Es uno de los lugares más mágicos de la costa cartagenera, uno de esos espacios desde donde se divisa un Mediterráneo de aguas cristalinas que se funden con la montaña. Y debido a ese entorno especial el establecimiento incita a los clientes más madrugadores, aquellos que acuden al desayuno, a que dejen plasmados sus pensamientos, unas sensaciones que luego son recogidas en un libro titulado 'Pensíerí' que se edita al final del verano.
La discoteca Cala Reona es mucho más que noche y fiesta; que farándula y copas. Es el lugar perfecto para pasar el día, desde el desayuno hasta el atardecer, allá por las nueve y media de la noche. Es entonces cuando el local cambia la música tranquila por una mucho más marchosa y enciende las luces de colores que iluminan las palmeras y las buganvillas de color fucsia.
A media tarde llegaban al lugar un grupo de amigas que quería poner el broche a la comida que les había organizado en su casa Luis Picazo. «Es el lugar perfecto para pasar un rato», reconocía Teresa Balanzat, acompañada por María Rincón, Leonor Inglés, Pilar Tortosa, María Pallarés, María José Tortosa, Dolores Hidalgo y Mar García.
En una de las mesas charlaban Silvia Egea, Ana Martínez y Amalia Peñalver, quienes aseguraban que el sitio pasaba por «uno de los más interesantes de la zona». Los que se mostraron algo nostálgicos fueron un grupo de amigos que se concentraban en una de las mesas altas del local. Jorge Caracena, Sergio Martínez, Guillermo Martínez, Juan Belchí, Antonio Cuenca y María Carmen Martínez, rememoraban los años setenta y ochenta en los que Cala Reona era un referente nocturno.
Mientras, el Dj José Rives no dejaba de pinchar música y explicaba «que el concepto de la tarde es muy diferente al de la noche. Esta no es música para bailar sino para relajarse, tomar un mojito y ver el mar en las tumbonas que tenemos a pie de playa». Ya al anochecer, el lugar organiza numerosas fiestas temáticas como la que se celebró ayer bajo la denominación de Flower Perry, con temas de los años sesenta y setenta, explicaba Neli Ribero, encargado de la parte artística del local.
Juan Celdrán, Curro Díaz Cerio, Carmen Martínez, Carlos Celdrán, María Martínez, Patricia Recio y Carmen Ramalleira, algunos de ellos de Madrid, tomaban unas cervezas en las mesas más próximas a la playa. «Este lugar es perfecto para pasar las tardes de verano, las vacaciones hay que aprovecharlas y aquí se está muy bien, el sitio es muy agradable», reconocían.
Arantxa Ávalos, María Ángeles Martínez, Ana Belén Ávalos, Fran Zamora, David Meroño y Manuel Valverde tuvieron la oportunidad de conocer algunos de los artículos puramente veraniegos, como pareos y collares exóticos traídos de la India, Brasil e Indonesia, de la tienda de la discoteca. Su propietaria, Raquel Lapaz, comentaba que el verano está resultando agradable y rentable para ella «pese a la crisis» porque a la gente le gusta salir y expansionarse.
Martín García y Tania Fandiño disfrutaban de un espectáculo playero en el que se divisaba una joven jugando con palos de fuego allá por el horizonte. Y el grupo de amigos compuesto por Óscar Matas, Raúl López, Samuel García, Víctor Fernández y Miguel Ángel Mengual no dudaron en desplazarse de Caravaca para disfrutar de algo diferente.
Sara Rodríguez, Carlos López, Cristina Ocaña, Pablo López y la periodista María Pina, quien celebraba su cumpleaños, fueron muchas de las personas que prolongaron su estancia en el lugar mucho más allá del atardecer. Un local que cerrará sus eventos el próximo 30 de agosto con una fiesta original ambientada en Ibiza en la que diez músicos harán el ritual de la luna llena.