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EL CANDELABRO

Cebo

23.02.12 - 01:12 -
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Desde aquel famoso «No conteste ahora, hágalo después de la publicidad» hasta nuestros días, hay que ver el grado de sofisticación, refinamiento y retorcimiento al que la televisión ha llevado sus trucos para lograr eso por lo visto tan difícil como que el espectador permanezca atento a la pantalla y no cambie de canal. En la jerga televisiva ese anuncio breve y pretendidamente tentador que el conductor del programa hace de lo que vendrá después se denomina cebo. Y eso que vendrá después, nunca ahora, es algo que por supuesto el espectador no querrá ni podrá perderse porque bien por su valor informativo (algunas veces) o morboso (la mayoría) representa una tentación irresistible. En términos machistas, es como si la cadena recurriera al viejo truco de levantarse un volante de la falda (hasta aquí puedo leer) como insinuante promesa de lo que nos servirá después en bandeja. Se trata de amagar y no dar, de lanzarnos un aperitivo de carnaza para que mordamos el anzuelo (¿acaso no es eso un cebo?), de dejarnos literalmente con la miel en los labios, estáticos frente a esa pecera y salivando sin parar... Pero, ¿por cuánto tiempo? Pues el necesario para cubrir sus objetivos de marketing, que el negocio es el negocio. Lo malo es cuando se estira tanto del cebo que al espectador le da incluso tiempo de verse a sí mismo con cara de pez idiota... Y entonces surge el cabreo. Estoy pensando en Telecinco (o Telecebo) y en sus dos especiales sobre el caso Urdangarin, donde el presentador (impecable en su trascendente papel de maestro de ceremonias funerario) se pasa dos horas cebando y una dando paso a la información. Recuerdo los aspavientos de unos tertulianos ante unas imágenes que el público no podría ver... hasta más tarde. Muy ocurrente, sí. Pero eso de que se pasen dos horas haciéndonos el avión para que al final nos traguemos el insípido potito informativo es más de lo que una audiencia inteligente y adulta puede soportar. ¿Están ustedes de acuerdo? No me contesten ahora, háganlo después de la publicidad.
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