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El hambre con las ganas de comer

LA COLUMNA GASTRONÓMICA

El hambre con las ganas de comer

17.05.14 - 01:01 -
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En una ocasión en la que me encontraba hablando de las delicias de la alimentación en mi tierra (Murcia) una persona me preguntó: ¿Cómo es posible que Murcia figure a la cabeza de muertes por enfermedades cardiovasculares en España? Contesté como pude y medité sobre el tema, llegando a las siguientes conclusiones: hay tres cuestiones principales que justifican esta situación. En primer lugar, la población de Murcia, y en general en el mundo occidental, desde hace unos cincuenta años ha ido cambiando progresivamente de hábitos de vida de forma muy importante, pasando de vida activa desde el punto de vista físico a vida sedentaria. Si con anterioridad la mayor parte de los desplazamientos se hacían caminando o, en algunos casos, en bicicleta, ahora los hacemos en coche y los más jóvenes en moto, incluso para distancias por debajo de 500 metros.

En segundo lugar, está la bondad de las materias primas para elaborar los diferentes platos. La riqueza gastronómica de la Región de Murcia es, en gran medida, excepcional. La abundancia de frutas, verduras, hortalizas y legumbres, durante todo el año, permite que la cocina disponga de un magnífico arsenal de materias primas de primer orden. Además, tenemos también una muy buena representación de pescados y carnes, tanto de cebo como de caza y pesca, lo que ofrece una variedad y riqueza gastronómica importante.

En tercer lugar tenemos el clima y lo acogedor de las gentes que propician la celebración de cualquier evento con una opípara comida, aperitivo o simplemente vamos de tapas, que ya constituye una delicia recorrer los bares de cualquiera de las ciudades y pueblos de la Región.

Todo este conjunto de circunstancias a las que podemos agregar la riqueza culinaria con exquisitos guisos de cuchara, asados, sin olvidar que el murciano, además, pone en la plancha cualquier cosa. Si añadimos, además del arte de cocinar, los buenos quesos de cabra y oveja, los magníficos salazones, el resultado es que con un buen apetito como lucen los murcianos, se junta «el hambre con las ganas de comer» y el resultado no podía ser otro, comemos más de lo necesario y lo milagroso sería no tener sobrepeso, obesidad y trastornos metabólicos, sobresaliendo la enfermedad cardiovascular.

Conclusión: más suela y menos cazuela; menos plato y más zapato. El problema no es la dieta, ni la gastronomía, son los hábitos de vida. Una solución: «Come menos y camina más» y podrá prevenir las principales patologías que padecemos, tanto cardiovasculares como metabólicas.

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