«Si se centra, usted llegará a ser uno de los mejores defensas del mundo», le dijo Jose Mourinho a Sergio Ramos cuando fichó para entrenar al Real Madrid. «Pues enséñeme, míster», le respondió el sevillano con ese gracejo andaluz que nunca le abandona a pesar de haber emigrado hace ya siete años a la casa blanca. El héroe de la semifinal de la Eurocopa ante Portugal esconde dos personalidades antagónicas en un mismo cuerpo que, como los polos opuestos, se repelen. Víctima de multitud de chanzas en las redes sociales al protagonizar episodios 'históricos' propios de un tebeo de la España de los 80, a un lado del imán aparece una imagen frívola ampliada por un cierto aire infantil y una sonrisa de pillo. Al otro, sin embargo, emerge la figura de un futbolista hecho a sí mismo que debutó en Primera con 17 años y que demuestra su arrojo en cada partido. Es la de Sergio el valiente, el que siempre da la cara aunque las cosas se tuerzan.
Nacido en Camas el 30 de marzo de 1986, sus entonces vecinos aún recuerdan a aquel niño espigado y popular por sus constantes travesuras. «Me meterían en la cárcel si contara mis trastadas», suele bromear el central de la selección cuando echa la vista atrás y evoca sus jornadas en el pueblo con la familia y los amigos. Eran tardes de fútbol y picaresca con su hermano René, ahora su agente, y cenas de puchero con sus padres y su abuela. Un buen día se presentó ante su madre y, muy serio, le soltó de sopetón que su verdadera vocación era ser torero, como el también camero Curro Romero. El terremoto en casa Ramos fue de tal magnitud que lo olvidó muy pronto.
Se centró en el deporte. Empezaron a llamarle 'Schuster' por su media melena rubia y así es conocido aún en el municipio, al que regresa en escapadas fugaces siempre que puede. Es habitual encontrárselo en el AVE los días de descanso en el Madrid. Enseguida llegó a oídos de los responsables de la cantera del Sevilla que había un chaval en Camas que despuntaba. Los lazos familiares eran muy fuertes, pero cogió con arrojo el toro por los cuernos en busca del triunfo desde las categorías inferiores del club del Nervión, donde coincidió con Jesús Navas y el malogrado Antonio Puerta. Hoy Ramos luce el '15' en su camiseta de 'La Roja' en memoria de aquel amigo que se fue antes de tiempo y que escogía siempre ese número cuando defendía la camiseta de su país. Se emociona cada vez que rememora ese trágico suceso.
Creció como lateral derecho hasta llegar a la antesala del primer equipo, con el que se estrenó a las órdenes de Joaquín Caparrós. Los responsables del Sevilla tuvieron que atarle en corto porque el joven Sergio, hasta entonces apegado a su pueblo, descubrió el duende de la capital -su primer tatuaje fue un gnomo con un balón- y se les podía ir de las manos. Tras dos temporadas en el equipo de su corazón, en el verano de 2005 Florentino Pérez puso 27 millones encima de la mesa y se lo llevó al Bernabéu. Jamás hasta entonces se había pagado esa cantidad por un jugador de su edad. Todavía hay aficionados de su antiguo club que no se lo han perdonado. Llevó muy mal los reproches de ciertos sectores sevillistas, pero en Madrid inició una nueva vida que le impulsó hasta el combinado nacional, con el que se ha proclamado campeón de Europa y del mundo.
Amante de los toros
Taurino hasta la médula, no se pierde una corrida en los grandes templos del toreo si el calendario se lo permite. En cierta ocasión, el diestro Alejandro Talavante le invitó a su finca para que le viera en faena ante un toro que había rechazado José Tomás en un festejo al tener astillada un asta. El extremeño le vio tan entusiasmado que le espetó: «¿Quieres probar?». Y allí que se soltó con coraje Sergio con su capote a dar unos pases a un morlaco de 600 kilos. Los caballos y los relojes son otras de sus pasiones. También la moda. Su estilo es arriesgado, como él. Aún se recuerda su aparición en una concentración de España con un traje blanco y unas gafas de sol que hacían casi imposible reconocerle. Bajo la tela, inmaculada, dos piernas aseguradas y multitud de tatuajes repartidos por la espalda, los dedos, el hombro, incluso las orejas. Tapándolas, dos auriculares en los que brotaba potente un sonido flamenco, su música preferida.
Nunca le ha importado demasiado el qué dirán. O al menos ha tenido que fabricarse un escudo protector frente a las incesante bromas, algunas hirientes, en las redes sociales sobre sus meteduras de pata o sobre el hilarante episodio de la celebración del título de Copa, cuando se le cayó el trofeo desde el techo del autobús en las calles de Madrid y éste lo destrozó al pasarlo por encima. Es, además, uno de los principales 'actores' de 'Krakovia', el popular programa catalán de imitaciones satíricas en el mundo del fútbol. La parodia en la que el divulgador científico Punset entrevista al jugador es impagable. La sátira se la toma con sorna, pero no tolera las críticas que cuestionan su profesionalidad. Por eso suspendió las entrevistas en la Eurocopa de 2008, en la que tuvo un rifirrafe con Luis Aragonés, y sintió herido su orgullo cuando le machacaron al lanzar a las nubes un penalti en la semifinal de Champions ante el Bayern.
Ya llegaría el momento de desquitarse de aquel error ante un Bernabéu lleno hasta la bandera que vio cómo su equipo caía eliminado ante los alemanes. Lo que quizás no esperaba es que la posibilidad de redimirse personalmente de aquel balón enviado al espacio iba a surgir con España y nada menos que en una semifinal de la Eurocopa. El aplomo con el que ejecutó la pena máxima a lo Panenka demuestra la valentía de un futbolista que en su fuero interno era consciente de que un nuevo fallo le convertiría de inmediato en la diana de las redes sociales. De villano a héroe en once metros. Después contó que lo había ensayado durante la semana cuando las cámaras no le enfocaban.
«Sabía lo que iba a hacer»
Los internacionales tuvieron ayer día libre en Kiev, donde el domingo disputarán la final en su imponente estadio olímpico. Muchos de ellos aprovecharon para acercarse al hotel en el que permanecen alojados sus familiares y también los enviados especiales de la prensa. Aparecieron Javi Martínez, Torres, Iniesta, Reina, Albiol, Arbeloa, Pedro, Silva... Y el propio Sergio Ramos. «¿Cuando lo has visto por la tele todavía te has puesto más nervioso?», le preguntaron. «¡Qué va! En todo momento sabía lo que iba a hacer», respondió mientras recibía las felitaciones de los allí presentes. Lo tenía pensado, pero la decisión final la adoptó cuando, en plena carrerilla, comprobó que el portero ya caía antes de que se dispusiera a golpear a la pelota. «No se esperaba que un defensa lo tirara así, y mucho menos después de lo que había pasado», declaró la víspera el lateral reconvertido a central en alusión al ya famoso penalti del Bernabéu.
Pareja de Gerard Piqué en el eje de la defensa, Ramos, elegido por la UEFA como el mejor del partido ante los lusos, está completando un torneo magnífico. Dicen que es una de las principales salsas del vestuario. El defensa madridista al que 'Mou' vaticinó un futuro inmejorable prepara cedés para el resto de sus compañeros para que los escuchen en los desplazamientos en avión y en autobús. Mezcla canciones de todos los estilos, pero nunca falta una de José Mercé, uno de sus ídolos. En su pueblo se celebró a lo grande la redención de 'Schuster', aunque antes de empezar la competición se cortó el pelo y guarda un parecido razonable con el actor Val Kilmer, un hombre de acción como él. «¿Te planteaste no tirar el penalti por lo del Bernabéu?». «Para nada, yo quería hacerlo», dijo. Y si en la final hay que repetir, seguro que no se amilana.