Hay robos que requieren de técnica, otros son estudiados previamente al milímetro y en muchos 'palos' a establecimientos comerciales se utiliza la fuerza. Pero David N. I. declinó estas tres opciones y tiró de paciencia, mucha más que el santo Job, para, supuestamente, abrir un butrón en la pared de un negocio de compra de oro con la única ayuda de una linterna y un destornillador casero.
Durante quince días estuvo picando, pacientemente, la pared de Oro D'Italia, un establecimiento de compra de oro y empeño situado en Ronda Sur. Lo hizo desde el bajo comercial de al lado, justo en el edificio Athenas, que está vacío y cuyo alquiler se oferta. David no pagó nada porque cada medianoche se colaba en el interior del local, forzando la puerta con unos alicates, para, acto seguido, picar y picar durante toda la madrugada. Su destornillador se abrió camino a través del ladrillo, el cemento y todo lo que se puso por delante hasta llegar a 'la meta': la pared de Oro D'Italia.
«Un ruido extraño»
Después de medio mes de 'trabajo', este presunto caco cometió tres errores de bulto. El primero, romper su 'modus operandi' y picar en la pared en la tarde del martes, en vez de hacerlo por la noche como siempre. El segundo, ser visto por varios vecinos de la zona colándose en el local, y el tercero, confiarse en exceso y subestimar a los dos propietarios del negocio. La dependienta de Oro D'italia escuchó en la tarde del martes «un golpe fuerte, un ruido extraño». Durante todo su turno le estuvo dando vueltas al asunto, hasta que en la hora de cierre (20.45 horas), «vi que se había desprendido un trozo de pladur de la pared».
Extremo que puso en conocimiento de los dueños, los hermanos Joaquín y Vicente Martínez. Ambos se personaron en el local e hicieron de detectives hasta localizar la supuesta base de operaciones de David. «Entramos en el bajo de al lado y vimos el butrón prácticamente terminado». La cosa estaba a punto de caramelo, solo quedaba la capa de pladur y el caco podría campar a sus anchas por el establecimiento. «Llamamos a la Policía Nacional y se lo enseñamos». Los agentes dieron parte al cuartel de Murcia, pero estos dos empresarios fueron más allá y se jugaron el tipo por su negocio. «Sabíamos que esa misma noche regresaría y decidimos hacer guardia».
Ni el mejor guión hollywoodiense hubiese firmado el final que protagonizaron Joaquín y Vicente Martínez. Desde el interior de sus coches, aparcados frente al bajo comercial, hicieron guardia en la noche del pasado martes hasta ver «al ladrón meterse en el local a las doce y cinco minutos». Fue entonces cuando «nos subimos en la acera con los coches y los pusimos en la puerta del bajo para que no tuviese ninguna escapatoria». Joaquín y Vicente no pensaron si el caco estaba armado o si tenía compinches en la zona, fueron a pecho descubierto «a por él». El caco había empezado a abrir el butrón pero se asomó por la puerta ante el ruido de los coches, «lo cogimos y lo tumbamos en el suelo y llamamos a la Policía, mientras que el ladrón nos pedía que no le pegásemos». Hasta el lugar de los hechos se personaron seis patrullas que le colocaron los grilletes al español David N. I.
Tras frustrar el robo, los dueños de Oro D'Italia advierten a navegantes que «vamos a forrar la pared con vigas de hierro de punta a punta». Según parece, seguridad privada no precisan, para eso ya están estos dos 'empresarios duros'.