuestra niña», relataba ayer, acongojada su madre Isabel. Se conocerán dentro de unos días. Amaresh fue despedida el pasado lunes en el tanatorio de Pravia por sus familiares, sus padres, Horacio e Isabel, su hermana Saray «a la que adoraba», sus abuelos de Gijón, a los que visitaba toda vez que podía, sus tíos, primos, amigos y allegados. Todos consternados por la impactante pérdida.

Según relató su madre, Amaresh «se encontraba muy bien». Nada hacía prever el fatídico desenlace del sábado. La joven, que trabajaba como auxiliar administrativa, había pedido una semana de vacaciones para disfrutar con sus amigas. Además, se encontraba acondicionando parte de la vivienda familiar para «independizarse y vivir sola. En febrero iba a viajar con una amiga a Madrid. No paraba». Pero en la tarde del 31, tras comer con su familia en casa, «bajó a echar una siesta». Cuando su padre fue a buscarla hacia las ocho de la tarde para cenar la encontró muerta en la cama. Los servicios sanitarios del SAMU solo pudieron certificar su fallecimiento. «Ya no había nada que hacer».

Isabel Rodríguez, su madre, no se anima a aventurar ninguna conclusión sobre lo ocurrido pero que duda cabe que «la obesidad no era algo que jugara a su favor». Amaresh sufría un tipo de obesidad mórbida que ni ella ni los médicos consiguieron revertir mediante dieta, ejercicio o medicación. Pese a cumplir con todos los criterios clínicos para someterse a una cirugía bariátrica (reducción de estómago), el Sespa la había conminado a esperar hasta el año 2020. Llevaba cinco años aguardando por la ansiada operación. «Lo mío es un problema de salud», insistía ella. «No me quiero operar porque estoy gordita. Mis 125 kilos no son por zampar hamburguesas como me han llegado a decir. Me quiero operar porque si sigo así seguro que acabaré muriendo en poco tiempo», se quejó en su día con una crudeza que ahora asusta y hasta da rabia recordar.

Amaresh sufría problemas de tensión y de corazón provocados por su gordura, a los que se sumaban una diabetes que arrastraba desde pequeña, además de fibromialgia y ataques de ansiedad derivados de su situación. Llevaba pendiente de intervención que pusiera fin a su calvario o, en su defecto, de algún tratamiento efectivo que aminorara sus 125 kilos de peso. Decía que lo había intentado todo, algo que ayer ratificaba su madre. «Es verdad. Hacía todo lo que le decían los médicos y comía de forma saludable. De eso doy fe que era cierto». Su metabolismo le hacía ganar kilos aunque no probara bocado, como cuando estuvo ingresada una semana en el hospital y, pese a permanecer solo con suero, ganó cinco kilos.

Amaresh, harta de esperar y después de que el HUCA incumpliera su compromiso, por escrito, de operarla antes de agosto de 2016, puso su caso en manos del Defensor del Paciente, que presentó una denuncia ante la Fiscalía. En noviembre pasado, la entidad abrió diligencias, fue lo último que supo la joven sobre su caso. La familia permanece ahora a la espera de los resultados de la autopsia. «No sabemos qué haremos. No tenemos la cabeza para pensar en nada, solo en el dolor de no tener a Amaresh con nosotros».

(Más información en El Comercio)