«Yo lo he visto y le he dicho que si no se entrega tendré que actuar», afirma un hijo de la víctima

Cuando a Juan Carlos se le menciona el nombre de Victoriana, apenas iniciada la conversación telefónica, responde de inmediato: «Era mi mamá». Después confirma que el presunto asesino regresó hace dos años a su localidad de origen, Quillacollo, a unas doce horas de viaje del lugar donde reside Juan Carlos. «Me desplacé hasta allí y logré verlo. Me acerqué y le dije que si no se entregaba, tendría que actuar por mi cuenta», sostiene. El hijo de la víctima muestra su desesperación por el hecho de que las autoridades nada hayan hecho hasta el momento para detener al presunto asesino. «No entiendo por qué no le arrestan», se lamenta. Después ofrece un dato que resulta descorazonador. «Un policía boliviano nos pidió un día una gran cantidad de dinero, porque dijo que era necesario para que la Guardia Civil mandara el atestado y la orden de arresto. Pero nosotros no tenemos ese dinero». La Guardia Civil, obviamente, lo envió hace ya tiempo sin necesidad de pago alguno.

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