«La puerta de ese bajo estaba semiabierta, dio la casualidad que me metí allí. Yo estaba buscando por los contenedores, yo no iba a robar butrones». Ésta fue la explicación que David N. I. ofreció ayer a la sala del Juzgado de lo Penal número 3 de Murcia, donde fue juzgado por un delito de robo con fuerza en las cosas. En concreto, por el butrón que frustraron los dos propietarios de Oro D'Italia, cuando advirtieron que en la pared de un bajo comercial contiguo, en el edificio Athenas, existía un agujero que daba a su negocio de compra y empeño de oro.
Los hechos se produjeron en la noche del pasado ocho de agosto, cuando los hermanos Joaquín y Vicente Martínez, tras hacer guardia a las puertas de su negocio sorprendieron a David «entrando y saliendo del bajo comercial», según afirmaron ayer a la Sala. De hecho, los dos propietarios de este establecimiento fueron los que practicaron la detención hasta la llegada de las patrullas de la Policía Nacional.
Un hecho que se produjo a las cero horas y quince minutos, que ayer fue corroborado por dos de los agentes que declararon en la vista, mientras el acusado aseguró por activa y por pasiva que «entré al local porque pensaba que había hierros y metales en el interior. A esa hora yo iba recogiendo chatarra de los contenedores, ese local estaba negro como la boca del lobo. El butrón ni lo vi», zanjó David N.I. que precisamente reside en Santiago el Mayor, a poco más de 50 metros del lugar de los hechos, en Ronda Sur.
Toxicómano con historial
El Ministerio Fiscal solicitó a la Sala que fuese declarado culpable de robo con fuerza en grado de tentativa, «porque no son creíbles sus explicaciones. A la hora que era esperado, David apareció allí». La pena de cárcel no superaría los once meses.
A esta petición se sumó la acusación particular, añadiendo el agravante de reincidencia, ya que el acusado fue condenado en enero a seis meses de cárcel por otro robo con fuerza. La acusación también solicitó que no se tuviese en cuenta el actual proceso de desintoxicación al que se somete David, en un centro de atención a drogodependencias, por el que cada semana recibe su dosis de metadona. Éste último fue uno de los dos argumentos que la defensa esgrimió para solicitar la absolución total de su cliente.
El otro se centró en defender que «no se le puede acusar de entrar a un local», al considerar la defensa que «no hay indicios» que demuestren que David fue el autor material del butrón del citado establecimiento. El caso quedó visto para sentencia y el acusado fue llevado a la cárcel de Sangonera la Verde.