La Verdad

Muere un menor tras caer a las rocas cuando intentaba acceder a la zona portuaria de Melilla

Un grupo de menores sale de los acantilados por entre las rejas mientras los agentes intentan sacar el cuerpo de su compañero.
Un grupo de menores sale de los acantilados por entre las rejas mientras los agentes intentan sacar el cuerpo de su compañero.
  • El rescate del cuerpo ha sido complicado debido a que se encontraba en una zona de muy difícil acceso que ha complicado las labores de los agentes y la comisión judicial desplazada al lugar

La llamada de un vecino de la Ciudad Vieja de Melilla alertaba a las fuerzas de seguridad de la presencia de un cuerpo sin vida en los acantilados que rodean el faro antiguo de Melilla. Minutos después la Guardia Civil hallaba bajo un saliente conocido como Punta de Trápana el cadáver de un menor de origen magrebí que presuntamente se habría precipitado intentando acceder al espaldón del puerto comercial, zona en la que se ocultan muchos menores extranjeros no acompañados y pasan la noche esperando entrar como polizones en los barcos que unen la ciudad autónoma con la Península.

El rescate del cuerpo ha sido complicado debido a que se encontraba en una zona de muy difícil acceso que ha complicado las labores no sólo de los agentes sino también de la comisión judicial que ha hecho acto de presencia para el levantamiento del cadáver.

Según fuentes policiales, el chico fallecido tendría entre 14 y 15 años y estaría acogido en el Centro de Menores de La Purísima, estando por tanto tutelado por la Consejería de Bienestar Social y siendo su tutor legal la Ciudad Autónoma.

Los indicios apuntan a que el chico habría fallecido hace varias horas, incluso un día, y a que la muerte habría podido ser accidental. El menor pudo haber caído intentando acceder a las cuevas donde ellos se refugian a la espera de colarse en los ferris.

Actividad común entre los jóvenes

Los vecinos y las organizaciones sociales aseguran que algún día tenía que pasar una desgracia de este tipo, ya que todas las noches entre 20 y 50 menores se acercan a estos acantilados y se desprenden por sus rocas para acceder a las escolleras del puerto comercial. Son menores extranjeros tutelados pero nadie se preocupa de que pasen la noche en los centros que presuntamente les acogen.

Cada vez que intentan llegar a los barcos se juegan la vida y tienen que luchar no sólo con un terreno escarpado y empinado, sino con el frío, el hambre y los temporales de viento y mareas.