Cuando Karim Benzema está feliz, interviene, cae en banda, se retrasa, tira desmarques y se asocia con sus compañeros, sobre todo con Ribéry, Francia muestra una cara más amable. Hasta es capaz de someter por completo a uno de los anfitriones y de ganar su primer partido en una fase final desde el Mundial de Alemania 2006. ¡Verlo para creerlo!
En un choque marcado por la lluvia, que obligó a interrumpirlo durante casi una hora, los galos crecieron a costa de una Ucrania discontinua, blandita, supeditada a lo que pueda inventarse Shevchenko, ya desgastado por más que siempre deje goles o detalles de gran clase.
Benzema no fue el futbolista menor que en muchas fases deambuló ante los británicos, sino un tipo mucho más ambicioso e implicado. Como si le hubiera cogido Mourinho por banda en los últimos días e instado a comerse el mundo. Sobre todo en una segunda mitad sobresaliente, ejerció de líder, justo lo que necesita una Francia reseteada gracias al perfil elegante de Blanc y alejada de los líos que la aniquilaron con Domenech. También Ribery, más constante y versátil, permitió que los franceses acaricien los cuartos de final, donde se cruzarían, no hay que olvidarlo, con algún rival del grupo de España.
Blanc tuvo el mérito de saber cambiar, ya que no terminó del todo satisfecho del arranque ante los 'Pross'. Tocó alguna tecla y acertó. La entrada de Clichy, campeón con el City, supuso prácticamente un cambio de cromos con Evra, su rival en el United. Pero el joven Ménez, interesante extremo del PSG, aportó mucho más que Malouda, de vuelta tanto el Chelsea como en la 'tricolor'. Estuvo incisivo en banda, lo intentó siempre, remató y abrió el camino tras un excelente movimiento en el área. Control, recorte y tiro seco y abajo, donde más les cuesta a los porteros.
Ucrania fue un grupo deslavazado, con un centro del campo inconsistente y sin un estilo definido. Ante Suecia le acompañó la estrella y remontó. Pero ante un bloque con más empaque, fue una caricatura de sí misma. Es cierto que pudo haber cambiado el duelo si el enorme disparo de Shevchenko, en el arranque de la segunda parte, no roza la escuadra por fuera sino por dentro, pero a Ucrania siempre se le vio un peldaño por debajo del oponente.
El holandés Kuipers debe de estar acostumbrado a los aguaceros, pero lo acontecido en el Donbass Arena ya fue el diluvio universal. Recién iniciado el choque, una cortina de agua impedía la visibilidad y anegaba el césped. Suspensión provisional, reuniones con miembros de la UEFA, parón de una hora y vuelta a jugar. El magnífico drenaje y los operarios, que pincharon el terreno con picas y rastrillos, permitieron que el césped estuviera después casi perfecto. A las ocho se reanudó al fin la cita. Ganó Francia.