Tres de los actuales edificios de la calla de la Cava están en la lista de espera de inmuebles dañados por el terremoto, para su demolición. Estos meses atrás ya fueron derribados otros dos en dicha calle. El que hacía esquina con la calle Marsilla, convertido en un solar, y una pequeña edificación en la propia Cava, en la que se mantiene en pie la fachada.
Eso significa, junto con las edificaciones nuevas que se han levantado en los últimos años, que una buena parte de las construcciones originales han desaparecido. Claro que, se supone, que todo lo anterior al siglo XVIII fue en su momento eliminado para levantar las casas que ahora ocupan la mayor parte de la calle.
Conviene recordar que la calle de la Cava se creó en lo que era el foso de la muralla medieval, que fue inutilizado y vendido a finales del siglo XV y principios del XVI, junto con las torres de la muralla y puertas de la ciudad. A partir de ese momento fue cuando empezó a configurarse la calle, con edificaciones adosadas a la muralla.
Se desconoce la anchura que pudo tener ese foso, debido a que solo se ha hallado el muro de tapial que lo delimitaba por su parte interior, así como parte del relleno con el que se colmató tras su abandono. El muro de cierre del foso al exterior debió se destruido en el momento en que se realizaron aterrazamientos para la construcción de casas. Probablemente, estiman los arqueólogos, ese muro de cierre del foso se encuentre conservado en algún punto bajo la actual calle Cava.
Varios lorquinos que vivieron en dicha calle y sus inmediaciones comentaron hace años la existencia de pasadizos subterráneos que iban en dirección a la muralla. El único de esos túneles que se ha podido visitar se encuentra en la calle Marsilla. Se trata de un estrecho corredor subterráneo con orientación norte-sur que parece prolongarse hacia la calle Cava. Probablemente estas galerías bajo tierra permitían la salida de la ciudad a través de alguna poterna que daba al foso.
La parte trasera de las edificaciones de la acera de los impares se apoyan, en mayor o menor medida, en esa muralla medieval que ha quedado al descubierto cada vez que se ha producido la demolición de alguna de esas viviendas.
La escritora lorquina Maruja Sastre, en un libro sobre el entorno de la calle Álamo, dedica un capítulo a la Cava, y recoge algunas curiosidades como el que los propios vecinos la dividían en dos partes: la Gloria, que correspondía desde el arco hasta lo que era la Comisaría de Policía, en la esquina con la calle Mata, y el Infierno, desde ese punto hasta el Porche de San Antonio. «En la gloria vivían gentes serias y pacíficas y en el Infierno las más animadas y bullangueras».