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«La enfermedad tiene nombre y hay que pronunciarlo; esconderse no ayuda»

DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER

«La enfermedad tiene nombre y hay que pronunciarlo; esconderse no ayuda»

Paloma lleva diez años luchando contra el cáncer. Primero apareció en el tiroides, cuando estaba embarazada. «El médico me dijo que era de los peores, pero yo pensé en mi hijo y me dije: tengo que seguir adelante»

04.02.14 - 00:36 -
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Paloma Sánchez, ayer, en la sede de la Asociación contra el Cáncer, en Murcia. :: Foto: Nacho García/AGM | Vídeo: Dani Zapata

Paloma Sánchez se deja llevar por los ejercicios que su monitor, Kike López, le va marcando. Poco a poco se va relajando, liberando tensiones y domesticando al dolor. Una mezcla de meditación, yoga y taichi que, al terminar, le ha dejado como nueva. «Estaba muy hundida, pero desde que vine a este taller de la Asociación Española contra el Cáncer he mejorado mucho. Antes no me podía ni doblar», cuenta. Paloma lleva diez años luchando contra el cáncer. Primero apareció en el tiroides, cuando estaba embarazada. «El médico me dijo que era de los peores, pero yo pensé en mi hijo y me dije: tengo que seguir adelante».

Hoy su hijo Nicolás, el que llevaba en su interior, tiene ya diez años y sigue siendo su motor para vencer las adversidades. Hace dos años, a Paloma le detectaron otro cáncer, en este caso de cérvix. Ha pasado por el quirófano, quimioterapia y radioterapia. «La vida te golpea y a veces todo se junta», confiesa. Porque a la enfermedad se suman sus problemas económicos. Vive en Llano de Brujas y se enfrenta a un proceso de desahucio. «Mi marido tiene un contrato a tiempo parcial, de 16 horas al mes, y yo tengo una pensión de poco más de 300 euros», explica. «De qué voy a vivir; esto te hunde», clama.

En la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), donde hoy se relaja junto a media docena de pacientes, ha encontrado apoyo. También Consuelo Martínez, murciana de Los Garres, se siente mejor tras esta hora de relajación y meditación. «Me viene muy bien para el brazo y el costado, porque estoy operada de cáncer de mama», explica. El diagnóstico llegó como una bomba en julio de 2012, y decidió desde el primer momento plantar cara a la enfermedad. «La palabra cáncer hay que verbalizarla; hay que pronunciarla con la misma normalidad con que das los buenos días o dices hola», reflexiona.

Consuelo se enfrentó a la quimioterapia, un tratamiento durísimo que no vale edulcorar. «Te pasa de todo, desde lo que se ve por fuera, como la caída del pelo, hasta lo que te ocurre por dentro. Cosas que uno no se puede ni imaginar». Pero en este tiempo también ha podido sacar alguna enseñanza positiva, sobre todo del apoyo que ha encontrado. Trabaja en una empresa que confecciona trajes de comunión, y sus compañeros y jefes se han volcado. En algunos momentos se ha hundido. «Caí en depresión después de operarme y de pasar la quimioterapia. Me salió todo lo que llevaba dentro», cuenta. Pero siguió luchando. «Hay gente que se encierra; tengo amigas más jóvenes que yo que no quieren venir aquí, pese a lo bien que sienta esto».

También Ángel Rubio se ha enfrentado a un cáncer de mama, del que ya está operado. Ligado mayoritariamente a la mujer, eso no significa que no haya casos en varones. «Me noté un bulto no mayor a una lenteja. No le hacía caso, no se te ocurre pensar que puede ser un tumor».

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Un grupo de pacientes hace ejercicios de relajación en un taller de 'inteligencia corporal' en la AECC. :: N. G.