«Le vamos a dar una buena»

Domingo G.C., presunto implicado en la reyerta que acabó con la muerte del lorquino Carlos Daniel, llegando al juzgado./Paco Alonso / AGM
Domingo G.C., presunto implicado en la reyerta que acabó con la muerte del lorquino Carlos Daniel, llegando al juzgado. / Paco Alonso / AGM

El levantamiento del secreto de sumario de la 'operación Facazo' desvela las circunstancias del último crimen ocurrido en la Región: la muerte de un lorquino por un navajazo junto a un pub de Puerto Lumbreras

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

La muerte salió al encuentro de Carlos Daniel a la una y un minuto de la madrugada del 27 de enero pasado, frente a un garito de Puerto Lumbreras. Ocurrió allí y en aquel instante como pudo ser en cualquier otro lugar y momento, que sabido es que la Parca, y solo ella, es la que lleva la agenda. El caso es que a las siete de la tarde había pasado su amigo Alfonso a buscarlo por casa, en la calle Puente Alto de Lorca, y fue el futuro y ya casi inminente difunto quien propuso acercarse a la localidad lumbrerense para tomarse unas tapas y unas cañas. Después de unas cuantas de las primeras y otras cuantas más de las últimas, decidieron ponerle el remate a la jornada allá hacia la medianoche, cuando Carlos se encaminó hacia el pub METT: «Bartolo, el dueño, es muy amigo mío y me apetece tomarme una copa allí».

Igualmente es sabido que a la de la guadaña no hay necesidad de irla citando con un capote, convocándola con gritos y aspavientos. Si te enfila, te enfila. Y punto. Y ya puedes hacer quiebros, requiebros o el pino puente, que te ensarta donde y cuando quiere, sin que se le descompongan los ralos mechones de cabello que aún le quedan. Pero Carlos David tampoco es que estuviera asumiendo esa noche una actitud demasiado discreta. Los testigos afirman que el hombre, que daba muestras de haber superado con creces su límite recomendado de ingestión de alcohol, se dedicó a vociferar, a mostrarse retador y hasta chulesco, a sacar pecho y cacarear en corral ajeno, y acabó encarándose con un tal Domingo, por alias 'El Folli', hasta llegar al punto de que uno de los camareros le tuvo que enseñar la puerta trasera e invitarle a marcharse.

Carlos y su colega Alfonso, que era quien iba poniendo cierto criterio al asunto, subieron a un castigado Citroën Saxo gris y tomaron la saludable decisión de cambiar de aires. Pero como no hay crimen sin guiño de la Descarnada, ocurrió que Alfonso le pidió a su amigo que diera la vuelta. «Joder, que me he dejado el tabaco encima de la barra», le hizo saber.

«¿Has vuelto para pegarme?»

De forma que regresaron a la calle Orfeón Fernández Caballero y Carlos estacionó de mala manera, dejando el coche medio cruzado y el motor al ralentí, mientras su colega entraba a la carrera a la cafetería. De hecho, a Alfonso solo le dio tiempo a escuchar como el tal Domingo se encaraba de nuevo con su amigo y le espetaba: «¿Ya estás de vuelta? ¿Es que has venido a pegarme?».

En un segundo, lo que tardó en salir del local, alguien le había dado una patada a la puerta del Citroën Saxo, volaban sillas de la terraza y un chaval y su novia, a quienes hasta ese instante nadie había dado boleto en esa rifa, se habían sumado a la tangana con el casco de una litrona, que acabó estrellado y roto contra la crisma del lorquino.

«Vi que Carlos y Domingo estaba forcejeando en la carretera, cuando otra persona salió corriendo desde la puerta del bar, sacó una gran navaja, la abrió y corrió hacia ellos», contó más tarde Alfonso, el colega de la víctima, que ante esa situación afirma haberse precipitado hacia el hombre armado mientras le gritaba: «¡Pero qué vas a hacer!». Todo fue en vano. «Esa persona se abalanzó por la espalda sobre Carlos y le pinchó en el costado».

No se han hallado hasta ahora ni las ropas que vestía el presunto homicida ni la navaja utilizada en la reyerta

El supuesto autor de la cuchillada, identificado más tarde por el propio Alfonso y por varios testigos como Pedro Antonio V.P., vecino de Puerto Lumbreras de 29 años, huyó supuestamente por una calle, mientras Carlos Daniel se desplomaba sobre el asfalto. Ni las maniobras de resucitación que le practicó desde el primer momento una enfermera, que estaba en el pub tomando una copa con su marido, ni la asistencia que a los pocos minutos le prestó el personal de una UVI móvil lograron recuperarlo.

Duchado y recién afeitado

El presunto autor del homicidio fue detenido pocas horas después en el domicilio de sus padres. Dormía en el sofá cuando unos agentes de la Policía Local lumbrerense llamaron a la puerta. Aparentaba haberse duchado poco antes y estaba recién afeitado, lo cual no impidió que varios testigos lo reconocieran, sin género de dudas, como el hombre de cabello más bien largo y con barba de varios días, acabada en una incipiente perilla, que supuestamente había acuchillado a la víctima unas horas antes.

El hecho de haberse afeitado y cortado el cabello, en una aparente maniobra para dificultar su reconocimiento, como afirma la Guardia Civil en su atestado, se acaba convirtiendo en un indicio más en su contra. Como también el hecho de que no apareciera la chaqueta de color amarillo mostaza con la que lo vieron otro buen número de testigos.

Domingo G.C., 'El Folli', también fue arrestado esa misma madrugada. En su coche se hallaron múltiples manchas de sangre, en el asiento y la puerta del copiloto, que apuntan a que escapó del lugar junto con Pedro Antonio. Cuando prestó declaración, afirmó que su amigo le había enseñado esa noche una navaja de grandes dimensiones en el pub, al tiempo que le advertía: «¡Tranquilo, que le vamos a dar una buena», presuntamente en referencia a Carlos Daniel. Con ese cúmulo de indicios, la juez ordenó el ingreso en prisión de ambos.

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