Mide 2,08 y pesa 135 kilos. Mulato, hijo de padre nigeriano y madre inglesa. Se llama John Amioche y fue el primer (y único hasta ahora) exjugador de la NBA que se ha atrevido a salir del armario. No lo hizo hasta tres años después de retirarse, en 2007, tras sudar la camiseta como pívot (de qué si no) en los New York Knicks. Ni se le pasó por la cabeza reconocer públicamente su homosexualidad mientras estaba en activo. Eso habría supuesto su despido o, al menos, muchos quebraderos de cabeza. Y John, claro, es un hombre muy ambicioso. Siempre ha sabido medir los tiempos y los movimientos para ganar puntos.
Ha sido el único deportista de nacionalidad británica en llegar a lo más alto en la liga de baloncesto estadounidense. Dicen las malas (o las buenas) lenguas que se hizo de oro en los años noventa, cuando pasó de los Cleveland Cavaliers al Cholet francés, para dar el salto al Panathinaikos griego y finalmente acabar en el Utah Jazz de la NBA. Hasta siete equipos lo vieron defender sus colores en aquella época dorada.
Es doctor en Psicología y le saca punta a todo, lo mismo a la deuda nacional de Estados Unidos que a la última ópera que ha disfrutado en el Convent Garden. Tiene un acento delicioso, a medio camino entre Colin Firth y Gary Oldman. Es tertualiano habitual en la BBC y promotor de organizaciones en favor de los Derechos Humanos y la tolerancia. «Ahora mi mayor aspiración es llegar a ser miembro de la Cámara de lo Lores. ¡Tendría una gran capacidad de influencia! Quiero hacer todo lo posible por hacer de este mundo algo más llevadero, sobre todo en estos tiempos de crisis», explica con una alegría contagiosa.
Sin pareja
No, no se crean, todavía no ha encontrado a su media naranja. «Mi día a día es muy ajetreado. Hoy estoy en Bilbao y mañana... ¡ vaya usted a saber! Todo este jaleo no es compatible con una vida en pareja», explica antes de beber un trago de agua, en una salita del Palacio de Urgoiti, a las afueras de Mungia. No le ha importado interrumpir su almuerzo para dedicar unos minutos a 'La Verdad'. Ha dejado a medio comer un chuletón soberbio pero se le ve más que satifecho. Consigo mismo y con el mundo.
-¿Lamenta no haber salido antes del armario?
- Ah, a veces lo pienso. Me hubiera gustado haberlo hecho a los 16 años. No mientras jugaba en el NBA, sino mucho antes. Pero, bueno, de haber pasado eso, no estaría aquí hablando con usted.
No se puede negar que John derrocha simpatía y equilibrio. Imposible imaginárselo soltando barbaridades como Tim Hardaway, un jugador de la NBA ya retirado en 2007 que no dudó en admitir que odiaba «a los tipos como Amichae, yo nunca lo habría admitido en mi vestuario». Fue la mayor salida de tono, poco después de que John admitiera su condición de gay. Confiesa que ni entonces ni ahora le quita el sueño.
Tiene bastante con dos hijos adoptados (treintañeros ya) y tres nietos. Ha cumplido 41 años y su libro de memorias, 'A man in the middle', se vende como rosquillas. Cuenta la historia de un chaval gordito y gay, que llegó a estrella del baloncesto. Casi nada.