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El tranvía que quiso romper el corazón de Murcia

MURCIA

El tranvía que quiso romper el corazón de Murcia

21.07.12 - 00:36 -
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La puesta en marcha del tranvía en Murcia, el 11 de mayo del 2011, y la posibilidad de ampliación de su recorrido, penetrando por la Gran Vía Salzillo, fueron y son motivos de opiniones enfrentadas. ¿Debe el tranvía acaparar en exclusiva tan céntrica zona? Cada cual quiere lo mejor para sí mismo; por esto, hace cerca de ciento veinte años, también se pretendía poner en marcha una línea, que circunvalaría la Catedral y discurriría por la mismísima Trapería, plaza de Santo Domingo, Romea, Santa Teresa... También, se dice ahora que el tranvía puede ser un serio contrincante para la supervivencia de autobuses urbanos. ¿Recuerda alguien que autobuses fueron los causantes de la desaparición del primer tranvía que funcionaba en Murcia?
En numerosas ciudades españolas, el tranvía era ya un medio de transporte urbano en los años setenta del siglo XIX. En Murcia, sería el 12 de diciembre de 1881, cuando 'La Paz' afirmaba que «toma importancia el asunto del tranvía de Murcia a Lorca, y parece que en breve se hará el estudio de otro más importante aún, que unirá con la capital muchos y notables pueblos de la provincia, para lo cual ha remitido á Madrid un amigo nuestro una serie de datos que prueban gran estudio y conocimientos. Celebraremos que dentro de poco Murcia sea el centro de varias líneas férreas, como ésta, llamada ser por su posición geográfica y su riqueza natural». De esto, nunca más se supo; pero sí, el 24 de julio de 1884, se comentaba el interés por el tranvía entre Murcia y Alcantarilla. El abogado del Estado José María Díaz Cassou era autorizado a realizar el estudio de este proyecto, aunque habría que esperar hasta agosto de 1892, para disponer de los planos de «un tranvía de tracción animal y de vapor». El valenciano Luis Ibáñez era el solicitante de esta obra. Mientras tanto, en Cartagena, el 5 de agosto del citado año, quedaba «listo para funcionar el primer trozo de línea del tranvía, que es el comprendido entre San Antonio Abad y el Muelle».
El tranvía en la capital, de tracción animal, arrancaría de la Plaza de Santo Domingo, y seguiría por las calles Capuchinas, Santa Teresa y Cadenas, hasta Puertas de Castilla, «donde se bifurcará, dirigiéndose una vía a Espinardo, y otra, a la estación de ferrocarril»; desde aquí hasta Alcantarilla, sería tranvía de vapor. Dos millones de pesetas se habían depositado para la ejecución de las obras.
El 21 de abril de 1893, se hablaba de otro trayecto, que penetraba más en el mismo corazón de la ciudad: Desde la estación de ferrocarril por la calle de Floridablanca, Alameda de Colón, y plaza y calle de Camachos, Arenal, Belluga, Apóstoles, Oliver, Hernández Amores, Trapería, Santo Domingo, Romea, Desengaño, Capuchinas, Santa Teresa, Val de san Antolín y el Plano. El tranvía de Murcia a Espinardo enlazará en el val de San Antolín con las anteriores y por las calles de Cadenas, Acequia y San Antón seguirá su destino. El de Alcantarilla partirá del Plano y, tomando la carretera de Cartagena, pasará al empalme de la de Murcia-Granada, que seguirá hasta su destino».
Había quien opinaba que, para Alcantarilla y Espinardo, el tranvía sería beneficioso; pero «no va a resultar muy favorable para la infinidad de los tartaneros de ambos pueblos y de Murcia. De todos modos, el dicho tranvía viene despacio. Aún quedan tartanas y tartaneros para rato».
Aliviar la crisis
Los ayuntamientos de Murcia y Alcantarilla aprobaron el proyecto, pero faltaba el informe de la Comisión Provincial y el visto bueno de Fomento. El tranvía entrañaba «una importante mejora», que también proporcionaría trabajo a numerosos obreros, «lo que aliviará algún tanto la horrible crisis que por todas partes nos amenaza La Comisión Provincial acordó, el 18 de mayo de 1894, que el tranvía fuese solo de fuerza animal «para que su explotación se verifique en condiciones más ventajosas».
No sería hasta el 25 de agosto cuando se publicó la Real Orden que aprobaba el proyecto. Solo faltaba que «el concesionario ponga manos a la obra». El anuncio de la subasta de las obras se publicó el 17 de abril de 1895; pero pasaban los meses en vano. En julio se constituyó, ante el notario Juan de la Cierva, la sociedad arrendataria, integrada por Francisco Peña, como presidente del Consejo de Administración; Jerónimo Ruiz Hidalgo, Mariano Girada, Atanasio Abellán, Luis Ibáñez, Joaquín García, Enrique Pagán, Isidoro de la Cierva, José CIemares y José Cayuela. Eran hombres «de negocios limpios y prudentes y calculadores, al par que laboriosos», escribía 'El Diario de Murcia'.
En diciembre, por fin, «se estaba trabajando en la medición para la colocación de los raíles en algunas calles». Y, de modo jocoso, se publicaban el Día de los Inocentes estos versos: «Cuando pongan el tranvía / desde la ciudad a Espinardo / ya no tendrán que ir los muertos / hasta el cementerio andando». También se comunicaba que los vagones habían sido encargados al valenciano Vicente Lledró.
Fue el 23 de enero de 1896 cuando se inició la colocación de raíles. El ministerio solo autorizaba el uso de fuerza animal durante dos años. «Después tendrá que emplearse necesariamente el vapor». También se decía que iba a circular por la Glorieta, «lo que impediría establecer la feria en aquel sitio. Somos -afirmaba 'El Diario de Murcia'- de los que opinan que la Glorieta debe quedar libre para feria y paseos».
A lo largo del verano, las obras llegaban a su culminación. Hasta Córdoba se desplazó Francisco Peñalver, para adquirir los caballos que tirarían de los vagones, que también llegaron desde Valencia. Los murcianos acudieron a verlos, ya que «fueron expuestos con honores de espectáculo».
El 31 de agosto, 'El Diario de Murcia' informaba de su visita a la estación de tranvías, situada en los bajos y patio de la Posada del Malecón, «un inmenso local destinado a cuadras», para alojar a «39 vigorosos caballos» y coches «espaciosos, cómodos y construidos con una solidez a prueba».
El horario del servicio sería entre cinco de la mañana y ocho de la tarde, con salidas cada veintidós minutos. Los precios: 5 céntimos, de Murcia al Molino de Funes; 10, a Nonduermas; 15, a la fábrica La Providencia, 20; a Alcantarilla, 25.
La inauguración, aquel 2 de septiembre de 1896, fue presenciada por una multitud de murcianos, desde el Malecón y Plano de San Francisco, que celebraban el acto «casi como un festejo, y como una mejora». Era alcalde Enrique Ayuso Bonnemaison. El canónigo Ildefonso Montesinos, «derramó el agua bendita sobre la vía y hermosos coches con caballos, dispuestos para la marcha». La carretera «se encontraba encantadora, con su bóveda de verdura, con sus orillas risueñas y amenas, con las mil diversas y varias viviendas, en cuyas puertas emparradas ó sombreadas por árboles frutales, se veían las familias huertanas, que dejaban sus quehaceres del momento para ver pasar el tren resonante de los cuatro coches». En Alcantarilla, repicaron las campanas y «ramilletes de elegantes muchachas, bonitas y airosas expandían sus sonrisas». La banda de música interpretó numerosas piezas.
El regreso a Murcia se inició, tras una nueva bendición, cómodamente, «porque los coches son muy buenos y sus movimientos son suaves y acompasados». Ya en la ciudad, la comitiva se dirigió a la Fonda Universal, donde participó en una comida.
Martínez Tornel tomó la palabra, en nombre de Francisco Peña, para agradecer todas las ayudas y esfuerzos. También intervino el mentado canónigo: «En el nombre de Dios, cuando de Él se parte, todo prospera, todo florece, y lo menos es más, y con menos agua hay mejor cosecha y con menos rendimientos, mayores satisfacciones (...). El tranvía, facilitando las comunicaciones, poniendo los productos de unos pueblos al alcance de todos, favoreciendo las ventas y las transacciones, ha de dar vida al comercio e industria de Murcia, que tan abatidos están, y a los que deseo con toda mi alma, días de prosperidad». Se quedó tan pancho.
El tranvía empezaba «bajo los mejores auspicios». Incluso había quien lo tomaba por placer: «El domingo último, un imperial parecía una casa de tres pisos, que se lleva de juerga a sus inquilinos». En el primer trimestre, fue utilizado por 278.112 viajeros, que desembolsaron 39.583,20 pesetas; o lo que es igual: 1.554 viajeros y 221,13 pesetas al día. Pronto llegaría la cesión de uso a una empresa francesa, el cambio de tracción o la construcción de las líneas a Espinardo y El Palmar; pero son otras historias. Concluyeron el 8 de marzo de 1929, cuando el Rey firmó un decreto, «declarando caducados los expedientes de concesión de la línea del tranvía de Murcia a Espinardo, El Palmar y Alcantarilla». Los autobuses se habían 'cargado' al tranvía.
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El tranvía, a su paso por el Puente Viejo a finales del siglo XIX. ::FOTOS ARCHIVO MUNICIPAL

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Junto a la plaza de Camachos.

El tranvía que quiso romper el corazón de Murcia

Enrique Ayuso.



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