Es difícil hacerse a la idea -a mí me cuesta-, pero hay quien tiene la sangre fría de disparar a un águila real. Y a un halcón peregrino. Y a un águila calzada. Y a un búho real. Son las aves más formidables, valiosas, ¡y protegidas! que pueblan nuestros espacios naturales, pero algunas de ellas tienen la mala suerte de acabar con sus plumas y sus huesos en el suelo porque un desalmado con escopeta se cruzó en su camino. Según la estadística oficial -dictada por los ingresos en el Centro de Recuperación de Fauna de El Valle-, el año pasado fueron acribilladas trece aves, y en lo que va de año ya van otras seis, en su mayoría rapaces.
«Estas cifras son solo la punta del iceberg», explica el director del Centro de Recuperación de Fauna, Miguel Ángel Martínez-Aedo, «porque tiene que haber muchísimos más animales con disparos, aves y mamíferos, que no llegan al centro porque nadie los encuentra. Y también hay aves que llegan al centro por otros motivos y después descubrimos que tienen plomos».
En ocasiones llegan muertas, otras veces hay que sacrificarlas porque la curación es imposible, pero hay casos felices de aves que, después de una o varias operaciones y un proceso de recuperación, recuperan la libertad. Así sucedió con un águila real que fue liberada hace unas semanas, y que había ingresado con 33 proyectiles en el cuerpo. De las trece aves tiroteadas que pasaron el año pasado por las instalaciones de El Valle, cinco murieron, siete regresaron a la naturaleza y otra -un halcón peregrino- sigue rehabilitándose a la espera de volar libre de nuevo.
Estos atentados contra el patrimonio natural siempre quedan impunes: no hay testigos, no hay denuncias. «Los cazadores saben que no se les puede disparar, pero siempre hay quien piensa que son una competencia en su coto. Incluso hacemos cursillos de concienciación, pero es difícil controlar a todo el mundo», añade Martínez-Aedo.
¿Caen ahora más aves víctimas de los disparos? «No es fácil saberlo, pero es posible que nos lleguen más porque la gente está más concienciada y nos los traen o avisan al Seprona, o a nuestros agentes medioambientales», explica el director del Centro de Recuperación de Fauna, que también acoge para su exhibición -dentro de su área de educación ambiental- a algunos animales que, una vez curados, no están en condiciones de reintegrarse en la naturaleza.