Tras el 'Dios salve a la reina' y el 'Canto de los italianos', dos himnos que ponen los pelos de punta, se cumplió el guión previsto y el choque más equilibrado de cuartos se fue hasta los penaltis. Fue mejor Italia y se mereció ganar mucho antes pero se estrelló dos veces contra la madera y Balotelli, una vez más, no tuvo su noche. Si Fernando Torres falla lo mismo, hay que echarle de España. Y los ingleses, más especulativos que nunca, vivieron felices con el empate a nada. Confiaban más en su físico. En su método se asemejaron al Chelsea o a la 'azzurra' de toda la vida. Pero quizá se olvidaron de que los penaltis son su maldición. Han caído siete veces en esa suerte y solo vencieron a España en los cuartos de 1996. Pese a la bravata de Hart, convencido de que pararía varios, Buffon fue mejor y se desquitó de la eliminación de hace cuatro años ante la España de Casillas. A los transalpinos les espera ahora una Alemania fresca, el día 28 en Varsovia.
El primer acto escenificó lo que es Balotelli, un joven alocado con unas condiciones extraordinarias pero que parece siempre distraído, como si la historia no fuera con él. Estuvo en todas las acciones ofensivas pero las ejecutó mal. Pirlo le dio un pase milimétrico a la espalda de los centrales, que controló con sutileza pero luego se durmió y Terry le robó la cartera. Aunque más centrado, una acción similar a la que protagonizó con Sergio Ramos en el primer partido. Después, fue Montolivo el que le asistió y, en lugar de controlar, intentó una cabriola imposible. Y más tarde, le faltó atención y velocidad de reacción para adelantarse a Lescott y definir una dejada de cabeza de Cassano en área pequeña. Su mejor detalle llegó en un zapatazo lejano. A la contra, los ingleses solo dieron un par de sustos: un intento de remate en plancha de Rooney y un tiro alto de Welbeck tras dejada de tacón del 'Bad Boy'.
Italia arrancó más fuerte en la segunda mitad. Tuvo otras dos opciones claras en los compases iniciales, pero Rossi remató en semifallo con la zurda y Balotelli lanzó contra el muñeco. Permitió lucirse a Hart, su amigo del Manchester City. Una chilena fallida del potente ariete avisó muy en serio a Hodgson. Había que frenar, a modo de tiempo muerto, y cambiar el pulso del partido, sus constantes. Los movimientos de fichas de siempre: Carroll y Walcott, dentro, y Welbeck y Milner, fuera. Más desborde por banda y más remate.
Pasado ese arreón transalpino, la fatiga y el miedo a la derrota eran más protagonistas que los jugadores. Gerrard, clave en su selección, se arrojaba al suelo para estirar el gemelo. Cassano se marchaba agotado. Se recuperó de una operación de corazón tras sufrir un ictus isquémico y está mejor que nunca de peso, pero el fuelle no le llega para un choque completo. Y más con perspectiva clara de prórroga. Antes del tiempo extra la tuvo Nocerino, que había entrado de refresco. Control maravilloso del milanista pero corte providencial de Johnson. Y también Rooney. Espectacular chilena pero golpeo con la punta del pie y balón alto.
En el pequeño descanso, mucho más enérgico Prandelli que Hodgson. Avanzaba la prolongación sin noticias, más allá de tiros inocentes de Balotelli. Las opciones más clara, un centro pasado de Diamanti que acabó en el palo y un gol bien anulado a Nocerino por fuera de juego. Enfrente, alguna correría de Walcott. En la lotería, Italia impuso su ley.