El inmenso susto dio paso a la comprobación del desastre. Su remedio material dependería en buena parte de las indemnizaciones del Consorcio, pero también del papel a desempeñar por las administraciones y de su contribución económica. Dicen que fue la urgencia del momento la que nos proporcionó un Real Decreto corto, muy corto en sus coberturas, y que también las prisas hicieron caer a la Comunidad Autónoma en el compromiso de participar al 50% en las ayudas derivadas del decreto, sin que su economía estuviera para ello. Como las cosas no iban bien, el verano sirvió a los ciudadanos para lanzar una ofensiva reclamando pagos del Consorcio, mientras que Ayuntamiento y Comunidad Autónoma (ambos con mando PP), preparaban el ataque al Gobierno de España (PSOE) con su propuesta de Plan Lorca.
Pero llegó el 13 de septiembre y el grupo parlamentario socialista, mayoritario en ese momento en el Congreso de los Diputados, usando las artimañas (legales) parlamentarias, presentó la famosa «enmienda transaccional», que junto a la tibieza de la propuesta oficial del PP (recordemos que la proposición No de Ley evitaba presentar el Plan Lorca elaborado), nos llevó a un acuerdo evasivo («evaluación, nuevas propuestas y plan de 300 viviendas), a la presencia del Comisionado, al marketing publicitario, al nuevo decreto también con lagunas importantes, y a medidas fiscales de escasísimo alcance.
Y así llegamos al 20 N, con las elecciones y el cambio de gobierno; como también al proceso de elaboración de los presupuestos regionales para 2012, que son los dos hechos, que a nuestro juicio, enmarcan el problema de Lorca en estos momentos, llegando a bloquearlo. El nuevo gobierno de España no ha resuelto ni dicho nada hasta la fecha (ni siquiera el nuevo Comisionado ha pisado tierra lorquina). Y por su parte, el gobierno Valcárcel no ha cumplido con su obligación de consignar partidas económicas para hacer frente a sus compromisos, lo que hemos de calificar como de clara irresponsabilidad, cuyas consecuencias ya están padeciéndolas los damnificados, que ven día tras día como o no se aprueban o incluso aprobadas no llegan las ayudas. Algo inexplicable a los nueve meses de la tragedia.