«Tienen miedo a las batas blancas porque en su país, cuando les ve un médico, mala señal». Lo dice Pedro Antonio Mira, de la Asociación Vacaciones en Paz, que ha hecho posible que 156 niños saharauis, que están pasando los meses de julio y agosto en la Región, puedan haberse beneficiado de una revisión médica, ocular y dental, a la que no tendrían acceso en los cuatro campamentos del Sahara: El Aaiun, Smara, Ausserd y Dajlai.
No anda equivocado porque en la sala de espera de la Clínica Universitaria de Visión Integral (CUVI), las risas nerviosas de estos pequeños supervivientes de la vida se entremezclan con una sensación de miedo a lo desconocido. Y es que se van a enfrentar a un retractómetro, una retinoscopia, un optotipo (...). Cosas inimaginables para la pequeña Nashra Bachir, de 9 años, que todavía trata de perder el miedo al ascensor. «El primer día fue horroroso; pensaba que la íbamos a meter en una caja», relata su 'madre' de acogida, Victoria Rigal. No es de extrañar que cuando Nashra se adentra a una de las salas del CUVI, Victoria la tenga que coger en brazos, y un optometrista le practique primero las pruebas a su 'mamá' murciana: «Porque se pensaba que el médico le iba a hacer algo». A la salida, Nashra recupera la sonrisa y, con ella, todo el 'staff' de l CUVI que colabora voluntariamente en estas revisiones, que ayer y hoy, se están llevando a cabo.
Estos exámenes son el complemento de la revisión médica que pasan los primeros días, en los que se les somete a analíticas para ver en qué estado vienen y prevenir alguna patología. La segunda fase son las revisiones dentales, ayer y hoy, en la Clínica Universitaria de Odontología del hospital Morales Meseguer, además de estas revisiones visuales.
En 2007, estos exámenes permitieron detectar una enfermedad de hígado a Brahim, un niño de 7 años, que nada más llegar a la Región y practicarse la analítica fue hospitalizado en La Arrixaca. «No sobrevivió», relata Teresa García, «pero al menos tuvo una oportunidad de luchar y estos exámenes son importantes para estos niños».
Una visión de lujo
Por extraño que pueda resultar, a pesar de la precariedad del sistema sanitario del Sahara (inspirado en el modelo cubano), «tienen una visión muy buena. No abusan de la televisión, no hay videoconsolas y tienen campos de visión amplios: todo el desierto. Resulta extraño que se den casos de miopía», explica el profesor del CUVI Félix Varona.
Las patologías más habituales suelen ser el 'Pterigium', una regeneración fibrovascular que crece invadiendo la córnea. «Una telilla que va cubriendo la pupila. Aparece por culpa del calor y si llega a cubrir el ojo totalmente, hay que operar». La otra patología es el 'ojo vago'. Ayer solo hubo un par de diagnósticos que, gracias a esta colaboración entre la Asociación Vacaciones en Paz y la Universidad de Murcia, permitirá que en los próximos veranos se les haga un seguimiento a los pequeños.
Entre ellos, a Mahyud Ahmed, de 8 años, que está deseando volver a subirse al retractómetro y «ver el coche». Su enorme sonrisa contagia a la optometrista Miriam Espejo, mientras que su mamá de acogida, Lucía Fernández, de Santo Ángel, afirma que «esta experiencia es una pasada; hace falta que más familias se involucren con esta iniciativa».
Para Yaslem Hassan, de 11 años, después de tres veranos en la Región, la visita al CUVI es hasta placentera porque a la salida recibe un chupachú. Un regalo impensable en su duro día a día en el Sáhara.