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Wiggins y Froome se quedan solos

CICLISMO

Wiggins y Froome se quedan solos

El líder y su gregario abruman en la crono y alejan a sus rivales

10.07.12 - 00:33 -
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A Wiggins le gusta subirse al rodillo tras cada etapa y pedalear allí tranquilo un rato para limpiar los músculos. Ayer cogió el rodillo y lo pasó sobre todos sus rivales. El reloj marcó el camino hacia París, la ciudad que espera ya al Sky.
En 2004, tras ganar el oro olímpico, Wiggins se dejó llevar. Pesaba 12 kilos más que ahora y estuvo al borde del alcoholismo. Entonces le hablaron de salir de la celda ovalada del velódromo y respirar el aire libre el Tour. Wiggins aprendió a soñar con el Tour viendo a Induráin, su modelo. Ayer, en 41 kilómetros contrarreloj, emuló al navarro. Su compañero Froome, segundo, fue su único rival y, aun así, cedió 35 segundos. A los demás los pasó por la trituradora: Evans perdió 1 minuto y 43 segundos. Nibali, 2.07. Menchov, un segundo más. Zubeldia, firme y sexto en la general, se dejó 2.20. Vandenbroeck, 3.09. Valverde, cuatro minutos. Schleck, cuatro y medio. «Desde la primera pedalada he sabido que iba a ser un gran día», dijo Wiggins, la voz del nuevo señor del tiempo, que ya tiene casi dos minutos de margen sobre Evans. Quiere ser como Induráin y se parece más a Anquetil. Espejos de altura en los que mirarse.
Los años acabados en '2' son puntuales. El 13 de julio de 1962, el cronista de L'Equipe Pierre Chany escribió: «Hay que haber visto esto al menos una vez en la vida para comprender lo que es la perfección». Aquella tarde, en el kilómetro 39 de la contrarreloj entre Bourgoin y Lyon (68 kilómetros en total), a Poulidor le dijeron que se apartara, que venía un tren. 'Poupou' se giró y lo vio: venía Anquetil, que había partido tres minutos después. En otro 13 de julio, el de 1992, cayó sobre el Tour un extraterrestre. Voló sobre los 65 kilómetros de la 'crono' de Luxemburgo. A 49 kilómetros por hora con el viento en contra. Esa vez le dijeron a Fignon que venía el tren. Se sorprendió. ¿Quién puede ser? Induráin le pasó tan rápido que le alborotó la melena. Fignon, en un gesto de admiración, levantó el pulgar de su mano derecha. 'Chapeau'. El navarro había salido seis minutos después. En la meta le sacó al segundo, su compañero y enemigo Armand de las Cuevas, tres minutos. Histórico. Al día siguiente, 'L'Equipe' ocupó su portada con una foto de Induráin y dos letras enormes: 'E.T.' ¿Cómo ilustrará hoy el diario francés la victoria de Wiggins?
La tecnología ha cambiado el corazón de sitio: ahora no está en el pecho, sino en la pantalla del pulsómetro. Pero, en el fondo, cada contrarreloj es la lucha contra uno mismo. Duelo interior. «Yo no me distraigo con los tiempos de los demás. Hago buenas 'cronos'. Sé hacerlas», apunta Wiggins. Es lo suyo: pegarse contra las manecillas. Ha disputado cinco finales olímpicas. «Pero es más emocinante la rampa de salida del Tour». Y partió. «Me sentía genial». De amarillo. Como Anquetil, el corredor de seda, el elegante, el que punteaba sobre los pedales. Como Induráin, el coloso de bronce, la estatua perfecta. Algo de todo eso hay en Wiggins, la nueva versión de dorsales antiguos.
Wiggins es un reloj. Tiene todas sus piezas: capacidad de concentración, confianza en sí mismo, gestión del esfuerzo... «En la parte intermedia he aflojado. Ha sido algo premeditado. Quería guardar algunas fuerzas porque sé que este tipo de etapas se ganan en los diez últimos kilómetros». Su compañero Froome apenas perdía cinco segundos en el kilómetro 16. En la meta, Wiggins le sacó 35. El dúo del Sky tiene bien agarrado el Tour. Les quedan los Alpes y los Pirineos. Y también una 'crono' final de 53 kilómetros. El plan A es Wiggins, el primer británico que puede ganar el Tour. «Y tenemos un plan B, que es Froome», desveló el líder.
A Froome se le ha quedado pequeño el zapato de gregario. Tiene tiempo para calzarse botas mayores. Acaba de cumplir 27 años. «En el futuro quizá me toque a mí», dice. Por edad y progresión, parece el rival de Contador en futuros Tours. Esta edición está reservada en el Sky para Wiggins. La estela de Anquetil e Induráin. La efigie de Wiggins: hombros inmóviles. Figura tiesa sobre la bicicleta, sin balanceos. Herencia de su pasado en el velódromo. Espalda plana. Postura flexible. Giro de pelvis exacto. Pedaleo armonioso. A 100 vueltas por minuto. Como si nada y mejor que todos. «He trabajado toda mi vida para poder pedalear así».
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Bradley Wiggins. Foto: Reuters

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