La nueva faceta de reportera de Aída Nízar (Valladolid, 1977) le está jugando alguna que otra mala pasada. La polemista de 'Sálvame' (Telecinco) recoge en su página web las denuncias de los espectadores y trata de buscarles solución en 'Sálvese quien pueda'. Hace unos días puso rumbo a El Robledo, Ciudad Real, donde los vecinos se quejan de la conducta de bañistas de etnia gitana que acuden a refrescarse al río. Terminó siendo agredida.
- ¿Qué tal se encuentra?
- No me preocupa la bofetada. Lo que más me preocupa es que ahora en El Robledo hay una infinidad de personas que están sufriendo muchísimo. Eso es lo que le duele a Aída.
- ¿Qué ocurrió para que se incomodasen?
- Se empezaron a sentir incómodos nada más ver las cámaras porque saben que la gente está cansada de ellos. Todo un pueblo está atemorizado por esta panda. Vieron las cámaras y pensarían: 'Uy, nos han pillado'.
- Con el carácter que usted tiene, sorprende que solo respondiese con palabras.
- Aída es una gran desconocida. Ahora se está viendo mi capacidad para ayudar. De nada servía que me enfrentara a ellos. Las mejores hostias no se dan con la mano, sino con la verdad y con una cámara para poder hacer público lo que allí está sucediendo.
- No cree que muchos la tratan con cautela solo por la mala fama que tiene.
- No, de verdad. He sido recibida con mucho cariño en los lugares donde la gente no tiene nada que esconder y, como a cualquier otra, se me recibe con uñas donde hay algo que esconder. Pero al contrario de otros reporteros, yo tengo la fuerza para decir: 'Aquí estoy yo y esto se hace público pese a quien le pese'.
- No se puede negar que sabe cómo buscar las cosquillas.
- No, no es buscar las cosquillas. Yo lo que hago es preguntar de manera absolutamente directa, sin rodeos. Tal y como soy en mi vida personal.
- Vamos, preguntas políticamente incorrectas.
- 'Es la persona más políticamente incorrecta que he conocido y con las piernas más bonitas'. Eso lo escribió Javier Sardá en el prólogo de mi libro. No nací para ser políticamente correcta. Para eso me dedicaría a presidir una ONG. Ayudo al necesitado desde la verdad. Sería más fácil sentarme en el plató a discutir de la última polémica de Belén Esteban, pero elegí esto.
- Usted es de las que piensan que en el amor, en la guerra y en la televisión, todo vale.
- No sé si todo vale o no, pero jamás alguien me va a impedir grabar un reportaje. ¡Sabe Dios que es cierto! En parte porque tengo el mejor equipo. Porque las imágenes de El Robledo se tomaron también gracias al cámara, Raúl, a Vero y a Gemma, el alma a la sombra de 'Sálvese quien pueda'.
- ¿Aunque lo consiga a base de provocación?
- Mi mera presencia provoca. Eso en la tele, como decía Sardá, es el mejor ingrediente. Provoco reacciones que otros serían incapaces.
- En un sondeo reciente aparece entre los personajes más antipáticos. ¿Qué le parece?
- Lo que me preocupa de ese sondeo es que el 14% de los encuestados todavía no me conoce. ¿Y que la gente no me quiere? ¿De verdad no quererme es que 'Sálvese quien pueda' tenga una media de tres millones de espectadores, cuando la de 'Sálvame' es de un millón y medio? No he ido a la tele a ganarme el cariño de nadie. Además, en la tele no se hacen amigos. Una señora me dijo: 'Aída, si tú hablas de esto se me escuchará'. Me quedo con eso.
- ¿Cuál es su fin en la tele?
- Que 'Sálvese quien pueda' se convierta en un programa. No por egocentrismo, sino por tener más tiempo para ayudar. Y por supuesto, tener el reconocimiento de un merecido TP de Oro. No pararé hasta conseguirlo.