Francisco González Marín es de la pedanía murciana de El Raal. Creció entre tubos de escape de las motos y parches para las bicicletas del taller familiar. Aunque se licenció en Químicas en la Universidad de Murcia, lo suyo siempre ha sido el mundo de las letras. Conjuntamente con una castellonense, Fefa Martí Maldonado, acaba de presentar una novela en Madrid, 'Un taxi para Priden', obra que tiene previsto presentar en Murcia en septiembre.
-¿Cuándo descubrió que le gustaba escribir?
-No es un gusto, es una necesidad. Cuando naces, descubres que tienes hambre, una necesidad corporal; escribir es una necesidad mental, así que la descubres cuando alcanzas eso, últimamente tan escaso, que llaman uso de razón. Entonces te enfrentas ante el folio en blanco y, a través de la pluma, empiezas a conversar contigo mismo, una de las que llaman formas de conversación inteligente.
-Y de ahí, a una novela&hellip
-Pues sí. Tengo escrito de todo, poesía, teatro, alguna novela más, multitud de relatos, etcétera. En una parte del 'taxi' Max le dice a Eva: «Todos tenemos una novela dentro»; y ella le responde: «Tú lo que tienes, es mucho cuento»; pues bien, escribir se trata de eso, tener mucho cuento y atreverse a contarlo.
-Cuénteme algo de la novela.
-Es una novela curiosa, inteligente, original, tierna y divertida. Después de este ejercicio de modestia, tan propio de mí, añadiré que ésta es una novela que debería servirse con manual de instrucciones, de lectura en este caso; porque al estar escrita de una manera especial hay que leerla de una manera especial.
-¿Cómo está escrita?
-Es una especie de ejercicio literario. De entrada la escribimos dos personas, un hombre y una mujer; así se ha escrito la historia del mundo. Fefa Martí y un servidor; ella se encarga de la mujer protagonista y yo del hombre; nos metemos cada uno dentro de un personaje y lo gestionamos hasta el final, con todas las consecuencias, escribiendo en primera persona; y así es como se ha de leer.
-¿Qué quiere decir?
-Pues que al ser una novela singular, hay que leerla en primera persona del singular; te has de meter en la piel de los protagonistas, si eres mujer en la de Eva y si eres hombre en la de Max; leer de ese modo y olvidarte de todo lo demás. «Ama y haz lo que quieras», dice San Agustín. Lee y no te preocupes del resto, corresponde con este libro; sobre el resto, Dios proveerá. Es una novela muy de 'Dios proveerá'.
-¿De qué trata?
-De dos vidas rotas, deconstruídas que, por obra del azar coinciden, se cruzan, se solapan y se reconstruyen en un pueblo de la montaña olvidado de Dios; pero esto es un decir, porque Dios no se olvida de nada y mucho menos de las almas rotas, son su especialidad. De alguna manera las repara y encuentran un final, y un final feliz, abierto pero feliz. Se cuentan sus interacciones con muchos personajes del pueblo, Priden, y todo ello en un tono irónico, cínico, tierno, sensual. Parece como si estuviese ante usted para hablar de mi libro.
-Eso parece&hellip
-Pues no es así; en realidad he venido a hablar de los libros en general, del libro como magia, de su olor.
-¿A qué huelen los libros?
-Un libro, cualquier libro, nuevo o viejo, al abrirlo tiene un olor incomparable, característico, que nunca tendrán los 'e-books'. Hay que esnifarlos antes de empezar a leer, en ligeras dosis, porque acaban siendo droga pura, eso sí, benéfica; y luego, con el 'taxi', seguir el manual de lectura que indiqué anteriormente. Nadie se va a arrepentir de hacerlo, incluso diría que es un libro muy de playa.
-¿Es hinchable? ¿Flota?
-Bien, como en los buenos libros, flota quien lo lee; pero no me refiero a eso, sino a que está construido por capítulos cortos que permiten la secuencia 'capítulo-protector solar-baño-capítulo-protector solar, etcétera'; incluso diría algo más
-¿Aún más?
-Sí. Reivindico el papel protector de los libros, son un factor de protección contra el abrasador sol económico financiero que hoy nos inunda y oprime. Un libro siempre protege, refresca y evade.