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El Cebas captó en la última década más de 40 millones para investigar

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El Cebas captó en la última década más de 40 millones para investigar

La asfixia financiera del CSIC pone en peligro los recursos obtenidos de las empresas por los 61 científicos de plantilla

22.07.13 - 01:34 -
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Con 60 años de historia, el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (Cebas) ha conseguido colocar a la Región en el mapa científico mundial en el sector agroalimentario. Un prestigio ganado a pulso desde que jugó, en sus inicios, «un papel crucial en la llegada del agua del Trasvase Tajo-Segura a la Región -trascendental en el despegue de Murcia como principal suministrador de Europa de productos hortofrutícolas-», apunta Enrique Olmos, vicedirector del Cebas-CSIC, cuyo futuro está hoy en el aire. «Yo tengo una becaria postdoctoral (es mis manos y mis pies), que contrataba con mi dinero ahorrado; como ahora ya no me permiten usarlo, no voy a poder mantenerla», explica enfadada Mª Jesús Sánchez Blanco, del departamento de Riego, uno de los más eficientes del Cebas.

En pasillos, despachos, laboratorios y cafetería de su sede en el Campus de Espinardo no se deja de hablar de los remanentes, un caballo de batalla que tiene alterados a los investigadores desde que el presidente del CSIC anunció que 'confiscaba' los fondos acumulados de los 128 centros que integran el Consejo para hacer frente al gasto corriente. No en vano, en los últimos 10 años, el Cebas, punta de lanza mundial de la investigación en el sector agrario, ha conseguido captar más de 40 millones de euros de fondos externos para investigar: un cuarto de proyectos competitivos europeos, otro cuarto de contratos y convenios con empresas, el 43% de proyectos competitivos nacionales y un 7% de convocatorias regionales.

«El Cebas destaca por la cantidad de ingresos que capta, una de las grandes ventajas con respecto al resto de centros del CSIC», asegura Olmos, que suple estos días a Juan José Alarcón, director del Cebas y responsable del Departamento de Riegos, quien está en Viena en una reunión de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) para realizar un 'Estudio global sobre los problemas de la sequía y la salinidad sobre las producciones agrícolas' -«algo que es de máximo interés para la Región y en donde somos considerados expertos científicos a nivel internacional», se excusa Alarcón por su ausencia-. «Solo en los últimos 3 años, el Cebas ha sumado 21 patentes licenciadas, una de ellas es el resveratrol, de las que más dinero está aportando al CSIC», apunta Olmos.

En primera línea

Las cifras del Cebas cantan; de hecho, pese a la crisis han duplicado los fondos provenientes de las empresas en los últimos cuatro años con respecto a los ejercicios anteriores. «Una de las ventajas de nuestro centro es que realiza mucha investigación aplicada, pero también básica. Hemos conseguido que se complete el ciclo desde lo básico hasta el final (su transferencia a la sociedad)», aclara Olmos, que indica esta última fase del proceso investigador como la que más recursos económicos proporciona, una vez que se saca al mercado el fruto de la labor científica. Aunque «sin conocimiento básico, no hay ciencia aplicada». Y, matiza Olmos, «somos número uno en agrarias no solo en obtención de dinero, sino en producción científica», y echa mano del 'ranking' mundial del Instituto de Información Científica de Filadelfia (ISI, por sus siglas en inglés) que sitúa al CSIC entre los 10 organismos más importantes en el área de agricultura a nivel mundial en nueve líneas de investigación (riegos, suelos contaminados y recuperación, conservación y calidad de suelos, interacciones beneficiosas entre plantas y microorganismos, nutrición vegetal, fotosíntesis, fruticultura y forestal, y mejora genética vegetal), además de citar que en 2012 sus investigadores produjeron 238 publicaciones de alto impacto.

Esta influencia queda patente en el caso de Francisco Tomás Barberán, premio Dupont de la Ciencia 2012 por su aportación a la producción de alimentos de calidad y su papel para mejorar la salud humana, que le ha convertido en un referente internacional en este campo y en el más citado en el área. Otro ejemplo es el de Juan José Alarcón, el primer y único investigador del CSIC que lidera y coordina por segunda ocasión consecutiva un proyecto europeo, el de mejora de sistemas en déficit hídrico (Irriqual), además de otros como Sirrimed y Eurostars sobre sistemas de riego; y el de Francisco Pérez Alfucea, líder también de un proyecto europeo que estudia el papel de la raíz en condiciones de estrés hídrico, enumera Olmos.

Los excelentes resultados del Cebas-CSIC no son casuales, sino fruto del intenso trabajo que desarrollan todos los departamentos, donde cada grupo tiene en marcha una media de 4 líneas y «los hay que tienen hasta 10», detalla Olmos, que añade que cuantos más proyectos en funcionamiento, más capacidad de contratar y de hacer funcionar el grupo, al menos hasta ahora. Y esta excelencia se refleja -además de en los tres grupos incluidos entre los 20 de excelencia de la Región- también en 'La Torre de Babel' que son los laboratorios y despachos de la institución científica murciana, por la que pasan y han pasado colaboradores de universidades de todo el mundo -ahora mismo hay 40 investigadores visitantes-, desde Estados Unidos hasta países del Magreb, pasando por Suramérica, Japón y el norte de Europa, además de la colaboración directa con centros punteros de Holanda, Gante o Reino Unido. «Aquí es raro el científico que no tiene relación con grupos extranjeros», apostilla el vicedirector del Cebas, y concluye: «Prácticamente en todo el mundo hay científicos que se han formado aquí».

Constata también el alto nivel del Cebas el hecho de que la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP) cuente con la experta en Biología del Estrés y Patología Vegetal, María del Carmen Bolarín -ahora trabaja con tomateras para buscar su tolerancia a la salinidad-, como coordinadora de su área de Agricultura, que se encarga de evaluar todo lo que se hace en ciencia en España en esta materia.

Otro ejemplo destacado dentro de los grupos del Cebas es el de Calidad y Seguridad de Alimentos Vegetales, un equipo de 15 personas, dos de ellas investigadores, que lidera María Isabel Gil. Aquí tienen cabida técnicos de FP2 muy preparados y especializados que se contratan con cargo a proyectos de empresa porque «nos encargamos de estudiar, del campo a la mesa, todo lo relacionado con la calidad y seguridad alimentaria», explica Gil, que considera que las investigaciones de su grupo dan respuestas a los problemas de las empresas del sector y, muy especialmente, a la de la producción hortícola de invierno -lechugas y cultivos de hoja en general-, en los que la Región es la primera exportadora de Europa.

Ahora el producto que prima, explica la científica, es el de 4ª gama (cortado, lavado, embolsado y listo para su consumo), por lo que sus estudios van encaminados a seleccionar las prácticas agrícolas de riego para esta producción específica («hemos reducido un 25% el consumo de agua», cuantifica) y a incrementar la vida útil de las hortalizas procesadas. Además de, valora Gil, asesorarles para evitar riesgos de contaminación que erradiquen crisis alimentarias como la del pepino. «Ahora participamos en un proyecto europeo con Noruega y Bélgica para abrir mercados y los vegetales que mejores índices de residuos de plaguicidas tienen son los nuestros», destaca la investigadora, que cuantifica en 1,5 millones de euros los captados a través de acuerdos y convenios con empresas en la última década y en 3 millones los de proyectos competitivos.

Combatir el desierto

Bajo la máxima de respetar el medio ambiente, trabaja el grupo de Enzimología y Biorremediación que lidera José Antonio Pascual. Un equipo de 20 personas, 5 de ellos científicos de plantilla, que en los últimos cinco años han captado 4,5 millones de euros en proyectos competitivos y unos 800.000 euros del sector empresarial. Además, tienen patentes licenciadas que comercializan a través de Microgaia Biotech, una 'spin-off' del Cebas, que está empezando a explotar los bioproductos desarrollados por el grupo a partir de microorganismos con efectos biopesticidas, biofertilizantes y bioestimulantes, además de valorizar los residuos orgánicos (urbanos y agrícolas) para usarlos en la mejora de la calidad de suelos y combatir la desertificación. «Seguimos la política de la UE de residuo 'zero' y desde hace 20 años», insiste Pascual, que afirma que el que integra es «un grupo muy competitivo a nivel internacional, con muchas publicaciones de alto impacto y dos investigadores en un puesto muy destacado del 'ranking' mundial de investigación y entre los más citados de su área».

Quizá menos rentable económicamente -han gestionado 3 millones de euros de proyectos competitivos en la última década y el equipo está integrado por 18 personas, 6 científicos de plantilla-, pero muy importante de cara al cambio climático que amenaza con desertificar el planeta es el trabajo del grupo de Erosión y Conservación de Suelos que lidera Gonzalo González. «Trabajamos en ecosistemas naturales y en el triángulo que comprende la relación entre planta, suelo y agua», resume González, que incide en la importancia de los balances de carbono de sus proyectos y de estudiar los efectos del cambio climático en los ecosistemas naturales. Aunque, sobre todo, destaca el nuevo camino iniciado por el Cebas de transferencia de conocimientos a terceros países a través de proyectos como Eau4Food, en el que Europa coopera con África para promover un cambio hacia una agricultura sostenible.

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Enrique Olmos, vicedirector del Cebas, y siete de los investigadores que más fondos externos captan para el Cebas: Mª JESÚS SÁNCHEZ, JOSÉ EGEA, MIGUEL ARANDA, Mª ISABEL GIL, FRANCISCO TOMÁS, JOSÉ ANTONIO PASCUAL Y GONZALO GONZÁLEZ.:: GUILLERMO CARRIÓN / AGM