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Un 'eureka' murciano en Cambridge

REGIÓN MURCIA

Un 'eureka' murciano en Cambridge

David Ruiz impulsa una empresa de alta tecnología en el campus británico, pero añora el sol y el carácter de su tierra

03.06.12 - 01:52 -
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A sus 36 años, David Ruiz ha conseguido hacerse un hueco en el Silicon Valley británico. Este ingeniero de telecomunicaciones, nacido en la localidad albaceteña de Yeste pero criado en el murciano jardín de La Seda, es uno de los cofundadores de Owlstone Nanotech, una de las empresas de alta tecnología que han conseguido situar el campus británico en la vanguardia del saber. Humilde en el reconocimiento de sus méritos, Ruiz ha logrado, junto a sus otros dos socios, vender su sistema de microchips equipados para la detección química a grandes farmaceúticas, a empresas como Pepsi, Kfrat, y hasta al gobierno de los Estados Unidos.
Una beca del Banco Santander fue el trampolín que impulsó a este 'teleco' hacia la vanguardia de la investigación. Alumno de Los Maristas, David estudió la carrera en Valencia y allí consiguió una ayuda para cursar un año en la Universidad de Berkley, en California. En ese periodo, este joven entró en contacto con los proyectos de alta tecnología que encumbraban el conocido valle de Palo Alto y conoció a algunos compañeros que se atrevían a montar sus propias empresas. «Allí me picó el gusanillo y comprendí que era un camino viable».
Tras ese año en el continente americano, David regresó a España, pero no por mucho tiempo. La universidad de Cambridge aceptó su solicitud para realizar allí su doctorado centrado en materiales superconductores y no se lo pensó dos veces. En las muchas horas que pasó inmerso en el laboratorio, David hizo amistad con un joven americano, que centraba sus investigaciones en sensores de gas, y con otro chico irlandés. Corría el año 2001 y estos tres 'cerebros' empezaban a valorar la posibilidad de asociarse. «Los tres teníamos la idea de montar una empresa», recuerda.
Un concurso organizado por el campus británico sobre planes de negocio les dio el empujón que necesitaban. «Nosotros éramos ingenieros, pero no teníamos ni idea de cómo montar una empresa», confiesa David. Gracias a esa iniciativa, el trío tuvo acceso a un periodo de 'training' y a los consejos de un mentor. Ese concurso les dio una plaza de finalistas y la fuerza de creer que su proyecto era posible. En 2004, un fondo de capital les ofreció el resto: una inversión de dos millones de dólares. Llegaba la prueba de fuego.
«Éramos tres chavales y alquilamos una habitación». Con mucho esfuerzo, David y sus socios lograron desarrollar la tecnología para la detección química en la que venían trabajando. «Es como una especie de nariz electrónica que analiza lo que hay en el aire», explica. El sistema que desarrolló este grupo de ingenieros era similar al que ya se empleaba en algunos aeropuertos del mundo, pero resultaba más barato de producir y de adquirir. Además, permitía, por ejemplo, que algunas empresas de alimentación lo incorporasen a sus procesos para una mayor seguridad. Este invento también tenía una gran potencialidad en materia de defensa o de seguridad, por ejemplo, en un accidente químico en una fábrica. «Se puede usar para un montón de aplicaciones», recalca. Numerosas empresas e instituciones comenzaron a interesarse por su idea.
Apuesta por la tecnología
Ocho años después de su nacimiento, Owslstone Nanotech ya cuenta con cuarenta empleados -entre ellos cuatro españoles- y ha obtenido inversiones por valor de 15 millones de dólares (casi 12 millones de euros). Un éxito que, reconoce David, habría sido mucho más díficil de conseguir en España. «Allí no hay cultura de apostar por la tecnología y es más difícil acceder a capital de riesgo». Pese a ello, la crisis económica también ha frenado el crecimiento de este proyecto y les ha puesto las cosas un poco más difíciles. «Nos ha afectado porque hay contratos que ya teníamos firmados y que ahora no tienen fondos», lamenta David. «Lo primero que hacen las empresas, ante una mala situación económica, es quitarse de enmedio los equipos tecnológicos».
A su labor como investigador de altura, David ha sumado ahora una tarea quizás más ardua: la de cambiar pañales. Casado con una matrona murciana a la que conoció en Londres - «vivía en la otra punta del jardín de La Seda y tuve que venir aquí para conocerla»- este joven es padre de una niña de 9 meses. Residente en la capital británica, David reconoce que añora «el sol y el carácter de la gente» de su tierra. Hijo del conocido abogado Ricardo Ruiz y de una enfermera, este joven no descarta regresar a la Región en un futuro no muy lejano. «Quizás para montar allí otra cosa...».
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