Dioniso, el dios del vino, era hijo de Zeus (el rey de los dioses). Vivía rodeado de locura, éxtasis y frenesí en cantidades exageradas. Morfeo, el dios de los sueños, era hijo de Hipnos (el sueño) y Nix (la noche). Se dedicaba a inducir los sueños de quienes dormían. Terminó fulminado por Zeus por revelar a los mortales secretos que había descubierto en sus sueños.
Salvando las distancias, la mitología griega puede representar, en estos dos personajes, la relación que mantienen en cualquier ciudad los propietarios de los bares de noche y los vecinos de esas zonas. Se trata, en la mayoría de los casos, de relaciones tensas, pero las partes están condenadas a entenderse.
La actualidad ha hecho que el asunto vuelva a cobrar vida después de que los empresarios hayan logrado ampliar el horario de cierre durante la época estival. Pero sus intenciones van más allá. Hostemur y Hostecar, las Federaciones de Empresarios de la Hostelería de Murcia y Cartagena, han solicitado a la Consejería de Presidencia el mantenimiento del horario de verano durante todo el año. Así, los bares especiales (450 en la Región) cerrarían a las 3.30 de domingo a miércoles, y a las 4.00 los fines de semana. Y las 150 discotecas murcianas tendrían las puertas abiertas hasta las 6.30 y hasta las 7.00, respectivamente. «Es más que necesario. Nuestras razones reflejan la realidad actual de la Región de Murcia», afirma Pedro Martínez, presidente de la Asociación de Pubs de la Región. «Tenemos una ley muy antigua, Murcia es la comunidad autónoma más restrictiva después de Extremadura, y hay un cambio de hábitos por la evolución social; la gente sale más tarde y se recoge más tarde». Martínez añade que la crisis está sacudiendo fuertemente el sector: «En los últimos seis meses han cerrado más de veinte bares solo en el centro de Murcia». Por todos estos factores, el representante de los pubs murcianos asegura que «la única salida es la unificación horaria. No estamos pidiendo nada loco ni caprichoso, es algo estrictamente necesario para nuestra actividad y estamos convencidos de que se hará».
En cuanto a los problemas vecinales, Martínez se muestra dispuesto a dialogar con los colectivos y explicarles que «una salida escalonada de los clientes evitará las aglomeraciones en las calles, porque cuando la gente está en la calle, no depende de nosotros. Es una cuestión de educación, de civismo». Admite que la convivencia de unos y otros es necesaria «dentro de un orden» y afirma con rotundidad que sus reivindicaciones «no eximen de cumplir las normas en vigor, como respetar las horas de cierre o la recogida de las terrazas. Pero que nos den un margen para poder subsistir».
«Totalmente en contra»
Leandro Sánchez, presidente de Cavermur, la Confederación de Asociaciones de Vecinos de la Región, explica que «entendemos la situación de los empresarios y que intenten mejorar sus beneficios como particulares, pero nosotros defendemos el interés general y estamos totalmente en contra». Sánchez está molesto porque los hosteleros y la Administración «no se han dirigido aún a nosotros. Estamos dispuestos a sentarnos, pero todo tiene un límite: ampliar el horario de manera deliberada todo el año, no». El representante vecinal señala que el ruido provocado por la existencia de bares en zonas residenciales crea situaciones de «verdadero infierno, sobre todo para los más indefensos, que son los niños y los mayores». Sánchez indica que «echo de menos la participación de los vecinos y la elaboración de un estudio acústico de zonas como el barrio del Peral de Cartagena o el centro de Murcia».
Mucho más tajante es el presidente de la asociación No Más Ruido, Pedro Pérez Piernas: «El consejero de Presidencia nos dijo en abril que iba a conciliar intereses, pero no ha tenido en cuenta el respeto al descanso. Eso del consenso es una tontería. Estamos diciendo que no, no hay consenso que valga. Si su negocio me molesta, no voy a estar de acuerdo con ninguna ampliación». Para Pérez, «lo peor es que la Administración, que debe actuar de árbitro imparcial, beneficia a unos pocos», y se pregunta «qué tienen los empresarios para que a ellos se les dé unos privilegios y a nosotros no». Pérez admite estar en tratamiento con ansiolíticos, «y como yo hay miles de personas. Hay que recordar que antes que los bares, estábamos las personas viviendo en las ciudades», concluye.
Estos dos colectivos vecinales coinciden al afirmar que las inspecciones, que deben ejecutarse por parte de los ayuntamientos, no son suficientes y que las normas no se cumplen. Pedro Martínez contesta con firmeza: «el que no cumpla, que se le sancione». También ofrecen la misma solución al problema; que se establezcan zonas recreativas y de ocio donde no haya viviendas, como los polígonos. El representante de los pubs responde: «No podemos hacer ciudades desiertas, sin actividad. Nuestro sector también es un atractivo turístico».
Archena y La Curva
Uno de los casos con mayor repercusión fue el ocurrido en Archena en 2009, cuando los tres propietarios del pub Fraggle Rock fueron condenados a dos años y medio de cárcel y una multa de catorce meses por un delito medioambiental; por la emisión de ruidos que afectaron la salud de seis vecinos. Precisamente esta semana el Gobierno les concedía un indulto parcial, que reduce la pena a dos años, lo que evita la entrada en prisión si se carece de antecedentes. Para Emilia Ibáñez, Sergio Ibáñez y Ascensión García «es una gran alegría y una tranquilidad, pero seguimos pensando que fue una injusticia». Afirman que las mediciones acústicas «nunca se hicieron en el interior del local. La música estaba en la calle porque el Ayuntamiento había contratado a una empresa de sonido para las fiestas patronales de 2004». Los tres vecinos de Archena están ahora a la espera de que se pronuncie el Tribunal Constitucional, al que recurrieron convencidos de que «éramos inocentes», informa Patricia O. Marco.
Cinco pubs de La Curva de Lo Pagán han abierto este verano sus puertas después de que una sentencia judicial ordenara hace cuatro años su cierre por problemas urbanísticos y vecinales. Jesús García, propietario del Magallanes, lleva veinte años en la zona. «Soy de los empresarios de la primera época de La Curva, y creo que hemos mejorado mucho en calidad». García es partidario de la ampliación horaria, aunque los locales de esta zona, catalogados como tablaos flamencos, tienen su propio régimen de cierre. En verano hasta las 4 de la madrugada, y los fines de semana hasta las 4.30. En invierno, una hora menos. Enrique Mendoza, del Santa María, defiende que su gremio genera «mucho trabajo» y puntualiza que «los hijos de los que protestan también vienen». Más crítico se muestra Josechu Ortega, del Bastilla: «Que se amplíe el horario a todo el sector de la hostelería, porque se aprecia que la gente sale más tarde». Kuki Keller, de La Chabola, reclama «horario libre como los chinos, pero sin molestar a nadie».
Fulgencio Pagán es abogado de la Asociación Juristas contra el Ruido: «El problema es que los horarios no se están cumpliendo, no hay ningún control, así que espero que no se amplíen». Pagán lleva en estos momentos dos casos, uno en Cartagena y otro en Águilas, de particulares contra locales por incumplimiento de normas, ambos por vía penal. «Es el único cauce para conseguir erradicar el problema. Se han ganado dos casos por otras vías, con indemnizaciones a los afectados, pero la actividad continúa». El letrado admite que le llegan muchas consultas a su despacho y recomienda que se hagan mediciones y grabaciones para aportarlas como pruebas. «Lo mejor es reclamar en bloque y en número».
En el Olimpo de los Dioses, donde habitaban Dioniso y Morfeo, había lugar tanto para el esparcimiento, como para la relajación. Aquí, en el mundo de los mortales también, porque, al fin y al cabo, todo es cuestión de actitud.