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¡GRACIAS ANTONIO!

09.06.12 - 00:53 -
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T e lo digo como amigo: Antonio, tenías que haberte ido antes. Solo cuando te has llevado un par de sustos y has visto que la salud es lo primero, has tirado la toalla. Es lo que ayer le dije a un empresario humilde que se ha convertido durante las dos últimas décadas en el único mecenas cartagenero del deporte de élite en la ciudad. El resto de los que se han jugado su patrimonio aquí no son de aquí. El dato es aterrador.
Antonio Mínguez es un hombre derrotado. Agobiado por las deudas, cansado de pedir favores y ver cómo se cierran todas las puertas, aterrado al pensar que el club podía 'comerse' a su pequeña empresa y asustado por la soledad de un equipo que fue grande y ahora es pequeño. Así ha terminado el histórico presidente de un Futsal Cartagena obligado a reinventarse -otra vez más- para mantenerse con vida.
El futuro lo escribirá Roberto Sánchez, quien siempre ha ido de la mano de Mínguez. Si se apoya en Javi Matía, empieza bien. Luego, está obligado a mejorar la gestión deportiva, económica y social del club en los últimos años. Es un error vivir enfrentado al consejero Cruz y subsistir solo a base de subvenciones. Hay que agudizar el ingenio para encontrar pequeños patrocinadores y tocar la fibra sensible de los aficionados que se fueron de la 'Bombonera' con Polaris World y todavía no han regresado.
Es precisamente esa fastuosa etapa, la de García Meroño y Feliciano Martínez al frente del club con Polaris, la que Mínguez quiere olvidar para siempre. Fueron años de opulencia financiera en los que el dinero se tiró por el sumidero y nadie puso cordura. Ni siquiera Antonio, por mucho que ahora diga que él no pintaba nada. Su silencio fue cómplice. Aquello fue el principio del fin, aunque es verdad que en la balanza de 19 años al frente del club a Mínguez hay muchas más cosas que agradecerle que reprocharle.
Su empeño personal y el de su esposa Ginesa Sáez en las últimas temporadas -años de plomo por culpa de la crisis- han servido para que la llama del fútbol sala siga encendida en Cartagena. Solo por eso: ¡Gracias Antonio! De corazón: gracias.
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