No hay prisa para tomar una decisión final sobre el rescate español. El ministro de Economía, Luis de Guindos, descartó ayer desde Chipre la existencia de ningún tipo de «limitación temporal» para que el Gobierno aclare si volverá a pedir auxilio, una incógnita que sobrevuela los mercados desde hace semanas. De Guindos remarcó que el gran reto del Ejecutivo pasa actualmente por cumplir con el déficit fijado para este año. Pese a las dudas expresadas por distintos analistas, insistió en que los recortes de 65.000 millones aprobados en julio serán «suficientes» para reducir el desfase presupuestario hasta el 6,3% pactado con la UE.
De Guindos compareció al término de la cumbre de dos días de los titulares europeos de Economía en Nicosia. Con cierto aire optimista, quitó hierro a las urgencias que se escuchan a diario por toda Europa y rechazó la necesidad de pronunciarse de forma inminente sobre el posible rescate. Justificó su actitud por la evolución registrada en los mercados después de que el BCE anunciara su plan para comprar deuda de forma ilimitada.
El propio emisor del euro admitió al presentar su plan de adquisición de bonos que los inversores castigaban en gran medida a España e Italia por su miedo al colapso de la moneda única. De Guindos hizo ayer suyo el discurso del BCE y el Eurogrupo. «Más que pedir un rescate o no, lo importante es cumplir con el déficit y aplicar las reformas que necesita España», proclamó.
En el primer apartado, el titular de Finanzas pronosticó que los ajustes aprobados en julio serán «suficientes» para alcanzar la meta de gasto de este año. Bajo esta premisa, el Gobierno no tendría que volver a meter la tijera más allá de los 65.000 millones que se ahorrarán hasta 2014. De esta cantidad, 13.500 millones corresponden a lo que queda de ejercicio.
Discrepancias
El primer debate sobre la unión bancaria dejó un poso de división entre los socios de la UE. Los ministros de Economía de los Veintisiete analizaron ayer la propuesta de la Comisión para crear un supervisor único para las entidades. El plan incluye la recapitalización directa del sector, lo que eliminaría de las cuentas públicas españolas el peso del salvavidas de 100.000 millones para la banca.
La unión bancaria prevé transferir al BCE los poderes necesarios para supervisar los 6.000 bancos de la zona euro. Alemania reiteró en Chipre su oposición.