Cefalea tensional crónica, hipertensión, insomnio crónico, sobrecarga emocional, ansiedad... Todos estos males aparecen en el informe médico de Fina García Cano, una vecina de la murciana plaza de Sardoy, en el barrio de San Lorenzo-Universidad. Su vivienda, en un cuarto piso, da a la calle Victorio, donde se concentraban cuatro pubs que, asegura, llevan haciéndole la vida imposible 22 años: «Me parece bien que cada uno se busque la vida como pueda, pero sin fastidiar a los demás». Fina se crió en este barrio y «no quiero irme a otro sitio, como muchos me han insinuado. Lo que he hecho ha sido aislar el suelo y poner las ventanas con doble cristal», para minimizar las molestias.
«Ahora estoy mejor porque en diciembre cerraron el pub que había justo debajo de mi casa, que hacía que subieran las vibraciones de la música por los pilares del edificio», asegura. En octubre, testificará en un juicio contra la dueña del local tras la querella presentada por la sección de Medio Ambiente de la Fiscalía de Murcia. «El fiscal vino a mi casa con dos guardias del Seprona y se pasaron toda la noche midiendo el ruido que se oía. El fiscal decía 'esto es insoportable, no se puede vivir así'». Fina asegura haber pasado «veinte años sin soñar, ya ni me acordaba de que se soñaba», pero aún quedan otros tres bares y una asociación de cannabis «que han puesto en la misma calle». Los ruidos y las molestias se suceden cada madrugada, «da igual que sea invierno o verano. Hay veces que puedo dormir y otras que no, y me levanto temprano para ir a trabajar».
Esta vecina supo el martes por este diario que los empresarios de pubs y discotecas quieren prolongar durante todo el año el horario de verano: «Cuando lo leí, me enfadé muchísimo y me fui corriendo a San Esteban. Al día siguiente, el consejero de Presidencia me recibió». Fina llegó a la sede del Gobierno regional con una abultada carpeta llena de denuncias y expedientes, pero lo que mostró a Manuel Campos fue mucho más evidente: «Le puse un vídeo de lo que pasa por la noche debajo de mi casa y se quedó sorprendido. Me dijo que iba a enseñárselo al presidente y a los consejeros».
Fina lo tiene claro: «Me niego a la ampliación, porque además hay una densidad de bares en las calles del centro que también deberían limitar. Yo lo que propongo es que se organicen los barrios por sectores, y que se limite el horario dependiendo de si es una zona residencial como ésta, o no residencial como las Atalayas». Esta vecina considera también que las inspecciones por parte de la Administración a estos locales de ocio no son suficiente; «si es que con que cumplan las leyes que ya hay, yo me conformaba». Fina pide que la Policía «controle de forma efectiva, porque echan la persiana y se quedan dentro hasta altas horas de la madrugada».