Cuando el 'zeta' es el arma

Dos 'zetas' cierran el paso a un vehículo hostil, tras la maniobra de expulsión de la calzada en la Base Aérea de Alcantarilla. / Javier Carrión / AGM

La Policía Nacional realiza un curso de conducción en la Base Aérea de Alcantarilla para evitar atentados y mejorar la seguridad de los agentes

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Mete primera, segunda y tercera con tal ligereza que, en unos segundos, el 'zeta' roza los 60 kilómetros por hora, se coloca justo detrás del vehículo sospechoso y, con un solo 'toque', logra frenarlo en seco al colocarlo en sentido contrario. «Esta maniobra consiste en una expulsión de la calzada, desestabilizando por el eje trasero a un coche que está arrasando con todo por la vía pública, como en un ataque terrorista», explica de forma didáctica José Alonso, especialista en formación vial de la Jefatura Superior de Murcia. Un equipo de 'La Verdad' se subió en uno de los coches que se emplearon en las simulaciones del curso de conducción de seguridad que la Policía Nacional impartió la pasada semana en la Base Aérea de Alcantarilla a quince agentes destinados en unidades operativas y a cinco militares.

«El objetivo del curso es aumentar la seguridad de los policías, tanto a nivel personal como profesional, y eso repercute en la seguridad del ciudadano», resume la versión policial de Fernando Alonso. «Son maniobras de evasión y de defensa que solo se emplean como última opción». Es el caso de los trompos «para repeler una agresión». El 'california' se realiza para cambiar el sentido del 'zeta', cuando se circula de frente, y el trompo 'contrabandista', más complicado, se realiza circulando marcha atrás .

«Si nos topamos con un contingente enemigo podemos hacer el trompo 'contrabandista'», comenta Atencia, sargento primero del Ejército del Aire, con físico de púgil de boxeo. Las técnicas mostradas en el curso también tienen en cuenta los atentados yihadistas. «Soy de la especialidad de automoción, si tengo que llevar a un mando militar o a soldados en vehículos de nueve plazas, siempre estamos expuestos a ataques terroristas y estas técnicas se pueden emplear en misiones en Afganistán, Mali y Senegal».

Este militar admite que el ejercicio más complicado es la técnica de expulsión de la calzada, «porque exige más coordinación». De hecho, en una de las simulaciones de la citada maniobra, acaba por el asfalto el paragolpes de uno de los 'zetas'. Los vehículos usados en el curso no son aptos para patrullar y el final de su vida útil son estos ejercicios, que no están exentos de riesgo para los vehículos ni para los alumnos por el nivel de exigencia. Este extremo no importa a los policías nacionales presentes en el curso, tal y como explica uno de ellos: «Son técnicas muy completas para salir airosos de situaciones de riesgo».

En cada ejercicio, les ponen en situación para manejar el estrés. Es el caso de la maniobra de paso de una barricada, compuesta por dos coches cruzados, y donde el resto de alumnos comienzan a tirar conos y gases de un extintor contra el 'zeta' que conducen dos policías. «Tratamos de modificar su comportamiento para que vean el vehículo como su pistola y su defensa, como una herramienta más de trabajo para sacarle el mayor rendimiento», resalta el subinspector Manuel Dávila, uno de los tres instructores llegados de Madrid, de la Sección de Formación Vial y Técnica, que participa en el curso.

El siguiente ejercicio hace que el olor a neumático quemado embriague la pista de la base que hay entre dos hangares, porque se trata de ejecutar un salida de emergencia sacando un coche patrulla encajonado entre dos vehículos hostiles. «Puede ser que en el 'zeta' vaya un detenido al que quieren rescatar o que traslademos a una autoridad contra la que quieren atentar», expone Alonso como 'enunciado' del ejercicio. El alumno se sube al coche encajonado, pisa el acelerador hasta el fondo, tira del freno de mano y suelta el embrague, de manera que el coche pivota sobre el eje trasero, girando a un lado y liberándose de los dos coches en un segundo.

Al volante sobre agua y hielo

La pericia al volante de los agentes también se lleva al límite en la conducción en condiciones meteorológicas adversas con el asfalto lleno de agua, simulando lluvia, y una lona deslizante que emula el contacto de los neumáticos con el hielo. «Se trata de no perder el control del coche». Las pulsaciones siguen elevándose con las maniobras de subviraje y sobreviraje: las primeras se utilizan cuando el 'zeta' derrapa en un rotonda o una curva, y las segundas cuando el eje trasero del vehículo se desplaza y hay riesgo de trompo.

Durante la sesión, también realizan un eslalon de estabilización, sorteando conos a 70 kilómetros por hora, aplicando un 'dribbling' futbolístico sobre cuatro ruedas. Pero siempre con una máxima, recuerda Dávila: «La regla de oro es el sentido común. Hay que saber hasta dónde llegar en una persecución, compartimos la vía con el resto de usuarios y nuestro trabajo no puede causar un accidente».

Lecciones de física y de mecánica

Las treinta horas del curso de conducción de seguridad de la Policía Nacional incluyen sesiones prácticas y teóricas. En el aula, los instructores les enseñan cuestiones sobre física, «como la inercia de un coche patrulla en relación a la velocidad a la que circula», detalla José Alonso, especialista en formación vial de la Jefatura Superior de Murcia. «En función de las características del vehículo, se puede tomar una curva a 80 o 100 kilómetros por hora», ejemplifica. En las clases también aprenden conceptos de mecánica, «tipo de tracción de cada vehículo», y las características de cada neumático, para que sepan cómo pueden repercutir en la conducción sobre asfalto, agua, arena, hielo... «El último día de clase les hacemos un examen». El subinspector Manuel Dávila zanja que «este curso vale para la vida personal y profesional».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos