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Costumbres de la antigua Roma

EL TÍO DEL SACO

Costumbres de la antigua Roma

En casas de Pompeya se escribía en las paredes de los comedores mensajes sobre normas de comportamiento

02.10.13 - 01:11 -
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La gastronomía de los antiguos romanos contaba con platos exquisitos y muy apreciados por los paladares más exigentes como el callo de la trompa de elefante o la carne de asno, un tiempo muy de moda. Ahora se organizan fiestas ibicencas en las que todos los que toman parte en ellas visten con prendas de color blanco. Sabemos que el emperador Domiciano invitó a cenar a un selecto grupo de invitados. Para ello preparó una sala enteramente pintada de negro, con los muebles igualmente de ese color. Los platos tenían forma de lápidas sepulcrales y los camareros iban pintados de negro. La comida era negra, como la que se usaba para hacer ofrendas a los difuntos y del único tema que hablaba el emperador era de la muerte y de asesinatos. Todos esperaban de un momento a otro que ordenara cortarles la cabeza, hasta que les dio permiso para marcharse a su casa tras aquella fiesta sorpresa. Llegaron a sus casas, muertos de miedo, y recibieron costosísimos obsequios de parte de Domiciano. Menuda broma.

Parece que es falsa la idea, muy extendida, de que los romanos ricos reservaban una habitación llamada vomitorium, al que se retiraban a devolver para continuar comiendo. El término aparece de manera tardía, y aún se emplea, para designar al lugar por el que la multitud entra a los teatros y anfiteatros hasta llegar a las gradas.

En casas de Pompeya se escribía en las paredes de los comedores mensajes sobre normas de comportamiento: «¡No eches miradas lascivas a tu alrededor y aparta tus ojos zalameros de las esposas de otros! ¡Y pon de una vez una expresión decorosa!». El famoso garum o salsa de pescado servía para condimentar otros alimentos como la carne, era fabricado en muchos lugares del Imperio, por ejemplo aquí en Cartago Nova y en su costa como el actual enclave de Los Nietos. Todo apunta a que anteriormente lo conocían los griegos, quienes le pusieron ese nombre gáros, una especie de pez que desconocemos, principal de sus ingredientes al que se le sumaron otros muchos pescados como caballa y mariscos. Lo nombran los autores teatrales atenienses Esquilo y Sófocles en el siglo V a. C.

El cordobés Séneca narraba en sus Cartas que parecía el garum fuego en la boca, provocando pestilentes eructos. Aunque Juvenal escribía que la esposa era más pestilente que el marido cuando eructaba bellotas. Muchos autores consideran que prácticamente sería incomestible para los ciudadanos de hoy día por su fuerte sabor y por las úlceras de estómago que podría provocar. No conocemos la receta exacta de su confección, por eso el profesor Javier García del Toro ha venido realizando para las Fiestas de Romanos y Cartagineses un garum de su propia inventiva, adaptado a los paladares actuales, no tan bravíos. Cómo sería de fuerte que era utilizado para curar externamente quemaduras, aunque Plinio advirtiera que no se debía decir a los pacientes que se les aplicaba garum cuando eran mordeduras de cocodrilo, dolor de oídos o hemorroides. Debía escocer un montón.

Las delicias e innovaciones gastronómicas se daban entonces como ahora en la alta cocina, que nombraba a sus platos con largas y poéticas denominaciones: Jabalí cazado mientras soplaba un suave viento del sur. Aparece en las Sátiras de Horacio. Otros refinamientos pijos era la Casa Dorada de Nerón, el comedor redondo giraba continuamente sobre sí mismo, de día y de noche.

Propaganda electoral

En las paredes de Pompeya aparecen cerca de tres mil anuncios electorales correspondientes a las elecciones municipales: 'Los chorizos piden el voto como edil para Vatia'. Otro anuncio cachondo: 'Todos los que beben hasta altas horas de la noche piden el voto como edil para Marco Cerrinio Vatia'. Estos anuncios de propaganda eran pintados en las paredes de las calles más transitadas. Los romanos gustaban de emplear los tacos y los temas más escatológicos y eróticos, un ejemplo (y pido disculpas al lector) son las pintadas halladas en los lupanares de Pompeya: 'Febo, el perfumista, estuvo follando aquí muy a gusto'. Pintaban penes enormes y leyendas obscenas. Lo leemos en un libro escrito por J.C. Mc Keown en su 'Gabinete de curiosidades romanas. Relatos extraños y hechos sorprendentes'. Texto recomendado por mi amigo y compañero en la Liga Rural del Campo de Cartagena, el arqueólogo Pedro Huertas Sánchez. Hay cosas que no cambian, baste visitar algunos retretes públicos y leer la literatura expuesta. Gustaban de chismes y cotilleos, por eso pintaban textos en las paredes de esta guisa: 'Atimeto me preñó' y 'Restituto ha engañado a muchas chicas muchas veces'.

Los chistes que han llegado hasta nosotros mostraban escepticismo en la justicia y rencor ante los poderosos y sus tropelías contra el pueblo. Otros son muy ingenuos: Un cerebrito (término utilizado para designar a un tonto) que justo tras haber enterrado a su hijo, se encuentra por casualidad con el maestro de éste y le dice: Lamento que mi hijo no haya ido hoy a clase. Verá usted, está muerto.

No era una sociedad idílica porque en muchos hogares la mejor comida era para el padre, obligado a trabajar y mantener a toda la familia, a costa de la mal nutrición de niños y mujeres. Los niños eran víctimas de malos tratos, asumidos por la sociedad. Caso extremo era el de los expósitos a los que mutilaban para mandarlos a mendigar. Los sentimientos femeninos eran considerados como irracionales y los esclavos mineros aniquilados físicamente por el esfuerzo del trabajo y por los latigazos. Un mal gesto o la murmuración de alguno de ellos bastaba para que se les quebrara las piernas. Los esclavos eran violados, tanto ellos como ellas y algunas quedaban preñadas. Los prófugos eran crucificados o quemados vivos. No debemos decir nunca que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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