El Mundial de fórmula 1 se estira y se encoge, cambia o se transforma, pero mantiene siempre un hilo conductor: Fernando Alonso. El español avanza sin fallos hacia su tercer título. Lo hace con precisión quirúrgica, en la correcta lectura de todas las situaciones e imponiendo siempre su pegada los domingos. Tal vez el Ferrari no sea el coche más rápido, tal vez Alonso no sea un especialista en capturar 'poles' los sábados, pero siempre existe una garantía: el día de la carrera, el asturiano siempre está. Ayer, en el maratón de Singapur y su inacabable sucesión de vueltas y horas (dos), cinceló una nueva conquista: otro podio, 15 puntos, un tercer puesto en una noche compleja. Otra vez las circunstancias se volvieron a su favor. Su principal enemigo, Hamilton, se retiró cuando dominaba cómodamente la carrera. Vettel ganó en Singapur y se postula como nuevo adversario de Alonso: está a 29 puntos y seis carreras del cierre del Mundial.
Fue la segunda victoria de Vettel, la 23 de su vida, y por momentos pareció revivir el actual campeón del mundo. Tan lánguido estaba este año que parecía desenchufado de la disputa por el campeonato. Ayer enseñó lo mejor de su repertorio cuando la carrera se fracturó en la vuelta 23. Hamilton, que parecía predestinado hacia un triunfo incontestable por el rendimiento que había mostrado el McLaren, se bajó del coche por un problema en la caja de cambios.
Hamilton inquietaba seriamente a Alonso. Era dueño de la carrera y del caudal de puntos que reducirían la diferencia en el Mundial. Se avistaba un paisaje de seis finales y solo 20 o 25 puntos de distancia. Cuando el McLaren se detuvo, el español respiró aliviado. El bólido inglés había vencido en las últimas tres carreras y obtenido la 'pole' en las últimas cuatro.
Hubo demasiada densidad en la maravillosa carrera nocturna de Singapur, que no concluyó en las 61 vueltas previstas sino a las dos horas de su inicio. Dos coches de seguridad la ralentizaron y amenazaron con modificar el podio.
No fue así. El abandono de Pastor Maldonado por un fallo mecánico del Williams despejó el camino para Alonso. La sucesión de paradas y cambios de ruedas en el abrasivo calor húmedo de Singapur no alteró en exceso el ritmo de los monoplazas. Alonso conservó su quinta posición en la salida y avanzó según se fueron retirando los rivales por delante. Sin Hamilton y Maldonado, apuró un tercer puesto con sabor a oro.
Vettel llevó el Red Bull a la victoria sin la pujanza de antaño. Los coches alados no vuelan a ritmo sideral en 2012 y los pilotos tampoco marcan diferencias. Vettel es una centella cuando dispone del mejor material, pero no cuando los motores son del montón. Ganó en Singapur, pero no parece tan poderoso como Hamilton con el McLaren.
Al finalizar la carrera, la preocupación del piloto español residió en la falta de velocidad del Ferrari respecto a la competencia. Alonso lleva todo el año sacando petróleo de un buen coche, magnífico en Monza y en Alemania, pero no tanto en otras plazas. La regularidad y el instinto competitivo le han aupado al jersey amarillo, pero mientras Massa se dispersa en intervenciones sin luz a bordo de un monoplaza que no es ganador.