La Verdad

Alberto Martínez trabaja en la enseña para devolverle el esplendor que tenía hace más de un siglo.
Alberto Martínez trabaja en la enseña para devolverle el esplendor que tenía hace más de un siglo. / A. Martínez

La madre de todas las enseñas

  • Un universitario yeclano aborda en la Politécnica de Valencia la restauración de la más antigua bandera de los Mayordomos

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Propusieron unas prácticas en su facultad y tuvo una idea que permitirá a Yecla recuperar una de sus más preciadas joyas patrimoniales. Porque el alumno Alberto Martínez Pascual, quien estudia en Valencia el Grado en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, propuso a la Asociación de Mayordomos de la Purísima Concepción que le cedieran una de las antiguas banderas de las fiestas para ser restaurada sin coste para la institución.

El presidente, José Francisco Puche, tampoco dudó sobre qué pieza ceder. El mes pasado le hizo entrega a Alberto de una bandera datada en el año 1897, la más antigua que se conserva y que, además, cumple su 120 aniversario. Se trata de una pieza que presenta un patrón similar al de las banderas propias del reinado de los Austrias, dominando el paño la cruz de Borgoña.

La pieza, como destaca Alberto, «comparte estructura con la bandera del siglo XVII del Museo del Ejército de Toledo: Cruz de San Andrés centralizada con la efigie de la Inmaculada Concepción, coronada en sus extremos. Sobre el conjunto, el escudo de Yecla, con el castillo y el león rampante encadenado a las puertas y una corona por cimera».

La bandera también incluye 25 estrellas y la leyenda 'Se hizo a expensas de los mayordomos. Año 1897'. Frente a las actuales enseñas, las antiguas estaban hechas de una pieza, lo que las dota de una extrema ligereza, además de entrañar mayor dificultad en el bordado, pues ambas caras son visibles y deben estar correctamente acabadas.

La intervención tendrá una duración de cuatro meses, con posibilidad de ampliar los trabajos al mes de julio, dado el avanzado estado de deterioro en que se encuentra. Las labores de restauración están llevándose a cabo por varios alumnos. Junto a Alberto, también trabajan en la pieza María Company, Beatriz García, Concepción Bernat y Ana Íñigo, supervisados por la doctora Sofía Vicente Palomino, especialista del Instituto de Restauración del Patrimonio. Destaca el alumno que tras los análisis se ha constatado que «la pieza está elaborada en seda, de la que se han eliminado los filamentos de sedicina, respetando solo la parte aprovechable de la fibra en sí, la fibroína».

Este proceso, delicado y costoso, proporciona una seda de extraordinaria calidad. Si bien las fibras de los bordados presentan un estado de conservación aceptable, las de la cruz y fondo han empezado a abrirse, «deterioro lógico dada la edad de la pieza, la sensibilidad del material y el uso para el que fue concebida, como insignia de la soldadesca de las fiestas, con los juegos u 'ondeos' en momentos álgidos de la celebración», continúa Alberto.

Respecto a las patologías presentes en la obra cabe diferenciar dos grupos: las de origen intrínseco, por el propio envejecimiento de los materiales, y extrínseco o debidas a un agente externo. En el primer grupo figura el degradado de los tintes. Aunque la mayoría han soportado el paso de los años, el color del fondo no ha corrido la misma suerte, «pues del original azul verdoso ha pasado a un pardo indefinido».

En cuanto a los daños externos destaca la grave deformación que recorre el tejido en diagonal, del tiempo que estuvo expuesta en vertical, pendiente del astil, generando tensiones. También se recortó una parte de la tela y se le hicieron añadidos.

Desteñidos y pólvora

En la obra se observan desteñidos que han tintado las zonas adyacentes, posiblemente originados por haber permanecido la pieza en un ambiente húmedo durante mucho tiempo (como el que podría haberse generado si la bandera hubiera sido guardada húmeda tras desfilar bajo la lluvia).

La pólvora, elemento inseparable de las fiestas, «también ha dejado su huella en pequeñas perforaciones». Estos deterioros son los lógicos del uso, pues la pieza fue concebida para ser expuesta. Sin embargo, sufrió un último daño, no menos grave y que es el resultado de una mala intervención, «un deterioro debido a la mano humana», concluye Alberto, consciente de que su trabajo formará parte de los anales de las fiestas.

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