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Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local

LA RUTA CON UN PAR

Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local

07.06.13 - 01:18 -
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Las rejas se mecen curvas, la purificadora luz alegra la entrada, la naturaleza se cuela por techos y suelos; lo femenino, la mezcla de estilos y las artes decorativas se ponen al servicio del modernismo. En la libertad creativa y los cuidadísimos detalles halla su grado de perfección. Si se sienten atrapados por el movimiento que el modernismo imprimió a la arquitectura, por sus característicos 'coup de fouet' (golpe de látigo), por la importancia que atribuyó a la calidad de vida y comodidad de sus moradores, a unos 70 kilómetros de Murcia cuentan con algunos de los ejemplos más destacados de esta arquitectura en el sureste español, en la alicantina de Novelda, parada de la Ruta Europea del Modernismo.

Les recomiendo que comiencen la visita por el Santuario de María Magdalena (1918-1946), sobre el cerro de la Mola (junto al Castillo almohade del s. XII) que domina el curso del Vinalopó, Novelda y sus campos. Diseñado por el ingeniero José Sala Sala (igual que el actual Casals del Fester), este santuario agreste es de inspiración gaudiniana: su autor estudió en Tarrasa y quedó cautivado por la obra de Gaudí. Los materiales de la tierra revisten el exterior, levantado a base de guijarros del Vinalopó, tejas y ladrillos de Aspe y coloristas azulejos cerámicos de la época, además de rústicos sillares de las canteras locales, tallados a pico y maza. Único en su 'especie', su planta no es de cruz latina, sino de jarra de óleos, como en la que «la Santa llevó el bálsamo para ungir los pies del Señor», recoge Sala en los planos del templo.

Un canto a la naturaleza, por su apariencia pétrea, este santuario dispone de dos puntiagudas torres de 25 m. de altura que escoltan la fachada principal, rematadas por afilados pináculos que coronan cruces. Pináculos que también cubren las hornacinas destinadas a los santos de la fachada, en este caso rematadas con vegetales cerámicos.

El interior, que no contentó a su planificador José Sala (quien se negó a ir a la inauguración), estaba proyectado con suelo de barro rústico y guijarro con la idea de emular la cueva en la que María Magdalena cumplió penitencia, pero el resultado es bien distinto. Hoy, junto al lienzo de Gastón, uno de los elementos más atractivos del interior es su órgano inconcluso. Iván Larrea lo está realizando íntegramente en mármol: rojo alicante, marrón emperador y crema marfil. Construido adaptándolo al espacio del coro, su autor ha conseguido curvar finísimas láminas de mármol, concediéndole una forma orgánica acorde con el diseño exterior.

Ya de vuelta a la ciudad, la huella del 'art noveau' le asalta desde las fachadas. Orlas vegetales, aleros decorados con azulejos y apoyados sobre ménsulas de madera, cúpulas de zinc con óculos, elementos de forja ondulante o portones de madera primorosamente labrada son la cara de un interior vedado al paseante por ser propiedad privada. Por eso es obligatorio internarse en la Casa Gómez-Tortosa, en la calle Mayor y muy cerca de la plaza Vieja, hoy sede de la Oficina de Turismo, la Biblioteca Municipal, Servicios Sociales y el Archivo Municipal. Construida en la última mitad del siglo XIX, en 1901, su nueva propietaria, Antonia Navarro Mira 'La Pitxotxa' (mote que alude a su fortaleza y carácter), la amplió y reformó convirtiéndola en uno de los más completos edificios modernistas. Sus rejerías con motivos florales y formas curvas, tanto en las ventanas como en la cancela de acceso, dan una primera pincelada del tesoro que se oculta tras el zaguán, elegantes estancias cuidadas al detalle: zócalos de maderas nobles tallados con sutiles formas redondeadas, cenefas de cerámicas coloristas y florales rematando estos zócalos. Desde los relojes hasta los pianos, pasando por los impresionantes lienzos que decoran las paredes de la estancia principal (el salón-comedor), las molduras, las lámparas, los delicados estucos de techos y suelos, los pavimentos hidráulicos originales y sus impresionantes cajas de escalera helicoidales con barandillas de arabescas rejerías... Comienza un viaje a un pasado cercano, al de los primeros soplos de modernidad.

Váter de relieves florales

Otra de las visitas obligadas es la Casa-Museo (también fue de Antonia Navarro Mira), a cuyo arquitecto Pedro Celdrán -Antiguo Mercado Público de La Unión y Casino de Murcia, entre otros edificios de la Región- también se le atribuye la transformación de la Casa Gómez-Tortosa. Durante este recorrido no se puede dejar de lado la figura de La Pitxotxa, viuda y huérfana a una temprana edad, que tuvo el carácter y la diligencia necesarios para ponerse al frente del imperio heredado de su padre (la cenefa de azulejos que circunda el patio de la Casa-Museo refleja algunas de propiedades que la familia poseía) y hacer valer su poder en un mundo empresarial manejado por hombres. Construida entre 1901 y 1903, atravesar el zaguán de esta casa, también en la calle Mayor, es una oportunidad para descubrir cómo vivían quienes habían hecho fortuna con el comercio de especias y vino y las canteras de la zona. De interior luminoso, conseguido a base de claraboyas cubiertas por vidrieras vegetales y coloristas, su autor no dejó al azar ni el más nimio detalle. Observe, por ejemplo, las bisagras de la impresionante galería de madera que se eleva sobre el vestíbulo; el váter del baño de la habitación principal, de cerámica con relieves florales; las estufas de coloridos revestimientos cerámicos; las embocaduras de las chimeneas de maderas nobles talladas pobladas de pulidas hojas; los cristales grabados al ácido de ventales y galerías; las molduras de escayolas de los techos, enriquecidas con relieves de jardines colgantes; o el recoleto oratorio ornamentado. Los suelos son otra joya, pavimentos hidráulicos originales de la prestigiosa firma catalana Escofet.

Para obtener el redondo resultado y sorprender a cada paso, Celdrán contó con los mejores ebanistas y canteros, así como con los primeros dibujantes y diseñadores. Éste último es el caso del suelo del salón de baile, una joya obra de Lluís Domènech i Montaner (arquitecto del Palau de la Música) que se conserva impecable. Abundan en los estucos de paredes y techos las alegorías de la naturaleza y de la música. Visiones bucólicas e idealizadas con aire aún más melancólico y romántico bajo la luz tamizada por las delicadas vidrieras.

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Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local

La galería de madera que hay sobre el vestíbulo de la Casa-Museo Modernista, coronada con una claraboya cubierta de una ornamentada vidriera.

Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local

Vista del vestíbulo de la Casa-Museo Modernista, desde la escalera de acceso a las plantas superiores.

Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local
Vista del vestíbulo de la Casa-Museo Modernista, desde la escalera de acceso a las plantas superiores.
Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local
Templete modernista de los jardines del Casino.
Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local
Una de las dos claraboyas cubierta con vidrieras de la Casa-Museo Modernista, en un techo decorado con molduras de escayola que reproduce motivos vegetales.
Una ciudad 'art noveau'. Novelda conserva el brillo que el próspero inicio del siglo XX esculpió en la arquitectura local
Cancela de rejería de la puerta de acceso de servicio en la Casa Gómez-Tortosa, con el patio al fondo.