En el mercado de la muerte algunas almas cotizan muy a la baja. Hay quien ha dejado estos páramos por un cigarrillo o por veinte duros. A Joaquín Ángel se lo llevaron por delante por culpa de unos cuadros y de unas antiguallas por las que sus presuntos asesinos apenas sacaron 80 euros. Ahora, después de casi dos años, ya prácticamente cerrada y 'vista para juicio' la investigación que ha dirigido el titular del Juzgado de Instrucción número 6 de Molina de Segura, Manuel Luna Carbonell, es posible reconstruir al detalle las dramáticas circunstancias en que dos ladronzuelos de poca monta acabaron con su vida.
Joaquín Ángel ya había cumplido los 75 años y era homosexual. Dos hechos relevantes a la hora de explicar el asunto, pues lo hacían especialmente vulnerable y propicio a ser víctima de alguna agresión. «Era una persona afable y cariñosa», relata el magistrado en el auto de procesamiento, que además deja constancia de que por su orientación sexual «podría haber estado manteniendo contactos de diversa naturaleza, incluida la sexual, con hombres más jóvenes que él».
Era, además un apasionado del arte y del mundo de las antigüedades y guardaba en su domicilio de la calle Pensionistas de Molina de Segura no pocas antiguallas y algunos cuadros de buena apariencia. Solía frecuentar por tal motivo algunos mercadillos, como el que cada domingo se montaba en las inmediaciones de la estación de autobuses de Murcia, en el barrio de San Andrés.
Considera el juez que es en esa zona donde pudo conocer, hacia la Semana Santa de 2010, a Ronnie S., un italiano de pelo cobrizo, de 31 años de edad, y a Alejandro P.A., un jumillano que también se movía con cierta soltura entre los puestos de baratijas. Los tres habían hecho cierta amistad y habían compartido algún café e intercambiado sus respectivos números de teléfono.
El domingo 9 de mayo de 2010, Joaquín Ángel y Ronnie M. volvieron a coincidir en el mercadillo y, después de dar una vuelta en busca de algún 'tesoro' oculto entre bagatelas, tomaron un autobús de línea hasta Molina de Segura. Ronnie M. declararía meses después, ya como imputado, que mantuvo relaciones sexuales con Joaquín Ángel, que se duchó y que, después de recibir un par de euros de su amante, volvió a tomar un autobús en dirección a Murcia. Eran, ya entonces, las cuatro y media de la tarde.
«Está forrado de pasta»
A la misma hora del día siguiente, lunes 10 de mayo, Ronnie se citó con su amigo Pedro Javier R.B., vecino de Archena, en la estación de autobuses de Molina de Segura. Desde allí se dirigieron a la cafetería Moon Black. «Conozco a un viejo que está forrado de pasta», le habría dicho el italiano, según determinaron en su día las investigaciones realizadas por agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Jefatura de Policía de Murcia.
Ambos hombres, siempre según el escrito de procesamiento, se concertaron supuestamente para acudir al domicilio de Joaquín Ángel y arrebatarle cuantos objetos de valor pudieran introducir en la maleta que portaba el italiano y en la mochilla que llevaba su colega. «Ya en ese momento comentaron la posibilidad de que hubiera que dar muerte a Joaquín», reseña el juez en su relato. Hasta en tres ocasiones llamó Ronnie esa tarde al domicilio del anciano para asegurarse de que estaba en casa.
Entre las ocho y media y las nueve de la noche se presentaron en la casa. Joaquín Ángel les abrió de buen grado. Se acomodaron en un sofá del salón y a lo largo de media hora estuvieron repartiéndose caricias. Después pasaron al dormitorio para continuar la relación sexual.
Joaquín se echó en la cama sobre su espalda. Ronnie habría comenzado entonces a mirar de manera insistente a su compinche, instándole con la mirada «a que le diera algún golpe para poder así iniciar la sustracción de los objetos de valor, si bien Pedro Javier no se decidía a actuar». Al cabo de un rato se marcharon a la cocina a tomar un refresco, mientras Joaquín Ángel se quedaba descansando en su lecho.
Golpes 'tipo karateka'
Después de insuflarse coraje el uno al otro, regresaron al dormitorio. «Ronnie se tumbó encima de Joaquín y le pidió a Pedro Javier que lo sujetara por las manos, lo cual hizo éste, empezando entonces Ronnie a darle golpes 'tipo karateka' en la nuez hasta dejarlo inconsciente. Después Pedro Javier le entregó a Ronnie una bolsa de plástico, con la inscripción Mercadona, poniéndosela Ronnie sobre la cabeza de Joaquín Ángel», relata el instructor.
Hecho lo más difícil, cogieron supuestamente algunos cuadros y objetos de plata, despojaron al anciano de un anillo, de su reloj y de 50 euros, salieron de la casa, tomaron un taxi y regresaron a Murcia. Esa misma noche, Ronnie comunicó a su casera que abandonaba Murcia precipitadamente y que se marchaba a Italia, alegando que su madre estaba gravemente enferma.
En realidad, lo que los dos presuntos asesinos hicieron fue dirigirse a la estación del Carmen y coger un tren a Barcelona. Allí lograron vender los cuadros por apenas 80 euros. Exiguo precio para una vida.
Muerte por estrangulación
En la tarde del 11 de mayo, hacia las 16.50 horas, la mujer que ayudaba a Joaquín Ángel en la tareas domésticas llamó al timbre de la vivienda de éste. Nadie respondió. Siguió llamando sin respuesta. Temiendo que hubiera podido sufrir un accidente, telefoneó a una hermana del anciano.
Cuando la empleada y los familiares de Joaquín Ángel entraron en la vivienda se toparon con un espectáculo dantesco. El cadáver seguía tendido boca arriba en la cama. cubierto apenas por una faja, calzoncillos estampados con motivos florales y unos calcetines. Una bolsa, anudada al cuello, le tapaba completamente el rostro.
La autopsia determinó que la muerte se había producido por estrangulamiento mecánico y no asfixiado por la bolsa. Si le taparon el rostro fue, quizás, para tener el valor de apretarle el cuello sin tener que ver la muerte reflejada en su mirada.
A su vez, los especialistas de la UDEV comprobaron que la puerta no había sido forzada, lo cual apuntaba a que la víctima había dejado entrar voluntariamente a los asesinos. También constataron que solía recibir a chicos jóvenes. Buscaron en su teléfono y comprobaron que había recibido varias llamadas en las horas previas a su muerte, algunas de ellas desde un teléfono que resultó ser el del Ronnie M.. Un chico italiano que en apariencia se dedicaba a vender sus servicios sexuales a varones y que, además, acababa de abandonar Murcia a la carrera y sin dejar pista alguna sobre su nuevo paradero.
El primer sospechoso estaba ya situado en la diana.
El teléfono cantó
Cuatro meses más tarde, Ronnie telefoneó desde Barcelona a su viejo amigo Pedro Javier, que había regresado a Archena. Eran las 19.35 horas del 9 de septiembre de 2010. «...allí... con la vechia cosa que pasó... no problema, ¿no? No salió en el journal nada, ¿no?». También le dijo que la persona que le había presentado al fallecido, en supuesta alusión a 'Alejandro de Jumilla' -procesado por complicidad-, estaba contenta con lo que había pasado.
Para cuando los policías le cayeron encima, después de buscar su rastro por las zonas de chaperos de la Ciudad Condal, hacía ya algún tiempo que Ronnie debía de haberse convencido de que iba a salir indemne del crimen que supuestamente había cometido. Horas después caía su amigo y presunto cómplice, que había retornado a casa de sus padres. Ahora los dos siguen encarcelados y están procesados por presunto asesinato y robo con violencia, delitos por los que podrían llegar a caerles hasta 25 años a cada uno. La amenaza de medio siglo de cárcel repartida sobre sus espaldas, a casi un año por cada euro y medio obtenido. Si el mercado de la muerte cotiza a la baja, disfrutar de una larga estancia en prisión también puede salir por cuatro perras.